Antes que actor, director o espectador, Gael García Bernal encuentra otra palabra para explicar desde dónde nació “Hombre al agua”, su nueva película como director: vocación.Han pasado 25 años desde que él y Diego Luna protagonizaron “Y tu mamá también”, de Alfonso Cuarón. Para García Bernal, aquel rodaje significó algo más que participar en una película que terminaría marcando su trayectoria internacional. Fue también el momento en que comenzó a comprender cómo se construía el cine desde lugares que estaban fuera de la actuación.“Creo que esta película viene más de la vocación del cine, esta que descubrimos hace 25 años, cuando nos tocó a Diego y a mí hacer ‘Y tu mamá también’. En ese momento fue cuando entendimos un poco cuáles eran los ingredientes que componen el cine, más allá de ser espectadores o incluso de participar en películas como actores”, explica el actor y también director mexicano, en entrevista con EL INFORMADOR.Aquella experiencia aparece ahora como uno de los antecedentes de “Hombre al agua”, su tercer largometraje como director después de “Déficit” y “Chicuarotes”. En esta ocasión también ocupa el papel protagónico como “Camilo”, un salvavidas cubano cuya vida cambia después de rescatar de morir ahogado a “Abel”, un poderoso empresario mexicano interpretado por Jorge Salinas. El encuentro conduce a “Camilo” hasta México, donde entra en un mundo atravesado por el dinero, la política y las diferencias de clase. También conoce a “Juana”, interpretada por Esmeralda Pimentel, con quien forma una familia. Aquella vida que parece ofrecerle nuevas posibilidades comienza gradualmente a imponerle también una identidad. García Bernal recuerda que Alfonso Cuarón y Emmanuel “Chivo” Lubezki permitieron que él y Luna observaran de cerca las distintas partes del proceso cinematográfico. También rememora una forma de trabajar en la que todavía existía tiempo para acompañar un rodaje y discutir las decisiones detrás de una película. “Esa película nos dio la oportunidad de tener la masa en nuestras manos. Alfonso Cuarón fue muy generoso, y el Chivo Lubezki también, y todos los que participaron en la película con nosotros. Nos llevaban de la mano, nos acompañaban y nos mostraban cómo se hacía el cine”, dice. “En aquel entonces había tiempo para poder hablar de estas cosas, para acompañar los procesos largos de un rodaje y también para no pensar en el público, en el mejor de los sentidos”.Para García Bernal, esa última posibilidad resulta importante. La libertad de hacer una película sin construirla exclusivamente alrededor de sus posibilidades comerciales es algo que continúa buscando: el actor y director advierte sobre lo que ocurre cuando esa relación se invierte y el objetivo comercial determina la existencia de una obra.“Uno hacía la película completamente libre y con todas las esperanzas de lograr algo que trascendiera de alguna manera, pero sin ninguna expectativa, digamos, comercial en el sentido estricto”, comenta. “Porque a veces, cuando las películas van solamente con ese cometido, rápidamente se convierten en un periódico de ayer o en un rotundo fracaso, si es que no funcionan. Entonces dejan de tener esa vida propia”.Esa concepción explica también la cantidad de inquietudes que García Bernal decidió colocar dentro de “Hombre al agua”. “El cine se volvió para mí ese lugar para poder sublimar todas esas preguntas y también para jugar. Me gusta poner un montón de cosas que me parecen muy curiosas e inquietantes, y aquí podíamos explorar varios temas que me importan”. La diversidad latinoamericana aparece también en los personajes que rodean a “Camilo”. Está “Fabiana”, interpretada por la brasileña Débora Nascimento, y “Silvina”, encarnada por la uruguaya Natalia Oreiro, a quien García Bernal describe como una mujer alejada de su país y refugiada en México, embarazada además de “Abel”, el empresario y aspirante a gobernador interpretado por Jorge Salinas. A ellas se suma la propia condición cubana de “Camilo”, dentro de una historia que reúne distintos acentos y procedencias latinoamericanas.A ello se suma la elección de Yucatán, donde encontró una expresión particularmente visible de las diferencias sociales. Todos esos elementos terminaron, en palabras del director, dentro de “un pozole interesante”. Detrás del humor con el que utiliza la expresión permanece una preocupación política concreta.“También está Yucatán en este conflicto de clases. Dentro de México es uno de los lugares donde se puede ejemplificar muchísimo más este conflicto de clases. Hay una realidad que estamos viendo: la del juego de la democracia o el juego de la política gobernado por el capital rampante, que domina la discusión de todo”.“Hombre al agua” utiliza así la transformación de un salvavidas cubano para preguntarse quién tiene la capacidad de construir la identidad de otra persona, quién controla los relatos y qué ocurre cuando el poder económico alcanza también la vida privada. García Bernal lleva esa idea hasta una advertencia que rebasa a sus personajes.“Cualquier cosa que digamos, cualquier cosa que seamos -y puesto en temas más desde un tono metafórico o poético, como sería en una película-, cualquier película que hagamos de nuestra vida puede ser contada por aquellas fuerzas de poder para fines electorales”.Para el realizador, “Hombre al agua” nace precisamente de la posibilidad de utilizar el cine para reunir esas preguntas sin tener que resolverlas. Veinticinco años después de aquella experiencia en la que Cuarón y Lubezki le permitieron observar cómo se hacía una película desde dentro, García Bernal vuelve a esa misma vocación: tomar, como él mismo dice, “la masa” entre las manos y utilizarla para explorar aquello que todavía le resulta inquietante. Entre esas inquietudes aparece el estado de la política latinoamericana. García Bernal explica que “Hombre al agua” parte de una realidad mexicana, pero encuentra correspondencias en otros países de la región. “Quizá la realidad de México se parece mucho a lo que sucede en toda Latinoamérica. Compartimos un montón de problemáticas, un montón de preguntas abiertas, y se asemejan muchísimo las maneras que tenemos de abordarlas”.La película, sin embargo, sitúa buena parte de esa discusión en un territorio específico: Yucatán. García Bernal encontró allí un espacio para abordar las diferencias sociales y una pregunta que atraviesa la película: dónde se encuentra, y cuál es el estado de nuestra democracia.“Cada lugar tiene su contexto y, en esa heterogeneidad de países, existen un montón de burbujas propias. En este caso está Yucatán, que rara vez hemos visto en películas, sobre todo recientemente. ‘Camilo’ ocupa una posición particular dentro de ese escenario. Es cubano, extranjero y recién llegado a una estructura social que comienza a decirle quién debe ser”, explica, sobre su personaje. “‘Camilo’, siendo cubano, está vacunado completamente de ideología. Puede leer la manipulación a la distancia y, en su afán por sobrevivir, completamente loable y obviamente elemental, él se convierte en lo que el mundo quiera que sea”.Para el director, la identidad de su protagonista se construye entonces desde el exterior. “Su identidad se la van imponiendo durante toda la película. Después logra darle un poquito la vuelta, logra cambiar las cosas”. Las tensiones que García Bernal coloca alrededor de “Camilo” encuentran su expresión más cercana en “Abel” y “Juana”, interpretados por Jorge Salinas y Esmeralda Pimentel. Padre e hija forman parte de la nueva vida a la que accede el salvavidas cubano después de llegar a México: “Abel” es el poderoso empresario al que rescata de morir ahogado, mientras que con “Juana” termina formando una familia.La aparente fortuna de “Camilo” comienza a adquirir otro significado conforme descubre cuánto han intervenido los demás en las decisiones que transformaron su vida. Si García Bernal observa en ese proceso la imposición progresiva de una identidad, Salinas y Pimentel construyeron a sus personajes desde dos relaciones distintas con el control: “Abel” sabe lo que quiere y utiliza los recursos a su alcance para conseguirlo; “Juana”, en cambio, comienza a cuestionarse a sí misma cuando el matrimonio, la maternidad y la vida que conocía dejan de responder a sus certezas.Para Salinas, “Abel” se mueve dentro de la historia con una determinación que difícilmente se modifica, incluso después de que “Camilo” le salva la vida.“Él tiene muy claro lo que quiere lograr y va consiguiendo poco a poco acercarse a lo que necesita para convencer”, explica Salinas en entrevista con EL INFORMADOR. El empresario tiene aspiraciones políticas y busca alcanzar la gubernatura de Yucatán. Su relación con “Camilo” puede presentarse inicialmente como agradecimiento, pero conforme avanza la historia aparecen otras posibilidades detrás de sus decisiones. Salinas encontró en esa capacidad de manipulación uno de los aspectos que lo convencieron de interpretar al personaje. Para él, “Abel” tiene correspondencias con ciertas dinámicas políticas que pueden reconocerse dentro y fuera de México.“Me pareció fascinante el hecho de encarnar a un personaje muy semejante a lo que vivimos nosotros a nivel de la política, no solamente en México y, por qué no, también en otros países vecinos”, dice. “Creo que es muy padre desnudar y darse cuenta de que el ser humano es imperfecto y manipulador, y que le permitimos y le damos el poder a terceras personas, renunciando a nuestra voluntad propia, para que rijan nuestra vida. Eso fue lo que me sedujo”.Tanto Salinas como Pimentel llegaron a “Hombre al agua” mediante audiciones. Para ella, el primer contacto con el guion bastó para advertir las posibilidades del personaje, mientras que el encuentro con García Bernal terminó de definir a “Juana”. Pimentel asegura que el director le proporcionó indicaciones concretas para construirla, pero después le permitió explorar.“Creo que nunca me había llegado una escena de casting que fuera tan compleja, tan divertida, que propusiera tanto y fuera tan elocuente a nivel de diálogo”, dice la actriz. “Gael, que sin duda para mí es un ejemplo y ha sido un maestro en todo este proceso, fue también un enorme regalo. Me dio claves muy específicas sobre cómo encarnar a ‘Juana’ y, a partir de ahí, me dio toda la libertad para proponer, jugar y explorar”.Para Salinas, el proceso tuvo una particularidad adicional: esperó cerca de un año para conocer el resultado de su casting. Su llegada a la película también significó reencontrarse con el cine después de una trayectoria que ha transcurrido principalmente entre televisión y teatro. El actor recuerda como un parteaguas haber participado años atrás en producciones como “Amores perros” y “Sexo, pudor y lágrimas”, y reconoce que trabajar ahora con García Bernal modificó algunas de las certezas con las que acostumbraba aproximarse a un personaje.“Siempre estuve acostumbrado a que el director me encaminara, me diera un poco de guía. Aquí tuve la venia y la confianza del director. Sí, con exigencia, evidentemente, pero con la confianza de decir: ‘Fuiste elegido para estar aquí. Vamos a ver de qué estás hecho. Eso, para mí fue algo innovador y lo agradezco muchísimo. Me obligó a meterme más en mis carencias, en mis inseguridades, para poder pasar a través de ellas”, finaliza Salinas. CT