Lunes, 19 de Abril 2021

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- “Con amigos así...”

Por: Jaime García Elías

- “Con amigos así...”

- “Con amigos así...”

De indignación y perplejidad han sido, hasta donde puede apreciarse, la mayoría de las reacciones de la opinión pública a raíz de los sucesos de hace dos semanas en Culiacán…

De indignación, porque reconocer -como han hecho todos los responsables del Gabinete de Seguridad y el propio Presidente de la República- que hubo improvisación y torpeza en la planificación del operativo supuestamente orientado a detener a Ovidio Guzmán López para fines de extradición a los Estados Unidos, donde su padre recientemente fue sentenciado a cadena perpetua, explica por qué las cosas sucedieron como consta en actas, pero no exime de culpa a los responsables. Y de perplejidad, porque el precedente que ahí se sentó, de que los delincuentes, en cuanto se lo propongan, pueden poner de rodillas a la autoridad, porque tienen recursos humanos y armamento para ello, más las declaraciones presidenciales en el sentido de que “ya no hay guerra” contra la delincuencia organizada en ninguna de sus modalidades y de que no se hará uso de la fuerza contra el mayor enemigo de la sociedad porque “la violencia no es el recurso adecuado para ello”, deja al ciudadano común la sensación de estar inerme, indefenso y desprotegido ante todas las amenazas que lo rodean.

-II-

En tanto, la secuela, ayer, del informe pormenorizado que los secretarios de Seguridad Pública y de la Defensa Nacional rindieron la víspera sobre los episodios de referencia, incorporó otro elemento inquietante: la revelación, por parte del Secretario de la Defensa, a petición expresa del Presidente, del nombre del responsable del fallido operativo de hace dos semanas, constituye una bajeza por partida doble: primero, porque se supone que la lealtad y la disciplina características del Ejército no sólo compromete a la tropa con sus superiores, sino a los altos mandos de las fuerzas armadas con sus subalternos y camaradas; y después, porque la delación, a todas luces, compromete la seguridad del elemento señalado y de sus familiares.

Que la más alta autoridad de la nación imponga como ley suprema que no haya represión ni se haga uso de la fuerza para combatir a los delincuentes (“abrazos, no balazos”, para citar textualmente la consigna) no significa ni mucho menos garantiza que los delincuentes hayan tomado la decisión de imitar el buen ejemplo y que vayan a suscribirse mansamente a la misma amorosa máxima.

-III-

Moraleja del cuento: Dirá el susodicho -y dirá bien…- que con amigos así, para qué quiere enemigos.

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