Martes, 07 de Abril 2020
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* Deserciones

Por: Jaime García Elías

* Deserciones

* Deserciones

No es tema “para Ripley”. El autor de la añeja sección periodística (y sus variantes postmodernas) no ha documentado, que se sepa, ningún caso de un aficionado a cualquier deporte, que a raíz de un desencanto como el que acaban de sufrir los seguidores del Guadalajara, decida cambiar de bandera…

Las personas pueden cambiar de cónyuge -casi todas las legislaciones del mundo admiten el divorcio-, de simpatías en materia política -hay quienes no tienen empacho en hacerlo cada vez que hay elecciones- o de religión. Y es probable que los casos de quienes abjuran de su predilección por un equipo sean más escasos. Pero-como dijo el pariente que aseguraba que él no creía en las brujas- “de que los hay, los hay”.

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En el caso del Guadalajara, concretamente, a cambio de que la compra-venta de la franquicia así como los títulos conquistados en la fase luminosa de la “era” de Matías Almeyda como técnico -que también tuvo su fase opaca, recuérdese- seguramente le ganó muchos nuevos simpatizantes, fue notorio que muchos de sus antiguos “fans”, aun sin cambiar de banderas, acusaron un enfriamiento en su devoción por el equipo…

En algunos casos, por afinidad con los antiguos accionistas renuentes a la venta del equipo. En otros, por simple antipatía a los nuevos dirigentes o por un rechazo abierto a muchas de sus formas. En algunos más, como los que ahora mismo circulan en las redes sociales, por la frustración de que dirigentes, jugadores y simpatizantes de un equipo al que se exigen victorias y títulos como en sus años de bonanza, estén sentenciados a ver por televisión el desarrollo del verdadero campeonato, como simples espectadores y no como protagonistas, al acumular cinco torneos consecutivos sin clasificar a la “Liguilla”.

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“Así es esto del abarrote” -diría el paisano-, después de todo. Los aficionados, en las tribunas, a veces, se voltean contra su propio equipo. Lo hacen, sobre todo, cuando estiman que sus jugadores regatean el esfuerzo.

En el caso, lo más probable es que la derrota del miércoles ante Tijuana, dolorosa y todo, eximió de culpa tanto al técnico -Luis Fernando Tena-como a los jugadores. Por lucha, esa noche, no quedó. Faltó suerte, quizá… pero faltó, principalmente, el ingrediente que más escasea en el plantel (se señala el pecado, se omiten los nombres de los pecadores) desde hace rato: ca-li-dad.

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