Jueves, 23 de Octubre 2025

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Aislamiento social: quietos y en primera

Por: Diego Petersen

Aislamiento social: quietos y en primera

Aislamiento social: quietos y en primera

Se oye horrible. Para muchos aislamiento social es parecido a una cárcel, con el agravante de que estás encerrado, pero con tu esposo (a) e hijos. Para muchos pareciera, pues, el peor de los castigos imaginados. Y si además resultas sospechoso de estar enfermo porque visitaste alguno de los puntos de contagio, o aún peor por toser, tener temperatura o haber sido parte de una posible cadena de contagio, entonces pasaremos del aislamiento social a la cuarentena que en realidad es catorcena, pero encerrados parecerá literalmente más largo que la cuaresma.

Nadie puede saber a ciencia cierta cómo serán nuestros próximos días. Podemos adivinar por lo que ha pasado en otros países y en otras ciudades que, si llegamos a la fase tres, lo cual es bastante probable, viviremos un eterno viernes santo, pero no de los de ahora en un balneario o de viaje, uno de aquellos de los que narra Agustín Yáñez en las primeras décadas del siglo pasado en que no se movía ni un alma, todo estaba cerrado y flotaba en el ambiente una sensación de pecado y castigo merecido.

El aislamiento social recomendado por la Secretaría de Salud tiene que ver fundamentalmente con evitar el contacto humano, en convertirnos en un factor de protección de quienes nos rodean y no en un riesgo. Por cada uno que hagamos bien la chamba el riesgo de contagio disminuye sustancialmente; por cada uno que actuemos irresponsablemente el riesgo crece exponencialmente.

Por cada uno que hagamos bien la chamba el riesgo de contagio disminuye sustancialmente

El presidente es un factor de riesgo tan importante como cualquiera. Quizá un poco más porque a la mayoría de nosotros no nos da por andar organizando mítines, apapachando ni mordiendo cachetes y por supuesto tampoco tenemos la responsabilidad de jefes de Estado. Independientemente de que la fuerza de López Obrador “no sea de contagio sino moral” (lo que sea que eso signifique), el ejemplo del presidente es clave cuando se trata de mandar el mensaje de qué sí y qué no debemos hacer. Al país no le va a pasar nada si durante dos, tres o las semanas que sean necesarias el presidente no sale de gira. Si, usando sus propias metáforas beisboleras, se queda quieto y en primera, hasta que le den la señal de que puede salir de la base, a México ni a él le va a pasar nada, solo corre el riego de aburrirse, como el resto de los mexicanos.

No hay nada más complicado que cambiar los hábitos de una sociedad. Por lo mismo el gobierno debe ser el primero en poner el ejemplo y mandar las señales correctas en el terreno de juego. Las contradicciones, por tontas que sean, pueden costarnos muy caro cuando se trata de que todos los individuos de la sociedad respondamos a unas instrucciones, como el aislamiento social, que por definición son poco claras.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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