Un retrato puede esconder algo más que un rostro. Un objeto cotidiano puede convertirse en una presencia incómoda, despertar una memoria o sugerir una historia que nunca termina de contarse. En ese territorio, entre lo familiar y lo inquietante, se mueve la pintura de Manuel Mathar, quien llegó al Museo Cabañas con “Años de venganza”, una exposición curada por Daniel Garza Usabiaga.La muestra, que fue inaugurada ayer, reúne principalmente pinturas realizadas desde 2020 y propone un recorrido por dos géneros recurrentes en la trayectoria del artista: el retrato y la pintura de objetos. Lejos de tratarlos como ejercicios de representación, Mathar encuentra en ambos posibilidades para alterar la mirada y construir imágenes que oscilan entre la observación, la ironía y el extrañamiento.Licenciado en Artes por la Universidad de Monterrey, Mathar desarrolla una práctica pictórica interesada en la condición humana y en las relaciones que las personas establecen con su entorno, tanto en la vida privada como en la social. En sus cuadros, los objetos no son simples elementos de una composición: pueden adquirir un peso simbólico, sugerir asociaciones inesperadas o modificar la lectura de una escena.En los retratos aparecen también ecos de la tradición pictórica regional del siglo XIX, en particular de la obra de Hermenegildo Bustos, pintor autodidacta reconocido por la sobriedad y precisión de sus representaciones. Mathar recupera cierta austeridad y una mirada directa, pero las lleva hacia un imaginario propio, en el que la familiaridad no excluye la posibilidad de lo extraño. Ese desplazamiento se manifiesta en obras que recurren a la ironía, al humor negro y, en ocasiones, a una atmósfera inquietante. También hay en su pintura una sensibilidad cercana a la fotografía y al cine: encuadres cerrados, acercamientos y composiciones que parecen detener un instante de una historia más amplia. Las imágenes sugieren que algo ocurrió antes de la escena representada o que algo está a punto de suceder.El mundo personal del artista tiene un lugar importante en este universo. Familiares, amistades y mascotas aparecen como parte de una red de afectos y experiencias compartidas que aleja a las pinturas de una mirada distante. La dimensión colectiva, presente en la trayectoria de Mathar, aporta cercanía a unas imágenes que también pueden resultar enigmáticas.La exposición pone así en diálogo la historia de la pintura con otras maneras de construir imágenes y narraciones. En lugar de ofrecer respuestas cerradas, sus obras invitan a detenerse en los detalles, observar lo que suele pasar inadvertido y reconsiderar aquello que parece familiar.La mirada curatorial de Daniel Garza Usabiaga acompaña ese recorrido y sitúa las pinturas en relación con sus referencias artísticas y visuales. Doctor en Filosofía por la Universidad de Essex y exdirector del Museo del Palacio de Bellas Artes, Garza Usabiaga ha desarrollado una trayectoria curatorial en instituciones nacionales e internacionales, entre ellas el Museo Amparo y el Museo Universitario del Chopo.Con “Años de venganza”, el Museo Cabañas abre un espacio para acercarse a una pintura que encuentra en los rostros, los objetos y las escenas cotidianas un terreno fértil para la ambigüedad. A veces, basta mirar un poco más para descubrir que aquello que parecía conocido ya no lo es tanto.