Lunes, 05 de Octubre 2026

La ciudad abrió sus puertas al mundo

Desde su primera edición, el Festival Cultural de Mayo convirtió a Jalisco en escenario de propuestas internacionales de países como Polonia, Austria, España, Estados Unidos y Francia

Por: El Informador

La Orquesta Filarmónica de Jalisco clausuró la edición 25 del Festival Cultural de Mayo, en el Teatro Degollado con el director Toshiyuki Shimada como invitado. EL INFORMADOR/ Archivo

La Orquesta Filarmónica de Jalisco clausuró la edición 25 del Festival Cultural de Mayo, en el Teatro Degollado con el director Toshiyuki Shimada como invitado. EL INFORMADOR/ Archivo

En mayo, Guadalajara comenzó a mirar más allá de sus propios límites. En 1998 nació el Festival Cultural de Mayo (FCM), impulsado por el promotor cultural Sergio Alejandro Matos, su fundador y director general. El proyecto surgió con una vocación clara: acercar al público a distintas expresiones culturales y convertir a la ciudad en un punto de encuentro para artistas y propuestas de otras latitudes.

EL INFORMADOR documentó aquella primera edición, de ocho días, como una celebración centrada en la música y la danza y pensada para acercar la cultura a todo público.

Desde entonces, el festival creció hasta ocupar teatros, museos, plazas y espacios públicos. El Teatro Degollado y el Instituto Cultural Cabañas se convirtieron en escenarios recurrentes, mientras las calles y plazas comenzaron a formar parte de la programación.

La ciudad dejó de ser solamente sede. Se convirtió en escenario.

El salto internacional

Durante sus primeros años, el festival consolidó una programación principalmente musical. El cambio llegó en 2003, cuando Hungría se convirtió en el primer país invitado de honor. A partir de ahí, el encuentro adoptó una dimensión internacional más definida: Polonia en 2004, Austria en 2005, España en 2006, México en 2007, Alemania en 2008 y Japón en 2009, entre otros.

Cada edición comenzó a construir su propia identidad alrededor de las culturas invitadas. La música continuó como uno de los ejes, pero a ella se sumaron danza, teatro, artes visuales, literatura y otras disciplinas. Mayo comenzó a ser también una forma de viajar sin salir de Guadalajara.

En 2004, Polonia ocupó el centro de la séptima edición. La programación reunió músicos, agrupaciones corales, compañías de danza y artistas de distintas disciplinas. Entre los participantes estuvieron el Coro de la Universidad Adam Mickiewicz, el Cuarteto de Cuerdas Silesiano, la Orquesta de Cámara Sonata de Varsovia y la Compañía de Danza-Ballet de Poznan.

La presencia polaca mostró que el país invitado podía ser mucho más que una nacionalidad dentro del programa: podía convertirse en el hilo conductor de una edición completa.

Un año después, en 2005, Austria tomó el relevo. La inauguración en el Teatro Degollado reunió a la Orquesta Filarmónica de Jalisco y al Trío Altenberg de Viena. El programa pasó por Mozart, Beethoven y Mahler, en una noche que vinculó a la orquesta jalisciense con músicos de la tradición vienesa.

La programación austríaca también se extendió hacia las artes visuales. El festival comenzaba a demostrar que un país invitado podía ocupar varios lenguajes artísticos al mismo tiempo.

En 2006 llegó España. La novena edición amplió todavía más el mapa artístico. Las artes visuales, la música, el teatro y la danza convivieron en distintos espacios de Guadalajara. La programación incluyó obras gráficas de Francisco de Goya, además de propuestas musicales y escénicas.

El festival ya no se concentraba en un solo recinto ni en una sola disciplina. Los grandes teatros compartían protagonismo con plazas y espacios abiertos.

En 2009, Japón fue invitado de honor y el festival alcanzó 358 artistas, 118 actividades y 14 municipios de Jalisco, con música, ópera, artes plásticas, gastronomía, danza, cine y conferencias. El propio festival planteaba entonces la creación de nuevos públicos mediante propuestas contemporáneas y de vanguardia.

Dos años después, Estados Unidos protagonizó la edición 14. En 2011 se programaron más de un centenar de actividades en Guadalajara, Zapopan, Tonalá y Tlaquepaque, con la participación de 443 artistas. Uno de los ejes fue el Encuentro Binacional de Culturas Indígenas, que reunió representantes de pueblos de México y Estados Unidos, además de conferencistas internacionales.

El festival había dejado de ser solamente una cartelera de espectáculos. También comenzaba a funcionar como espacio de diálogo.

Sin duda, la historia del Festival Cultural de Mayo puede leerse como la historia de una ciudad que amplió su mirada. Primero fueron la música y la danza. Después llegaron los países invitados, las exposiciones, el teatro, la danza contemporánea, la música electrónica, el circo y los encuentros entre culturas.

Francia y las nuevas sonoridades

La vocación por llevar las propuestas internacionales al espacio público tuvo uno de sus momentos más visibles en 2017, durante la celebración de la vigésima edición.

Aunque Francia había sido país invitado en 2013, la edición de 2017 reunió nuevamente propuestas francesas dentro de una programación con varios países invitados. La Plaza de la Liberación recibió a artistas como Thylacine, Acid Arab e Iphaze, vinculados con la música electrónica, mientras compañías internacionales participaron en actividades de arte callejero.

La música contemporánea salió entonces de los recintos y encontró otro tipo de público: el que transitaba por la plaza, caminaba por el Centro o llegaba atraído por una actividad gratuita.

De Beethoven al circo contemporáneo

En 2024, el festival dedicó su edición a los 200 años del estreno de la Novena Sinfonía de Beethoven. La Orquesta Filarmónica de Jalisco participó en la inauguración y el pianista británico Llyr Williams interpretó el ciclo completo de las 32 sonatas de Beethoven, presentado por primera vez en Latinoamérica. La programación también incluyó artistas de Georgia, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, España y otros países.

En 2025, Canadá tomó protagonismo. La compañía Rubberband inauguró el programa con Reckless Underdog, espectáculo de danza presentado en el Teatro Degollado. Y en 2026, al llegar a su edición número 29, el festival reunió a más de 360 artistas de ocho países en más de 50 actividades. La inauguración estuvo a cargo de la compañía australiana Circa, con Duck Pond, una reinterpretación circense de El lago de los cisnes presentada por primera vez en Latinoamérica.

CT

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