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Sábado, 25 de Noviembre 2017

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- “Bullying”

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“A falta de pan, semitas”, reza el adagio…

A falta de noticias más sustanciosas, analistas serios, politólogos, similares, conexos y derivados han dedicado bastantes circunvoluciones de sus neuronas a una frase que soltó en días pasados al Presidente Peña Nieto, al participar en un foro a favor de la seguridad, en el Alcázar del Castillo de Chapultepec: la queja de que “Lamentablemente, a veces se escuchan más las voces que vienen de la propia sociedad civil, que condenan, que critican y que hacen ‘bullying’ al trabajo que hacen las instituciones del Estado Mexicano”.

-II-

Las primeras reacciones tuvieron un común denominador: la recriminación; el reproche de que, en todo caso, el pueblo –el ciudadano común, pues– ha sido, sistemáticamente, víctima de la voracidad, el abuso, la incompetencia y la proclividad a la corrupción de quienes ejercen la autoridad pensando más en beneficio de los gobernantes que de los gobernados. O sea que si de “bullying” se va a hablar, las expresiones críticas, burlescas y aun despectivas de “la sociedad civil” contra las instituciones y particularmente contra algunos indignamente autodenominados “servidores públicos”, vienen a ser, en último análisis, una sopa de su propio chocolate.

La palabra clave del parlamento de Peña Nieto es el neologismo con que se designa al acoso o la violencia –física, sicológica o verbal– de que son víctima niños y jóvenes en edad escolar. Eso sería lo novedoso, si se toma en consideración que así como el débil busca la manera de burlar al poderoso, el ciudadano tiende, por instinto, a reivindicarse, aún caído, ante quien lo pisotea. El recurso más socorrido, históricamente, ha sido la sátira; es decir, el humor aplicado a la crítica.

-III-

México tiene una larga y rica tradición en materia de epigramas y cartones. Por algo será… Otro tanto puede decirse de los chistes –que parecieran surgir por generación espontánea y que el pueblo hace suyos, replicándolos hasta el infinito– acerca de los políticos. Tras esa tendencia hay un criterio revanchista.

En su prólogo a la reedición facsimilar de “Diccionario de los Políticos”, de Juan Rico y Amat, Carlos Monsiváis señala que “las frases, caricaturas y situaciones donde fluye la falta de respeto por el poder, la insolencia y la exasperación ante emperadores, presidentes, regentes, altezas serenísimas, juntas de notables, poderes centrales y locales, alcaldes, ministros, diputados”, son “juegos de ingenio con que exteriorizamos, no sin sonrisas, nuestras opresiones”.

Moraleja de la historia: “El que se lleva, se aguanta”.

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