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Jueves, 23 de Noviembre 2017

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El pasado jueves la casa de subastas Sotheby’s en Nueva York subastó el Ferrari que llevó a la victoria a Michael Schumacher en Mónaco durante la temporada 2001.

No es la primera ocasión en que un auto de la Fórmula Uno es ofrecido a la venta al mejor postor, pero sí es la primera vez que la suma por el monoplaza supera los siete millones de dólares.

Aunque no es una pieza de arte convencional, me parece atinada la postura de Sotheby’s de proponer el auto como tal; para crear un monoplaza de la máxima categoría se necesitan cientos de horas y el talento de los mejores ingenieros para desarrollar un auto no sólo capaz de sostener la enorme presión que genera la competencia en la máxima categoría, sino en algo absolutamente precioso.

Creo que todos los que trabajan en la creación de estas obras maestras obtienen muy poco del crédito que merecen con el resultado de la subasta, aunque los elogios y aplausos se los lleven los pilotos, me parece que este reconocimiento a los ingenieros y artistas se necesitaba.

En el contexto, el alto precio del auto tiene mucho que ver con su historia. Este monoplaza forma parte de la época donde Schumacher y Ferrari dominaron el máximo circuito, y considerando la década en la compitió, uno de los más bellos de la parrilla.

El poseer una parte importante de la historia de la carrera más exitosa de un piloto en la Fórmula Uno debe de ser razón suficiente para los que pueden costearlo, y no me extrañaría si en el futuro cercano más históricos autos o memorabilia vuelven a acaparar la atención de los medios.

Aunque Lewis Hamilton y Sebastian Vettel amenazan con alcanzar al siete veces campeón del mundo, el camino todavía es largo para lograrlo, y hasta que eso no suceda, y aun si lo superan, esta subasta demostró que en el deporte motor existe arte e historia.

Preguntas y comentarios @desdepista

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