Domingo, 20 de Septiembre 2026

La naturaleza como medicina

Una reflexión sobre la necesidad de reencontrarnos con nuestros orígenes silvestres para recuperar el equilibrio físico y mental en medio del ritmo contemporáneo

Por: Víctor González

El impacto terapéutico de los bosques urbanos en el bienestar. CORTESÍA/Erika Caballero

El impacto terapéutico de los bosques urbanos en el bienestar. CORTESÍA/Erika Caballero

Me gusta ir al río. Inmerso en su flujo, viendo el cielo, los árboles y las aves, me siento bien. Ha de ser porque filogenéticamente pertenecemos a la naturaleza, tenemos un origen compartido con todos los organismos del planeta y, durante la mayor parte de la historia de nuestra especie, vivimos inmersos en ella. Las ciudades, con apenas unos seis mil años de existencia, son un instante comparado con los millones de años en los que evolucionamos rodeados de árboles, sonidos de agua y diversidad biológica. Un vínculo tan profundo no desaparece.

Cuando caminamos por un bosque, un parque o junto al río, cuando percibimos los aromas, las texturas, los sonidos o el silencio, activamos mecanismos que reducen el cortisol, la hormona del estrés, que está asociado a procesos inflamatorios, enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, y a un deterioro general de la salud. La naturaleza, simplemente al estar presente, nos ofrece un antídoto.

Perspectivas como el concepto One Health nos proponen y nos recuerdan una verdad sencilla y profunda: la salud humana, la salud de los animales y la salud de los ecosistemas forman una sola. Cuando cuidamos los bosques, los ríos y la biodiversidad, estamos cuidando también nuestro propio bienestar físico, mental y social. Esta idea, que hoy se discute en foros internacionales de salud pública, tiene raíces antiguas y se expresa de manera concreta en prácticas como un paseo casual al parque, un hiking a la montaña o mis visitas al río.

También hay prácticas más estructuradas, como los “baños de bosque” —shinrin-yoku en japonés—, que nacieron en los años ochenta como una forma de “sumergirse” en la atmósfera del bosque y que hoy cuentan con respaldo científico desde la medicina forestal, las neurociencias, la psicología y la biología. Entre más biodiverso es el entorno, mayores son los beneficios. Los fitoncidas que liberan los árboles, los paisajes, los sonidos y el contacto con el suelo y las texturas naturales generan estados de relajación y favorecen la prevención de enfermedades. No se trata de una moda. En países como Japón, Corea, Reino Unido, Canadá, España y Alemania, estas prácticas ya se prescriben como parte de intervenciones médicas y psicológicas. En algunos hospitales se lleva a los pacientes a jardines precisamente porque se reconoce su valor terapéutico.

La cuarentena mundial a causa de la pandemia de COVID-19 aceleró esta conciencia. El aislamiento y la ansiedad impulsaron a millones de personas a buscar contacto con la naturaleza. Se revaloraron espacios verdes que antes pasábamos por alto. Se evidenció que no son un lujo estético, sino una infraestructura de salud pública.

En la zona metropolitana de Guadalajara tenemos muchos de esos espacios. Contamos con 13 parques y bosques urbanos, además del Bosque La Primavera, al poniente de la ciudad, con sus muchos ríos de aguas termales donde me gusta estar.

CORTESÍA/Erika Caballero 
CORTESÍA/Erika Caballero 

Sobre el autor

Víctor González es especialista en comunicación pública de la ciencia. Actualmente es conductor del podcast Crónicas del Antropoceno y del Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano NCC Radio.

Para saber

Crónicas del Antropoceno es un espacio para la reflexión sobre la época humana y sus consecuencias producido por el Museo de Ciencias Ambientales de la Universidad de Guadalajara que incluye una columna y un podcast disponible en todas las plataformas digitales.

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