La fiebre mundialista ha transformado por completo los rincones más emblemáticos de Guadalajara. Entre la marea de aficionados que han pintado de amarillo la explana del Estadio Guadalajara y de la ciudad durante los banderazos y festejos colombianos, destacan dos historias que reflejan el lazo que hoy une a Colombia con México: las de las hermanas Jessica y Johana Villalba.Originarias del pintoresco municipio de Chinú, en el departamento de Córdoba, Colombia, estas hermanas son fiel reflejo de aquellos extranjeros que viven en México, echan raíces y adoptan una nueva patria, pero sin perder jamás la identidad y el amor por la tierra que les vio nacer. Para ellas, la llegada de su selección fue la excusa perfecta para hacer una pausa en su vida viviendo cerca de Mexicali y decidir viajar a la Perla Tapatía.Jessica, odontóloga de profesión, llegó a territorio mexicano hace ocho años con un plan profesional, pero el destino le tenía preparada otra cosa. "Me vine hace ocho años a hacer la especialidad, me enamoré, me casé y me quedé", relata entre risas, confesando que dejó al marido en casa para estar cerca de su Selección. Hoy radica en la comunidad de Los Algodones, en Mexicali. Su historia inspiró a Johana, quien hace dos años dejó Colombia para instalarse con ella y trabajar juntas como asistente dental.A pesar de la distancia desde Baja California, planearon una travesía que les resultó bastante práctica: una hora de carretera desde su pueblo a Mexicali, seguida de un vuelo de tres horas hasta la Perla Tapatía. Todo con un objetivo bien trazado. "Este es el primer partido en toda la historia que vamos a ver a Colombia. Y precisamente tiene que ser aquí en México", comentan con un brillo incomparable en los ojos."Estamos súper felices porque, digamos que México y Colombia ahorita están en su idilio de amor", asegura Jessica. "Estamos súper agradecidas de que nos acojan como si fuéramos hermanos y pues estamos aquí gozando, viviendo, disfrutando, y la verdad, la alegría que sentimos, la emoción, es impresionante".Esa energía inagotable de su afición la llevan como bandera en cada rincón de la ciudad en el que se han parado. "¡Nosotros somos pasión, vida, todo! Ya traemos el chip rumbero en la sangre, eso nadie nos lo puede quitar y nos alegra que los mexicanos se contagien de nuestra alegría", agrega Johana, agradecida por el trato cordial y atento que han recibido en las calles de la Perla Tapatía.Con la ilusión intacta de ver a su equipo superar la histórica hazaña de Brasil 2014, las hermanas Villalba demuestran que, sin importar cuántos años lleven construyendo su vida en México, el corazón siempre latirá con fuerza por su bandera.NG