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Sábado, 18 de Agosto 2018

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- Problemón recurrente

Por: Jaime García Elías

- Problemón recurrente

- Problemón recurrente

Cuando “el cambio” llegó al Gobierno de Jalisco, a finales de 1994, una de las apuestas más espectaculares de la primera administración de filiación panista en el Estado se enfocó a tratar de resolver, “por los próximos 25 años”, el suministro de agua para la Zona Metropolitana de Guadalajara. La gran apuesta, para el efecto, fue la proyectada Presa de Arcediano, en la que se invirtieron (es un decir, porque invertir, aplicado a bienes de capital, significa “emplearlos, gastarlos o colocarlos en aplicaciones productivas”, lo que aquí no sucedió) varios millones de pesos en estudios de factibilidad, adquisición de propiedades particulares, adecuación de vialidades… y hasta el capricho de remover, piedra por piedra, con tal de preservarlo aunque no tuviera ya ninguna utilidad práctica, el puente colgante construido en 1894 en el fondo de la barranca, y considerado “patrimonio arquitectónico” por haber sido el primero de su tipo en México.

-II-

Si el “proyecto sexenal por excelencia” de aquella administración se hubiera realizado, quizá para estas fechas —24 años después— la fallida presa ya sería insuficiente para aportar los caudales que demanda la creciente población de la mancha urbana, que se sigue desparramando a un ritmo incontrolable y ahora se orienta, además, hacia el crecimiento vertical. Tendrían que acelerarse, pues, nuevos proyectos, como el de la polémica Presa de El Zapotillo, a la que no se ve el fin y de la que aún está por verse en qué medida beneficiará a la Zona Metropolitana de Guadalajara, en qué medida a la de León… y en qué medida perjudicará tanto a la precaria agricultura (“Las Tierras Flacas” en que Agustín Yáñez retrató “los pueblos de atmosfera enrarecida y los ranchos que, de tan pequeños, carecen casi por completo de horizonte humano”) como a la pujante avicultura de la zona de Los Altos… y, de paso, a los habitantes de los pueblos que, para hacerla posible, serán borrados del mapa.

-III-

En lo que crece el inventario de tragedias, barbaridades y erogaciones millonarias —estériles tantas de ellas—, en nombre de los supuestos afanes por resolver uno de los graves, crecientes problemas de Guadalajara, el buen Dios, hasta donde alcanza a percibirse, aún no ilumina las entendederas de quienes cobran por gobernar como si supieran, para entender que parte de la solución nos cae del cielo (literalmente) y está en lo que hasta ahora sigue siendo —¡oh, paradoja!— otro problemón recurrente de la mancha urbana: las lluvias.
 

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