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Martes, 17 de Julio 2018

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- ¿Quién da más…?

Por: Jaime García Elías

- ¿Quién da más…?

- ¿Quién da más…?

Dos de los precandidatos a la Presidencia de la República para las elecciones del año próximo, ya dieron color: uno de los principales argumentos que esgrimirán para ganarse las simpatías del electorado será una versión corregida y aumentada del tradicional acarreo. Éste consistía en atraer asistentes a los mítines cotidianos del período de campañas, o votantes a las urnas en plena jornada electoral, ofreciendo a los asistentes una torta y una dádiva –en especie o en dinero– adicional. La innovación, por la que ya se han pronunciado tanto Andrés Manuel López Obrador como Ricardo Anaya, consiste en ofrecer a todos los mexicanos en situación de pobreza o de simple precariedad –adultos mayores, desempleados, madres solteras, estudiantes…–, cierta cantidad de dinero. Dinero, se subraya, que supuestamente saldría de los ahorros que, “si el voto popular les favorece”, haría el Gobierno reduciendo de un plumazo los salarios de los dizque “servidores públicos” y erradicando de golpe y porrazo el cáncer que corroe a México “desde endenantes” (que diría el ranchero): la corrupción.

-II-

Cualquiera diría que la medida es sensata: “Si el Gobierno tiene dinero y el dinero sale de los impuestos que paga el pueblo –sería la lógica–, nada más justo que repartirlo entre los sectores del pueblo que más lo necesitan”.

La principal objeción estriba en que la justicia distributiva no consiste en dar dinero al necesitado, sino en destinar a servicios públicos –educación, salud y seguridad, principalmente–, mediante un ejercicio criterioso y honrado, el dinero que el Gobierno recauda, y en propiciar las condiciones que favorezcan las inversiones de particulares en fuentes de trabajo que permitan al ciudadano común ganarse honestamente la subsistencia mediante su propio esfuerzo.

-III-

Dádivas como las que proponen como parte de su programa de Gobierno dos de los personajes entre los que deberá elegirse al próximo Presidente de la República –de quien siempre se espera que acabe de un plumazo con las carencias ancestrales de los mexicanos–, remiten al antiguo proverbio: “Dale un pescado a un hombre, y le quitarás el hambre un día; enséñalo a pescar, y le quitarás el hambre por el resto de su vida. O a la respuesta –de impecable dialéctica– del arzobispo Norberto Rivera Carrera a la pregunta de si dar limosna sería la fórmula más cristiana para acabar con la pobreza: “Dar caridad a los mendigos –que a eso equivalen los programas anticipados por los candidatos referidos– sólo produce más mendicidad”.

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