Domingo, 04 de Octubre 2026
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La ciencia lo confirma: por qué los padres sí tienen un hijo favorito

Investigaciones sociológicas revelan que el favoritismo parental es una realidad frecuente que impacta la dinámica y el desarrollo emocional de la familia.

Por: Oscar Eduardo Bravo Gutiérrez

Investigadores buscaron descifrar el dilema de la paternidad: ¿se puede querer a un hijo más que a otro? EL INFORMADOR / ARCHIVO

Investigadores buscaron descifrar el dilema de la paternidad: ¿se puede querer a un hijo más que a otro? EL INFORMADOR / ARCHIVO

Una nueva mentira de los padres y las madres a sus hijos e hijas. Aunque la mayoría de los progenitores lo niega categóricamente, diversas investigaciones sociológicas y psicológicas han demostrado que la idea de que hay un hijo o hija favorita por encima de los demás, es real. Los estudios revelan que una amplia mayoría de madres y padres sienten mayor afinidad por uno de sus descendientes.

El debate sobre las preferencias dentro del núcleo familiar ha dejado de ser una simple especulación para convertirse en un objeto de estudio riguroso. Investigadores han analizado durante décadas el comportamiento de miles de familias para entender cómo y por qué se desarrollan estas inclinaciones, respondiendo a la constante duda de si el trato equitativo es verdaderamente posible.

El veredicto de los investigadores

La socióloga Katherine Conger, durante su trabajo en la Universidad de California, lideró uno de los estudios más exhaustivos sobre este fenómeno. Tras analizar a 384 familias a lo largo de tres años, los resultados publicados en el Journal of Family Psychology fueron contundentes: el 70 por ciento de los padres y el 74 por ciento de las madres admitieron otorgar un trato preferencial a uno de sus hijos.

Este patrón no se limita a una sola región o demografía. Investigaciones complementarias realizadas en Estados Unidos y Europa Occidental han corroborado que el favoritismo es una constante evolutiva y social. Los datos recopilados mediante entrevistas y observación directa muestran que las preferencias suelen mantenerse estables a lo largo del tiempo, incluso cuando los hijos llegan a la etapa adulta.

Factores que determinan la preferencia

Para entender por qué ocurre esto, el académico Alexander Jensen, de la Universidad Brigham Young, analizó las variables que influyen en la afinidad parental. Su investigación determinó que el orden de nacimiento, el género y los rasgos de personalidad juegan un papel fundamental. Los hijos percibidos como más sociables, organizados y responsables suelen recibir un trato distinto, ya que facilitan la labor de crianza.

Además, los datos indican que las hijas y los hermanos mayores tienden a ser favorecidos con mayor frecuencia. Los primogénitos suelen recibir más atención inicial y autonomía, mientras que la afinidad de valores y creencias se vuelve el factor decisivo cuando los descendientes alcanzan la madurez, superando a los logros académicos o profesionales.

El impacto en la dinámica familiar

El trato desigual, aunque muchas veces inconsciente, genera consecuencias medibles en el desarrollo psicológico de los menores. Los estudios señalan que los hijos que perciben no ser los favoritos pueden experimentar problemas de autoestima, ansiedad y un mayor distanciamiento emocional respecto a sus progenitores durante la adolescencia y la adultez.

Por el contrario, quienes ocupan el lugar de privilegio tienden a mostrar mayor confianza y estabilidad emocional. Sin embargo, los investigadores advierten que el favoritismo evidente también puede generar tensiones y rivalidades fraternales que perduran toda la vida, afectando la cohesión del núcleo familiar.

La forma en que los menores perciben este trato es crucial. Katherine Conger observó que, independientemente de quién sea el favorito real, casi todos los hermanos sienten que el otro recibe un trato preferencial. Esta percepción de injusticia es suficiente para alterar el bienestar emocional de los más jóvenes, quienes son más vulnerables a las diferencias de atención.

La ciencia concluye que sentir mayor afinidad por un hijo es una respuesta humana natural y frecuente. El desafío para los cuidadores radica en reconocer estas inclinaciones de manera consciente para evitar que se traduzcan en un trato desigual evidente, garantizando así un entorno de desarrollo equilibrado para todos los miembros del hogar.

Esta nota fue creada con ayuda de inteligencia artificial y revisada por un editor.  

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