Aunque tradicionalmente México es mundialmente reconocido como la capital indiscutible de la celebración del “Dia de los muertos”, diversos historiadores y usuarios en internet sostienen con firmeza que todo comenzó en otro país mucho más al sur, en las tierras del antiguo Perú. Para comprender esta afirmación es necesario revisar la historia prehispánica, el impacto del colonialismo europeo y los rituales milenarios que sobrevivieron al paso de los siglos en la región andina.Mucho antes de que el calendario gregoriano impusiera las fechas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos, los incas y diversas culturas preincas (como Caral, Moche y Paracas) practicaban un complejo e imponente sistema de veneración fúnebre. En el imperio Inca, noviembre no era un mes ordinario; se le conocía como el Aya Marcay Quilla, que en quechua significa traducido literalmente "el mes de cargar o abrazar a los muertos”. Durante este período, las comunidades desenterraban los cuerpos de sus antepasados, conocidos como mallquis. Las familias vestían a las momias con sus mejores ropajes, las alimentaban con chicha de jora y platillos típicos, y las paseaban en procesiones públicas acompañadas de cánticos y danzas fúnebres. Lejos de ser un acto macabro, para la cosmovisión andina se trataba de mantener viva la reciprocidad y el vínculo espiritual entre el mundo de los vivos (Kay Pacha) y el de las almas.Con la llegada de los conquistadores españoles en el siglo XVI, las prácticas del Aya Marcay Quilla fueron perseguidas y catalogadas como idolatrías. Sin embargo, en lugar de erradicar la tradición, se produjo un fenómeno de sincretismo religioso: Así es como tanto Mesoamérica como los Andes contaban con calendarios rituales propios dedicados a la muerte que terminaron fusionándose con el catolicismo colonial, y preguntarse quién llegó primero, no respondería a la duda sobre de quién es la celebración originalmente, porque ya quedó claro que son dos ceremonias completamente diferentes, aunque sus motivos finales sean tan afines. Aunque no tan afines, en México, el Día de los Muertos funcionaba, (y aún hoy en día), como una una celebración que recordaba las memorias de sus difuntos, compartiendo la premisa de que la muerte no es el final de todo, por lo que siguiendo esa lógica, este día tan especial los muertos vuelven a la tierra de lo vivos para reencontrarse con sus familias y seres queridos, quienes los esperan con ofrendas y obsequios, como quien recibe a un viejo amigo o familiar que viene de visita. Por otra parte, la razón central de las celebraciones incas era el mantenimiento del orden sagrado y el equilibrio universal (camac) a través del principio de la reciprocidad. Para la cosmovisión andina, el mundo no era una propiedad humana, sino un espacio vivo habitado por deidades (Inti, la Pachamama, los Apus) y ancestros. Por ello, para mantener el equilibrio y la convivencia armoniosa entre los vivos, los muertos y las deidades, cada año se llevaban a acabo los rituales ya mencionados donde se les honraba y rendía homenaje a los fallecidos, pero fue la fusión con las tradiciones católicas lo que, de alguna forma uniformó a ambas culturas, dando paso a las confusiones y aseveramientos tales como que “El Día de los muerttos” es una festividad propia de Perú. Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp https://www.whatsapp.com/channel/0029VaAf9Pu9hXF1EJ561i03BB