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Jueves, 16 de Agosto 2018
Ideas |

Canibalismo político

Por: Guillermo Dellamary

Canibalismo político

Canibalismo político

Una extraña manera de hacer política, basada en tratar de destruir la imagen y la personalidad de los contrincantes. Una especie de antropofagia, un sistema cruel que busca sacar todos los trapitos al Sol de los enemigos políticos del momento.

Maledicencia, palabra que significa hablar mal de los demás. Un estilo malvado de tratar los temas de otras personas, especialmente cuando no están presentes y dando la cara.

Desde luego que un fundamento de la política es el debate, la argumentación, la capacidad de diagnosticar la realidad social, y proponer soluciones para mejorar la calidad de vida de la comunidad. Pero eso no lo estamos viendo, predomina la tendencia a descalificar y cuestionar a la persona y su desempeño, más que a sus propuestas e ideario político.

Una posible explicación de este fenómeno, es la disfunción y patología que actualmente padecen los políticos con aires de empresarios, que abundan en nuestra sociedad.

La corrupción de un sistema de Gobierno que ha encumbrado los intereses personales y de grupos selectos de compadres y amigos, los han llevado a pensar en cómo enriquecerse con el poder, en vez de cómo beneficiar al pueblo con sus talentos.

La neurosis que padecen muchos políticos, si es que merecen ese noble título, los convierte en personas con una ansiedad permanente, con claras manifestaciones de narcisismo, petulancia y engreimiento. Padecen de una crónica codicia por el poder y de todo lo que de ella emana (especialmente el apego al dinero), para lograr otros fines que no son precisamente el ocuparse de la justicia y el bienestar de la Nación.

La competencia personal con los adversarios, estimula el orgullo y la determinación obsesiva por ganar, a como dé lugar, con tal de preservar la falsa dignidad que portan con soberbia.

Afortunadamente no todos los políticos están infestados por esa peste que azota a nuestros gobernantes y muchos candidatos. Pero con los que sí la padecen, es más que suficiente para hartarnos de su necedad de debatir estupideces personales y atacar y defender el ego, en vez de dedicar su habilidad y retórica a hacer lucir sus propuestas para el bienestar de todos.

Somos los ciudadanos los que tenemos el deber moral de denunciar las fechorías y el malestar colectivo que inundan las campañas plagadas de irrespetuosas y denigrantes actitudes.

Es un hecho que no queremos antropofagia y canibalismo, queremos que los políticos nos muestren su sabiduría y carisma, no sus vilezas y vicios, con tal de ganar votos destruyendo al opositor con plegarias de maledicencia, calumnias y falsos.

Me quedo con la idea de Sócrates en la República, el poder es para los mejores hombres. Y sólo ellos deben aspirar al Gobierno.
 

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