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Viernes, 20 de Abril 2018

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* ¿Atraco arbitral...?

Por: Jaime García Elías

* ¿Atraco arbitral...?

* ¿Atraco arbitral...?

Una añeja leyenda urbana sostiene que los triunfos y aun los títulos del América han sido, con bastante frecuencia, dádivas de los árbitros; o, más exactamente, imposiciones de quienes supuestamente disponen, desde la mesa, los resultados a la medida de su conveniencia, y que los silbantes —lobos con piel de oveja, asaltantes de camino real disfrazados de jueces insobornables— acomodan, mediante sus decisiones, al gusto del patrón.

Las estadísticas ya se han encargado de desmentir esa hipótesis, al documentar los casos en que las decisiones erráticas —que no necesariamente dolosas— de los árbitros, especialmente en partidos trascendentales (como los de la Liguilla que actualmente se disputa), han sido, vía de regla, más adversas que favorables al equipo capitalino.

El penalti que sentenció la derrota del miércoles ante los Tigres, por ejemplo…

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Ni la crítica ni los propios americanistas se colgaron de la decisión del silbante Óscar Macías para proclamar a los cuatro vientos que habían sido víctimas de un asalto en despoblado. En la barrida de Valdez sobre Valencia, en efecto, hubo mano en el área por parte del zaguero del América. Empero, así como en el más reciente partido del Barcelona en la Liga española, ante el Valencia,  la pelota entró al marco al malabarear el arquero un disparo de Messi, pero no fue gol porque el silbante no advirtió que la pelota había cruzado claramente la línea de meta, Macías, acá, decidió sancionar con la pena máxima lo que las varias repeticiones del lance demostraron que había sido un accidente.

Juninho, hombre de futbol, no pasó la decisión arbitral por la aduana de la conciencia. En el entendido de que el “Juega Limpio” protocolario previo a los partidos no pasa de ser una fórmula literaria, decidió que así como los rivales de los Tigres no entregan el balón al portero cuando han sido favorecidos con penaltis injustos, tampoco él tenía por qué enderezar lo que Óscar Macías torció.

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Por lo demás, si Gignac, Vargas, Valencia, Aquino y compañía habían malogrado las oportunidades que tuvieron para traducir al marcador la superioridad que los Tigres ejercieron en el partido, Juninho pudo ver, en la dádiva arbitral —errática, quizá… pero no dolosa, subrayémoslo—, la mano de Dios (diría Maradona) que les facilitaba alcanzar una victoria justa… aunque, desde la perspectiva de los puristas, “sucia”.

Moraleja del cuento: “Donde las dan, las toman…”.

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