A Miguel Pizarro todavía le entusiasma descubrir cómo cambian las maneras de contar una historia. Después de varias décadas frente a las cámaras, el actor asegura que sigue observando cada rodaje con la misma curiosidad de sus primeros años. Mientras otros descansan entre escenas, él prefiere acercarse a la cámara, preguntar cómo funciona un movimiento o detenerse a mirar la iluminación. Esa inquietud volvió a aparecer durante las grabaciones de “Un paso hacia ti, bailar, bailar”, un M-Drama juvenil que estrena mañana, a las 19:30 horas, por Canal 5 y ViX. La serie se podrá ver de lunes a viernes.El proyecto reúne música, danza y melodrama para narrar la historia de Kevin, un joven que vive en un barrio popular y que sueña con convertirse en bailarín, pese a crecer bajo la autoridad de un padre convencido de que su destino debe permanecer en el taller mecánico familiar. Para Pizarro, la producción también significó reencontrarse con una televisión que ha incorporado nuevos lenguajes visuales.“Fue toda una sorpresa regresar y encontrarme con otra manera de hacer las cosas. Siempre pareciera que ya todo está inventado, pero no es así. Cambia la tecnología y cambian las formas de contar una historia”, explica el actor en entrevista con EL INFORMADOR. “Aquí mezclan el melodrama mexicano con el drama coreano y eso genera un ritmo completamente distinto. Me llamaba mucho la atención el cuidado que había en la colorimetría, en los movimientos de cámara, en las texturas. Soy muy metiche y me encanta observar cómo trabajan todas las áreas porque siento que siempre hay algo nuevo por aprender”, anota.Su personaje, Héctor, representa el choque entre dos maneras de entender la vida. Viudo y dueño de un taller mecánico, ha construido su identidad alrededor del trabajo y de una educación marcada por ideas tradicionales sobre la familia y la masculinidad. La llegada de los sueños de sus hijos lo obliga a cuestionar certezas que nunca había puesto en duda. “Es un hombre que, de tanto trabajar, terminó poniéndose una armadura que ya se oxidó. Quiere educar a sus hijos como lo educaron a él, convencido de que ése es el camino correcto”, explica. “Pero ellos aparecen con sueños que él nunca imaginó y ahí comienza un choque entre generaciones. Los adultos no terminan de comprender a los jóvenes y los jóvenes tampoco entienden del todo a los adultos. Todos actúan con buenas intenciones, pero muchas veces eso no basta”. El conflicto central de la historia gira alrededor de la danza, disciplina que durante años fue vista por muchas familias como una actividad incompatible con la idea tradicional de masculinidad. Pizarro considera que ese panorama ha comenzado a transformarse, aunque reconoce que todavía persisten prejuicios. “Antes bastaba con que un muchacho dijera que quería ser actor o bailarín para que inmediatamente aparecieran sospechas o etiquetas. Era una visión muy retrógrada. Hoy las cosas han cambiado muchísimo y me parece maravilloso que la gente pueda vivir con mayor libertad. No es justo que alguien tenga que esconder lo que ama hacer porque otros no lo entienden”, reflexiona.Para el actor, las etiquetas siguen siendo uno de los principales obstáculos en la convivencia cotidiana. “La mente humana es prejuiciosa por naturaleza. Antes de que abras la boca, muchas personas ya decidieron quién eres. Pero la gente diferente es la que ha cambiado el mundo. Los grandes artistas, los inventores, quienes han aportado algo nuevo, casi siempre se atrevieron a pensar distinto. Si todos fuéramos iguales, el mundo sería muy aburrido”, reflexiona. La disposición de Miguel Pizarro por seguir descubriendo cosas nuevas también explica la diversidad de personajes que ha construido a lo largo de su carrera. Mientras algunos actores permanecen asociados a un mismo perfil, Pizarro recuerda haber interpretado mayordomos, personajes románticos, villanos, figuras cómicas e incluso un robot. “Siempre busco que el siguiente personaje sea otra cosa. He tenido la fortuna de que nunca me encasillaran. Cuando me dijeron que ahora iba a interpretar a un mecánico, varios amigos se rieron porque mi personalidad no tiene nada que ver con eso”, cuenta. “Yo soy muy inquieto. Antes de esta entrevista estaba buscando cursos de inteligencia artificial porque me gusta aprender. Creo que uno nunca debe dejar de hacerlo”.Entre los recuerdos que conserva con mayor cariño aparece un consejo que recibió de Carlos Bracho durante su primera telenovela. “Me dijo: ‘Si en toda tu carrera te tocan tres personajes como éste, dale gracias a Dios’. Nunca olvidé esas palabras. Desde entonces entendí que esta profesión consiste en aprovechar cada oportunidad y seguir disfrutando el camino”. Con el paso de los años, esa idea se volvió una forma de entender su oficio. La popularidad, dice, siempre será pasajera; el trabajo permanece.“La fama hace mucho ruido y además es efímera. Hoy puedes estar muy presente y mañana nadie se acuerda de ti. Lo importante es disfrutar la vocación, agradecer cada proyecto y seguir aprendiendo”, expone. En “Un paso hacia ti”, Miguel Pizarro encontró precisamente eso: una historia donde la danza funciona como punto de partida para hablar de familias, prejuicios y generaciones que intentan comprenderse. Para un actor acostumbrado a buscar personajes distintos, el verdadero reto sigue siendo el mismo de hace décadas: mantener intacta la curiosidad con la que comenzó su carrera. El rodaje le permitió a Pizarro convivir con una generación de intérpretes que llegó al proyecto con una preparación distinta a la de quienes comenzaron su carrera en las décadas anteriores.“Nosotros aprendimos haciendo. Muchas veces nos aventaban al ruedo y ahí descubríamos cómo resolver las cosas. Hoy ves muchachos que bailan, cantan, actúan y dominan varias disciplinas desde muy jóvenes. Hay una preparación enorme y eso también te obliga a mantenerte aprendiendo todo el tiempo”. CT