Domingo, 08 de Febrero 2026

Pepe Guízar, el compositor que pintó a México con música

Originario de Guadalajara, el compositor abandonó el derecho para dedicar su vida a la música y convertirse en una de las figuras clave del repertorio popular mexicano del siglo XX

Por: Héctor Fernando Navarro Vázquez

Pepe Guízar nació el 12 de febrero de 1912 en el tradicional barrio de San Juan de Dios, en Guadalajara, Jalisco. ESPECIAL

Pepe Guízar nació el 12 de febrero de 1912 en el tradicional barrio de San Juan de Dios, en Guadalajara, Jalisco. ESPECIAL

José “Pepe” Guízar Morfín nació el 12 de febrero de 1912 en el tradicional barrio de San Juan de Dios, en Guadalajara, Jalisco, en el seno de una familia con sensibilidad por la cultura y la educación. Desde su infancia, Guízar estuvo rodeado de sonidos y ritmos que impregnaban la vida cotidiana tapatía —desde los sones de plaza hasta las serenatas de mariachi— que más tarde serían fuentes de inspiración en su obra.

A pesar de sus inquietudes artísticas, en 1928 y por insistencia familiar se trasladó a la Ciudad de México para cursar la Licenciatura en Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México. Sin embargo, pronto abandonó esa carrera al reconocer que no coincidía con su verdadera vocación: la música y la creación. Su inclinación por las letras lo llevó también a estudiar declamación y poesía en el Conservatorio Nacional de Música, así como piano —instruido por el maestro J. Jesús Estrada—, y a cultivar el gusto por la poesía con el apoyo de profesores como Erasmo Castellanos Quinto.

Fue en este ambiente capitalino, entre estudios de arte, literatura y música, donde Guízar decidió definitivamente seguir el camino de la composición y dar voz a su particular visión sobre México: un país lleno de color, tradición y contrastes regionales.

Inicios artísticos y consolidación

Ya instalado en la escena cultural de México, Pepe Guízar comenzó a trabajar en la emblemática radiodifusora XEW, una plataforma que en la década de 1930 era el principal centro de difusión musical en el país. Fue ahí donde adquirió el apodo de “El pintor musical de México” por la forma en que sus composiciones dibujaban —a través de melodías y letras— los paisajes, costumbres y vivencias de la vida mexicana, desde sus ciudades hasta sus pueblos y tradiciones.

Guízar se definió como compositor folclórico y popular, aunque con la ambición de trascender las fronteras del género. Su labor fue esencial para “vestir de gala” la música tradicional mexicana: trasladó el repertorio que se tocaba en calles, cantinas y ferias hacia los grandes escenarios, buscando que compitiera con géneros foráneos como el tango o el bolero —que dominaban las preferencias del público en esa época— sin perder su raíz nativa.

Durante los años 1930 y 1940, su carrera empezó a ganar impulso a partir de una serie de viajes por distintas regiones de México. Estas travesías, a menudo enfocadas en recopilar sones y jarabes tradicionales, le proporcionaron un acervo riquísimo sobre el cual construir sus propias obras, convirtiéndose no solo en un compositor, sino en un cronista musical del espíritu de México.

Pepe Guízar comenzó a trabajar en la radiodifusora XEW. ESPECIAL

Compositor nacional e internacional

Pepe Guízar no solo fue un compositor prolífico dentro del ámbito de la música ranchera y folclórica, sino también una figura clave en la promoción internacional de la música mexicana en el siglo XX. Además de su labor como compositor, participó en producciones cinematográficas tanto en México como en Hollywood, lo que contribuyó a expandir su influencia más allá de nuestras fronteras.

Entre los filmes en los que apareció o cuyas bandas sonoras incluyeron su música, destacan “Down Argentine Way” (1940), donde una de sus melodías fue utilizada y adaptada, y varias producciones del cine mexicano de la llamada Época de Oro, que difundieron la música popular mexicana a audiencias globales. En México participó en la cinta “El Ciclón del Caribe”, bajo la dirección de Ramón Pereda.

A lo largo de su trayectoria, Guízar compuso más de 100 obras, muchas de las cuales fueron interpretadas por los principales exponentes de la música ranchera, mariachi y popular. Su estilo combinaba la sensibilidad lírica con elementos rítmicos y melódicos profundamente arraigados en las tradiciones regionales, lo que permitió que su música conectara tanto con el público mexicano como con audiencias internacionales.

Aunque Pepe Guízar escribió numerosas canciones que hoy son parte del repertorio clásico de la música mexicana, su obra más emblemática es sin duda “Guadalajara”, compuesta como una oda a su ciudad natal. Esta pieza se convertiría con el tiempo en un símbolo de la identidad jalisciense y mexicana, y es considerada una de las canciones de mariachi más representativas del país.

“Guadalajara” celebra a la ciudad capital de Jalisco y en su letra evoca con nostalgia y fervor patriótico los lugares, costumbres, sabores y paisajes que hacen única a esta región, mencionando Zapopan, Tlaquepaque, Chapala y Los Colomos entre otros. Gracias a interpretaciones de grandes voces como Lucha Reyes, Irma Vila, Flor Silvestre, Jorge Negrete y Vicente Fernández, la canción trascendió generaciones y se volvió un himno popular ineludible en festivales, fiestas y repertorios de mariachi internacional.

Además de “Guadalajara”, Guízar compuso temas que se han convertido en clásicos del repertorio mexicano, entre ellos: “Sin Ti”, “Chapala”, “Como México no hay dos”, “Tehuantepec”, “El Mariachi” y “A Poco No”. La diversidad temática de estas piezas —desde homenajes geográficos hasta expresiones de amor y patriotismo— demuestra la amplitud de su visión artística.

Una curiosidad de alcance internacional es que su melodía “A Poco No” fue utilizada en la banda sonora de la clásica película estadounidense “Citizen Kane” (1941), lo que representa un curioso cruce entre la música mexicana y el cine estadounidense.

En reconocimiento a su contribución al patrimonio cultural de México y en particular de Jalisco, el Congreso del Estado de Jalisco lo declaró Benemérito del Estado, distinción que honra su labor artística y su aporte a la identidad cultural mexicana. Se acordó que cada 12 de febrero se rinda homenaje a su memoria, interpretando su obra más representativa: “Guadalajara”.

Además, su figura forma parte de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, donde su legado es recordado como ejemplo de talento, pasión y orgullo regional.

Sus últimos años

Guízar pasó sus últimos años residiendo principalmente en Guadalajara y viajando de manera frecuente a la Ciudad de México por motivos personales y de salud.  

Durante esta etapa, se recuerda que tenía una conexión muy especial con el Bosque Los Colomos -un espacio natural y cultural emblemático de Guadalajara- donde incluso se llegó a colocar una estatua en su honor, y donde también estuvo su vivienda durante parte de sus últimos años de vida. Este sitio se convirtió en un símbolo de su relación con la ciudad que tanto celebró en sus canciones.  

Falleció el 27 de septiembre de 1980 en la Ciudad de México, durante uno de los viajes que realizaba con frecuencia desde Guadalajara.  

La muerte del compositor ocurrió cuando tenía aproximadamente 68 años, dejando tras de sí un legado musical que, hasta hoy, forma parte fundamental del repertorio popular mexicano.

Pepe Guízar participó en “El Ciclón del Caribe”, filme dirigido por Ramón Pereda. ESPECIAL

FAMOSOS INTERPRETAN SUS CANCIONES

El eco de su legado 

Las canciones de José “Pepe” Guízar no sólo nacieron para ser escuchadas, sino para ser reinterpretadas y revividas por las voces más emblemáticas de la música y el espectáculo en México y el mundo. Su obra encontró eco en intérpretes de distintas generaciones, estilos y latitudes, lo que confirma su carácter universal y su profunda raíz popular.

Una de las voces que dio nueva proyección a su repertorio fue Luis Miguel, quien retomó la tradición de la canción mexicana con una interpretación pulida y contemporánea, acercando las composiciones de Guízar a públicos jóvenes y a escenarios internacionales. Mucho antes, el Mariachi Vargas de Tecalitlán, considerado el mariachi más importante del mundo, convirtió varias de sus piezas en referentes obligados del género, fijando versiones que aún hoy se consideran canónicas.

También el Mariachi “México” de Pepe Villa fue clave en la difusión de su obra, dotándola de arreglos elegantes que acompañaron a grandes voces del cine y la radio. En esa misma época dorada, Jorge Negrete y Pedro Infante llevaron las canciones de Guízar a la pantalla grande, transformándolas en himnos populares que se escuchaban tanto en salas de cine como en serenatas y fiestas familiares.

La sensibilidad romántica del compositor encontró un cauce distinto con Los Panchos, quienes adaptaron sus melodías al formato de trío, resaltando el lirismo y la nostalgia de sus letras. Voces femeninas como María de Lourdes, Lucha Villa y las Hermanas Huerta aportaron matices de fuerza, ternura y carácter, ampliando el universo emocional de sus canciones.

Figuras como Antonio Aguilar y Javier Solís incorporaron el repertorio de Guízar a su identidad artística, llevándolo tanto al ámbito ranchero como al bolero y reforzando su presencia en la música popular del siglo XX. Vicente Fernández, heredero natural de esa tradición, mantuvo vivas estas composiciones en grandes escenarios y grabaciones que alcanzaron audiencias masivas.

La huella de Guízar incluso cruzó fronteras: Xavier Cugat adaptó algunas de sus melodías al lenguaje de las orquestas internacionales, mientras que artistas como Ignacio López Tarso les dieron vida desde la declamación y el teatro, demostrando su versatilidad expresiva. Más adelante, agrupaciones como Los Tigres del Norte y el Trío Los Caporales retomaron su legado desde nuevas perspectivas, confirmando que la obra de Pepe Guízar sigue cantándose, transformándose y emocionando generación tras generación.

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