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Miércoles, 19 de Diciembre 2018

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Sensación de enigma

Por: José Luis Cuellar de Dios

Sensación de enigma

Sensación de enigma

Ambos, padre y madre llevaban tiempo pensándolo, planeándolo, discutiéndolo, pasaban los dias y mas se convencían de que era la mejor solución, vaya, la única, habia que resolver la situación de su hijo Rafi, como cariñosamente le decían, aquel chico que desde los 4 años habia sido diagnosticado como autista ya convertido en un joven de 32 años, alto robusto y particularmente fuerte físicamente hablando.

Carmen, su madre a sus 72 años seguía trabajando como empleada domestica en una casa familiar de personas con recursos económicos y de buenos principios, después de 28 años consideraban a Carmen como parte de la familia. Javier, su marido, con 75 años a cuestas, trabajo desde recién casados como chofer de un camión urbano de pasajeros, intento en cierto momento hacerse de un taxi con todo y permiso meta que finalmente no alcanzo. Como no hay mal que por bien no venga -ni bien que su mal no tenga, diría el escéptico- se contrato como chofer de un exitoso empresario que lo recompensaba con un buen salario a cambio de estar disponible las 24 horas del día, tenia su espacio en la área de servicio de la mansión y salía los sábados por la tarde, ocasionalmente cubría alguna actividad el fin de semana.

Rafi, el hijo con autismo se la paso de centro en centro de rehabilitación, de los ingresos salariales de sus padres consumía casi el 50% en medicamentos, terapias y otros imprevistos que de imprevistos no tenían nada. El frecuente  cambio de centros de rehabilitación se debía a que Rafi, amen de su condición de autismo, manifestaba con relativa frecuencia crisis de agresividad, lo mismo en el hogar que en las escuelas especiales, debido a su fortaleza física tenían que someterlo entre varios y prácticamente inmovilizarlo. No eran pocas las ocasiones que agredía incluso a sus padres quienes con el paso del tiempo se hacían más y más vulnerables.

De que se estará vengando la vida con nosotros se pregunto la pareja cuando diagnosticaron a Javier con un trastorno visual que lentamente lo estaba dejando prácticamente ciego, la solución era una cirugía de alto riesgo y mayor costo, lo programaron en el IMSS, sin darle fecha. Mientras tanto y como unico ingreso, Carmen siguió trabajando, huelga decir que la economía del hogar se desbarranco. La situación de aquel hogar se volvió dramática, por un lado,  Javier a fin de poder cuidar a su hijo decidió inmovilizarlo, vivía con el alma herida al mirar a su hijo “encadenado”, por su lado a Rafi se le habían endurecido las facciones de su rostro, como si le hubieran envenenado el alma, los gritos que se escuchaban hasta el fin del mundo cuando las crisis convocaba a los vecinos, Javier les agradecía la solidaridad, incluso uno de ellos tramito y logro que aceptaran temporalmente a Rafi en una institución de gobierno, lo cuidaban de lunes a viernes, sábados y domingos el hogar aquel volvía a tomar un paisaje entre la locura y la santidad.

Fue a partir de esta ayuda que Carmen y Javier tomaron la dolorosa decisión, un viernes por la tarde, el empleado encargado de llevar a Rafi a su casa encontró el inmueble vacío, ni rastros de que ahí viviera alguien, desesperado  el empleado pregunto a los vecinos, solo una señora casi vecina, le comento al empleado que en plena madrugada habia llegado un camión de mudanzas. Regreso al centro de rehabilitación con Rafi a bordo. Esto sucedió hace un par de semanas, aun no encuentran ni rastro de los padres de Rafi a quien siguen cuidando. El amable lector juzgara a la pareja, solo me permito recordar a Claudio Magris: “el dolor mas intenso no es la infelicidad, sino la incapacidad de tender a la felicidad”.
 

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