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Viernes, 25 de Mayo 2018

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Bravo por las banquetas libres: pero ocupamos más

Por: Juan Palomar

Bravo por las banquetas libres: pero ocupamos más

Bravo por las banquetas libres: pero ocupamos más

Liberar las banquetas en beneficio de los peatones ha sido una de las mejores medidas que han adoptado los Ayuntamientos metropolitanos. Pocas cosas afectan más a la vida de toda la comunidad, y especialmente a los segmentos más vulnerables de la población. El efecto de esta buena práctica política es evidente. Pero falta más.

Para lograr lo anterior es necesario vencer numerosas inercias históricas. Las invasiones a las banquetas fueron toleradas por décadas por las instancias oficiales. Coches trepados en las aceras por todos lados, puestos callejeros, desperfectos varios, mobiliario urbano mal puesto, etcétera. Pero sobre todo los coches. Vencer esa noción de que poseer un coche es igual a poseer la ciudad es difícil, pero esencial.

Debemos aspirar ya al estado que guardan las banquetas en los países civilizados: allí es impensable que alguien atente contra las banquetas. No hay ninguna tolerancia. A quien sea sorprendido invadiéndolas se le confisca bajo muy fuerte multa el vehículo y se le aplican sanciones acumulables en su licencia de conductor. Punto. En cambio, aquí las motocicletas se estacionan donde les da la gana. Lo mismo sigue pasando con muchos carritos ambulantes.

Ocupamos banquetas libres: en el sentido estricto del verbo: las utilizamos física y convenientemente. Y en el sentido tapatío, que es popular y legítimo, aunque tanto moleste a los “puristas” de la lengua: las necesitamos, las requerimos.

Las campañas como la de “banquetas libres” son eminentemente políticas: van a la raíz de la vida comunitaria, llegan a todos. Transmiten un sentimiento de obligación con la comunidad, de solidaridad con causas positivas. Lo mismo debería seguir pasando con las campañas para que la gente no tire basura en la calle, para que no deje sus bolsas de desperdicios acumuladas en cualquier parte.

Una banqueta libre es también, de manera muy relevante, la que está en buen estado. No simplemente ausente de obstrucciones móviles, sino carente de desperfectos: roturas, brincos, falta de pavimentos adecuados, falta de arbolado idóneo. Esto es algo más profundo pero igualmente importante. Para ello, los ayuntamientos debieran organizar un esquema apropiado para propiciar y obligar a los vecinos a reparar adecuadamente sus banquetas y tenerlas en el estado que marcan los reglamentos. Un programa en la autoridad aporte la mano de obra y el vecino los materiales, por ejemplo. Pero un programa con energía, seguimiento, sanciones a los incumplidos.

El mensaje que mandan a la ciudadanía las buenas banquetas es inapreciable. Mucho más de lo que suponen los políticos. Ocupamos con urgencia que se reparen una muy alta proporción de banquetas dañadas e intransitables. Ocupamos muchas más banquetas libres, y además banquetas en excelente estado.

jpalomar@informador.com.mx

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