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Sábado, 20 de Abril 2019

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Ay, si Juárez viviera, AMLO…

Por: Diego Petersen

Ay, si Juárez viviera, AMLO…

Ay, si Juárez viviera, AMLO…

“Yo no vería mal que las iglesias tuvieran medios de comunicación”, fue el escalofrío de ayer en la mañanera de López Obrador. El problema no es que no lo vea mal, pues como él dice, es una opinión muy respetable, sino que es la segunda vuelta -el jueves pasado fue la primera- para aflojar una tuerca que, con todo respeto, sí pone en riesgo el Estado laico, una institución fundamental en nuestro país. Por si el argumento no fuera suficiente hay que entender que una decisión así abre un “mercado de salvación” que nada tiene que ver con la pluralidad religiosa sino negocios, de eso que Renée de la Torre -siguiendo el concepto de videocracia de Regis Debray- definió como videogracia: la mercantilización de bienes y servicios de salvación acompañados de la puesta en circulación de objetos sacros reconvertidos en mercancías.

El espectro radiofónico es propiedad del Estado y desde ese punto de vista es absolutamente inviable que las iglesias puedan acceder a canales permisionados, esos que el Estado cede sin costo, pero también sin posibilidad de comercialización, a universidades, gobiernos estatales o comunidades. Hoy en día las iglesias, en ejercicio de su libertad de creencia y expresión, ya tienen acceso a radio y televisión comprando horas o incluso canales completos de cable: en la televisión abierta hay 11 horas diarias de programas de la Iglesia Universal del Reino de Dios (mejor conocida como “Pare de sufrir”) y en cable hay varios canales religiosos, el más conocido de ellos es sin duda María Visión. Cada iglesia se hace cargo y encuentra maneras distintas de gestionar, producir el contenido y pagar el tiempo.

Hoy en día las iglesias, en ejercicio de su libertad de creencia y expresión, ya tienen acceso a radio y televisión comprando horas o incluso canales completos de cable

Darles a las iglesias frecuencias de radio y televisión permisionadas, amén de los criterios para decidir a cuál sí y a cuál no (hay siete mil denominaciones inscritas en Gobernación) tiene otro problema de carácter económico. Dejando de lado la fe y el derecho inalienable de cada persona a creer en el dios o el no-dios que quiera y la obligación del Estado de velar por ese derecho (de ahí la importancia de que éste sea radicalmente laico) la oferta de salvación es un mercado como cualquier otro y cuando pasa por los medios adquiere características de show business.

Mientras países como Angola, por citar un ejemplo reciente, están reglamentando a las iglesias para impedir que se conviertan en depredadoras de pobres a través de la manipulación mediática, en México, el segundo Estado más laico del mudo, solo después de Francia (al menos en la letra), pretende dar un paso atrás solo para cumplir con un extraño compromiso del Presidente con algunas iglesias evangélicas. Por cierto, y solo para saber qué opina el pueblo, 67.9% de los mexicanos no está de acuerdo con que las iglesias sean propietarias de medios de comunicación de acuerdo con la encuesta nacional sobre creencias y prácticas religiosas realizada en 2016 por la Red de Investigadores del Fenómeno religioso en México (Rifrem) y Demoscópica.

Ay, si Juárez viviera, AMLO… una revolcada sí te pusiera.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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