El retiro de millones de huevos por un posible riesgo de contaminación con salmonela ha puesto el foco en un hábito cotidiano que podría comprometer la seguridad alimentaria: la forma en que se almacenan en casa. Especialistas advierten que algunos errores frecuentes favorecen la entrada y proliferación de bacterias, incrementando el riesgo de enfermedades gastrointestinales.La salmonela es una bacteria que puede estar presente de forma natural en las gallinas y llegar al huevo antes de su consumo. Cuando el alimento no se cocina por completo o se conserva de manera inadecuada, la bacteria puede sobrevivir y provocar salmonelosis, una infección que suele manifestarse con diarrea, fiebre, dolor abdominal y náuseas.Uno de los errores más comunes es lavar los huevos antes de refrigerarlos. Aunque muchas personas lo hacen para retirar restos de suciedad, este proceso elimina la cutícula, una capa protectora natural de la cáscara que actúa como barrera frente a microorganismos. Sin esa protección, las bacterias tienen mayores posibilidades de penetrar al interior del huevo.También se desaconseja almacenarlos en la huevera integrada en la puerta del refrigerador. Las variaciones de temperatura que se producen cada vez que se abre el electrodoméstico pueden afectar su conservación y favorecer el crecimiento bacteriano.Para reducir riesgos, los expertos recomiendan mantener los huevos en su envase original, colocarlos en la parte interna del refrigerador a una temperatura igual o inferior a 4 grados Celsius y evitar lavarlos antes de guardarlos. Además, es aconsejable acomodarlos con la punta hacia abajo y la parte más ancha hacia arriba, ya que esa posición ayuda a conservar mejor su estructura interna.En cuanto a su vida útil, los huevos frescos pueden mantenerse en buen estado entre tres y cinco semanas dentro del refrigerador, siempre que permanezcan correctamente almacenados. Si se separan las claras o las yemas, deben conservarse en un recipiente hermético y consumirse en un periodo de dos a cuatro días.SV