Martes, 29 de Noviembre 2022

Los oficios de antaño se resisten a desaparecer

Cuatro protagonistas nos narran sus experiencias a través del tiempo y su manera de pervivir

Por: El Informador

Don José López tiene 22 años ofreciendo el servicio de boleada en la Plaza Liberación. EL INFORMADOR/C. Zepeda

Don José López tiene 22 años ofreciendo el servicio de boleada en la Plaza Liberación. EL INFORMADOR/C. Zepeda

En la Zona Metropolitana de Guadalajara todavía existen personas que se dedican a diferentes oficios que con el paso de los años se han extinguido.

Boleros, organilleros, sastres, afiladores de cuchillos, globeros, entre muchos otros oficios se ven cada vez menos por las calles de la ciudad. 

Don José López tiene 22 años ofreciendo el servicio de boleada en la Plaza Liberación. EL INFORMADOR/C. Zepeda

El bolero de los políticos

José López tiene 22 años ofreciendo el servicio de boleada en la plaza Liberación en el Centro Histórico de Guadalajara.

Desde las 10 de la mañana y hasta las siete de la tarde horas este señor da lustre a los zapatos en esa plaza donde operan alrededor de 25 boleadores.

Don José atiende a políticos, empleados de oficinas y diversos funcionarios de las distintas dependencias de gobierno que hay en la zona.

Actualmente realiza en promedio 10 boleadas al día, casi la mitad que se hacían anteriormente.

“Cuando estaban los juzgados aquí hacíamos 15 a 20 boleadas al día, nos iba bastante bien, obviamente se cobraba menos”, detalló.

El costo de la boleada es de 30 pesos, pero hay servicios que se ofrecen en 60 pesos o más por el tipo de piel que tienen y el trabajo que implica. Por ejemplo el calzado de piel tipo nobuck es más laborioso para limpiar.

Jorge Villaseñor tiene mucho trabajo, pues quedan pocas afiladurías. EL INFORMADOR/C. Zepeda

El afilador de los carniceros

Jorge Villaseñor tiene más de 60 años ofreciendo el servicio de afilado de cuchillos a espaldas del Hospicio Cabañas en Guadalajara.

Afiladuría Villaseñor se llama el negocio donde se da mantenimiento a cuchillos, navajas, tijeras, machetes, hachas, entre otras herramientas que se usan en diferentes giros como restaurantes, carnicerías, estéticas, sanatorios y jardinería. Cada vez hay menos afiladores en la ciudad y por eso este tipo de negocios tienen mucho trabajo, pues siguen siendo necesarios.

“Hay algunos afiladores por las calles, pero establecidos como nosotros ya solamente quedamos cinco y antes había como 15 talleres, eran varias familias, pero empezaron a morirse las personas que lo atendían y los hijos ya no quisieron seguir en el negocio”, explicó.

El oficio de la afiladuría en la ciudad lo inició el abuelo de Jorge Villaseñor, una persona proveniente de Alemania que cuando llegó a la ciudad se dio cuenta que no había quién prestara este servicio.

Juan Luis Téllez fabrica la elegancia y porte de los mariachis. EL INFORMADOR/C. Zepeda

El sastre de los charros y mariachis

Encontrar un buen sastre en la ciudad cada vez es más complicado, pero hallar a uno que sea sastre y elabore trajes de charros y mariachis es todavía más hoy en día en la metrópoli.

Juan Luis Téllez Cortés tiene más de 47 años de sastre en la plaza de los Mariachis, la que se ubica en la zona de San Juan de Dios, y es uno de los pocos especialistas en este tipo de trajes que vende para clientes de México y de Estados Unidos.

Sastrería de Occidente es el nombre del pequeño taller que se ubica en un segundo piso. El negocio tiene una antigüedad de más de 60 años, ya que es un oficio de tradición familiar.

Fue a los 14 años cuando Juan Luis Téllez empezó este oficio que aprendió de su madre costurera y sus tíos que eran sastres.

“Cada vez hay menos sastres en la ciudad, se están acabando, las nuevas generaciones ya no quieren trabajar o simplemente no les gusta la costura”, reconoce el entrevistado.

Organillero. Michael Martínez lleva la alegría a los peatones de la Plaza de Armas. EL INFORMADOR/C. Zepeda

El organillero de la plaza de Armas

Encontrar un organillero en la ciudad cada vez es más complicado. Uno de ellos es Michael Martínez, un joven organillero que deleita con su música todos los días a los visitantes de la Plaza de Armas.

Michael tiene 10 años realizando este oficio y reconoce que cada vez hay menos.

“En la Ciudad de México hay un poco más, en Jalisco solamente somos cuatro”, precisó.

El oficio de organillero llegó a México desde Alemania y los instrumentos musicales conocidos como organillos también son alemanes.

“Esta tradición es alemana, pero ya lleva con nosotros más de 100 años. Los instrumentos son alemanes todavía este instrumento que yo tengo es alemán y se ha conservado con el tiempo. Es de los más jóvenes y tiene 85 años”, detalló.

“Los que más nos conocen son la gente grande porque ya saben, recuerdan que sus papás los traían a verlo y escucharlo porque antes era más común en las plazas de Guadalajara”, concluyó.

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