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Martes, 17 de Julio 2018

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- Impunidad

Por: Jaime García Elías

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Lo platicaba como chascarrillo: –Mi jefe —reportaba un policía de línea a su comandante—, con la novedad de que ya tenemos al asesino de Juan Lanas (por decir un nombre cualquiera).

–¡Pero si Juan Lanas está vivo…! –replicaba el comandante.

–¡Ah, pues para cuando lo maten…!

-II-

El chistorete viene a cuento por una de las explicaciones oficiales (antes les decían “pretextos”… y la sabiduría popular sostenía que “desde que se inventaron los pretextos, se acabaron los tarugos”) al fenómeno de la impunidad, que en nuestro medio es la regla con respecto a la mayoría de los delitos, y muy señaladamente con respecto a los homicidios dolosos…

Antes de que comenzara a aplicarse el nuevo Sistema de Justicia Acusatorio –inventado para hacer “más” expedita y “más” eficiente la administración de la justicia—, según indicaba (EL INFORMADOR, IV-15-18, p. 1-A) el director de la Unidad de Investigación de Delitos Dolosos de la Fiscalía General de Jalisco, Gonzalo Huitrón Reynoso, tanto el Ministerio Público como la Policía Investigadora  (“if any”, diría Don Daniel Cosío Villegas) tenían “una facultad más amplia” para operar. Si uno u otra tenía indicios de quién era “el probable responsable” de un delito, la ley les permitía “entrevistarlo” y aquéllos “podían obtener una confesión”.

Los métodos de tales “entrevistas” forman parte del museo de los horrores del combate a la criminalidad en México. Era fama que el carácter “científico” de los dizque investigadores, en este bendito país, consistía en no dejar huella visible de las atrocidades que les permitían obtener “confesiones” como la del chascarrillo de las primeras líneas. Cuando las comisiones (nacional o estatales) de los Derechos Humanos comenzaron a admitir denuncias de supuestos confesos por las torturas que sistemáticamente se les aplicaban, los legisladores quitaron a la confesional el rango de prueba plena; los investigadores, a su vez, aducían que los mismos delincuentes se ocasionaban lesiones para imputárselas a aquéllos y sembrar la duda sobre la espontaneidad y la veracidad de la confesión.

-III-

En lo que son peras o son manzanas, el dato duro está a la vista. Según la misma nota, “en 2017 se documentaron mil 369 carpetas (antes las llamaban actas) de investigación”, de las cuales sólo 112 (8%) derivaron en la detención de presuntos culpables. La estadística omite el número de sentenciados –omisión comprensible, porque un proceso por el delito de homicidio es prolongado—… pero tampoco puntualiza los datos correspondientes a años anteriores.

En todo caso, aplica lo que un antiguo policía judicial apuntaba:

–Si la mayoría de los delitos se castigaran, habría que construir cárceles de 40 pisos… y no habría presupuesto para mantenerlas.

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