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Domingo, 17 de Diciembre 2017

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- ¡Ya era hora…!

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- ¡Ya era hora…!

“Jugar con el número de emergencia (911) no es una travesura: puede ser un crimen, porque es jugar con la vida de otros”.

La frase es de la diputada local Rocío Corona Nakamura, y surgió en el contexto de la iniciativa que actualmente se cocina en el Congreso de Jalisco para sancionar con cárcel (de tres meses a tres años) y multas (de cerca de cuatro mil a más de 75 mil pesos) a quienes de manera indebida o irresponsable, aunque pretendidamente graciosa, hagan llamadas falsas a ese número.

-II-

El servicio de emergencia tiene sus imperfecciones, es cierto. Son justas las quejas ciudadanas: “Llama uno, y no contestan…”; “Los operadores hacen tantas preguntas y uno está tan nervioso cuando solicita una ambulancia o una patrulla, que cuando acaban de preguntar ya es demasiado tarde…”; “La patrulla llegó… media hora después de que se llamó para pedirla…”.

Es probable, también, que sea justificada la reticencia de los operadores para dar celeridad al servicio solicitado. De ser cierto que 85% de las llamadas que se reciben son falsas (“de broma”, según el peculiar sentido del humor de sus autores), y que cada hora se reciben 344 llamadas falsas (casi cinco por minuto), es comprensible que se intente reducir el riesgo de que la misma no corresponda a una real emergencia. Movilizar una ambulancia, una patrulla o un carro de bomberos para hacer reír a un ocioso (o un impertinente, o un irresponsable, o un estúpido: decida usted, lector amable, cuál es el calificativo a la medida), entraña el riesgo de que esa ambulancia o esa patrulla o ese carro de bomberos no estén disponibles para atender llamadas de auxilio auténticas, de las que pueden depender la seguridad y aun la vida de otras personas.

-III-

Desde que se creó el Centro Integral de Comunicaciones, para atender las llamadas de emergencia al 066 o al 911 y se dio el dato de que la mayoría de las llamadas recibidas eran “de broma”, se apuntó la pertinencia de buscar mecanismos que permitieran detectar el origen de las mismas –se supone que hay una Policía Cibernética– y sancionar severamente a los “graciosos”.

En otros estados (San Luis Potosí, Quintana Roo, Coahuila y Veracruz) ya es un delito lo que aquí aún es una gracejada estúpida, que probablemente haya costado algunas vidas… A paso de tortuga, pues, pero el Congreso de Jalisco ya está haciendo su chamba.

Temas

  • Congreso local

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