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Jueves, 17 de Octubre 2019
Ideas |

* Eternas promesas

Por: Jaime García Elías

* Eternas promesas

* Eternas promesas

Futbolistas mexicanos a los que se vieron condiciones extraordinarias en sus inicios -como Javier Eduardo López (por mal nombre “La Chofis”), de quien ahora se habla para ilustrar el fenómeno- y al final del cuento se quedaron lejos de llegar a donde se vislumbraba, ha habido cientos. Han surgido en todos los equipos. Algunos, bien que mal, hicieron carrera en el deporte. Muchos otros se apagaron conforme aparecieron. Los que se ganaron, a pulso, un lugar en la historia, pueden contarse con los dedos de una mano… y sobran dedos: Hugo Sánchez y Rafael Márquez.

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El caso es que Luis Fernando Tena -su actual valedor en cuanto técnico del Guadalajara- recicla, con mínimas variantes, las lisonjas que sus antecesores (Matías Almeyda, José Saturnino Cardozo y Luis Fernando Tena) dedicaron a Javier: básicamente, que “tiene mucha calidad”, que “ahora sólo falta encontrarle la posición ideal”, y “rodearlo de elementos afines, buscando una compatibilidad futbolística” para que pueda manifestar, a plenitud, esa calidad.

Bien. Javier ya no es un jovencito. Tiene 25 años (cumplidos el mes pasado), y desde su debut con las “Chivas” (en febrero de 2013) han transcurrido seis años. De la calidad que se le encomia -entendida como habilidad en el manejo de la pelota, técnica y visión para intuir los trazos y movimientos adecuados para desequilibrar al adversario y generar situaciones propicias para su equipo-, ha habido chispazos; destellos; apenas atisbos, pues.

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¿Existe una fórmula, de eficacia probada, que permita dar con firmeza el siguiente paso…? No. Seguramente muchos futbolistas -por no hablar de los talentos que desarrollaron a plenitud sus habilidades, no sólo en el deporte sino también en la ciencia o en el arte- lo hicieron así porque encontraron el entorno propicio y los mentores adecuados… pero también porque tenían, ellos mismos, la mentalidad y la disposición necesarias para dar esos pasos.

En el caso de Javier, más allá de los afanes de los entrenadores que tiene o ha tenido, el gran reto consiste en que su desarrollo futbolístico armonice con su proceso de maduración como persona. En lo primero pueden influir sus mentores.

Lo otro depende de él mismo.

Lo cierto es que sería una pena que su nombre se agregara a la extensa lista de las eternas promesas… por no hablar -valga la analogía- de los que se pudren en el árbol sin llegar a madurarse.

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