Cuando José Benítez murió en 2009, "La creación del mundo" quedó inconclusa. Había terminado nueve de las 21 tablas que integran el mural. Durante más de una década, la obra permaneció suspendida en la incertidumbre del tiempo hasta que su hijo, Fidencio Benítez, retomó el proyecto y concluyó las doce piezas restantes.Esa historia de continuidad familiar es el punto de partida de "Niérika. Visiones de la creación. José y Fidencio Benítez", exposición que abre sus puertas este jueves en el MUSA Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara y que permanecerá abierta hasta el 18 de octubre. La muestra reúne por primera vez "Kiekari Muyu" "Tawewitsie" (La creación del mundo) y "Kiekari Xakaariyari" (El cuerpo del mundo), dos murales conformados por 21 tablas de madera intervenidas con cera y estambre que ofrecen una lectura de la cosmovisión wixárika mediante símbolos, deidades, animales y relatos sobre el origen del universo.Pero detrás de esa reunión también hay una historia de búsqueda. Uriel Nuño Gutiérrez, coordinador de Extensión y Acción Social de la Universidad de Guadalajara, recordó que el proyecto tomó forma a partir de un hallazgo ocurrido mientras trabajaba en el norte de Jalisco. "Cuando tuve la oportunidad de visitar el norte como académico conocí nueve tablas de nierikas elaboradas por José Benítez. Yo ya sabía que había concebido una trilogía donde, desde la cosmovisión wixárika, explicaba la creación del universo, del mundo, de los pueblos y de todas las formas de vida que habitamos este planeta", explicó. "La primera parte, La semilla del mundo, ya existía, pero la segunda había quedado inconclusa porque José Benítez falleció en 2009. Solamente habían quedado nueve de las 21 tablas y durante muchos años pocas personas conocíamos ese antecedente. Ahí permanecían esas piezas sin saber cuál sería su destino".La posibilidad de completar el mural apareció gracias a una coincidencia. "Encontré una tabla en una galería de Tlaquepaque con toda la iconografía de Benítez. Pregunté de quién era y me dijeron que era de Benítez, pero no del padre. Entonces aclararon que se trataba de Fidencio Benítez, su hijo. A partir de ese momento emprendimos una búsqueda hasta localizarlo en 2022".Se emprendió entonces la búsqueda del hijo y del legado de Benítez. Cuando Fidencio recibió la invitación, conoció y restauró las nueve tablas que había concebido su padre, y además aceptó concluir las doce piezas restantes. Nadie más podía hacerlo, pues ningún artista wixárika desarrolla una obra de esta magnitud solo; siempre trabaja acompañado de su familia. La Universidad de Guadalajara respaldó entonces la continuación del proyecto y, más adelante, también encomendó a Fidencio la realización de la tercera pieza de la trilogía."Por eso hay mucho que agradecerle a él y a su familia. Y, a través de Fidencio, también agradecemos a José Benítez, quien seguramente, acompañado por sus ancestros, estará satisfecho de que hoy podamos compartir la obra que él inició y que su hijo concluyó", dice Uriel Nuño Gutiérrez.Para Fidencio Benítez —Iritemay, o Flecha Joven, en wixárika—, concluir el mural no representa únicamente el cierre de un proyecto artístico, sino la continuidad de un aprendizaje que comenzó durante la infancia. "Empecé a ayudarle a mi papá cuando tenía doce años. Él comenzó a enseñarme y aprendí acompañándolo a las peregrinaciones, a Wirikuta, a Real de Catorce y a los cuatro puntos cardinales. Gracias a esos recorridos fui conociendo toda la cosmovisión wixárika", dice, en entrevista con EL INFORMADOR.Las piezas que integran la exposición fueron elaboradas mediante la técnica tradicional de estambre y cera sobre madera. Cada figura se construye colocando hilo sobre una base de cera hasta formar complejas composiciones simbólicas. "Aquí están La creación del mundo y El cuerpo del mundo. Cada una está integrada por 21 cuadros. Trabajamos sobre madera utilizando cera e hilos de colores. Las figuras se construyen sobre la cera y, poco a poco, vamos trazando cada forma hasta completar toda la obra".El artista reconoce que aceptar la invitación para concluir el mural inconcluso de su padre fue un momento inesperado, y sabe que implica mucho más: es seguir conversando con su padre, seguir trabajando con él, continuar su legado. "Fue una sorpresa porque yo no sabía que mi papá había dejado esa obra inconclusa, que solamente había alcanzado a terminar nueve tablas. Cuando me lo dijeron me sorprendí mucho, pero después sentí una gran alegría porque entendí que el mensaje seguía vivo", asegura. "Me siento muy alegre porque la obra no quedó a medias. Pudimos continuarla hasta terminarla y eso nos da mucha satisfacción. En los sueños él sigue guiándome. Me da mensajes y siento que continúa acompañándome".La exposición también acerca al público a los nierikas, tablas votivas que funcionan como relatos visuales de la cosmovisión wixárika. En ellas convergen el conocimiento, la historia, la espiritualidad y la memoria colectiva de un pueblo cuya tradición se ha transmitido de generación en generación por vía oral. Los dos murales presentan narraciones sobre la creación del mundo, el origen de los seres que habitan el universo y la presencia de Takutsi Nakawé, una de las principales figuras creadoras dentro de esta tradición.Más allá del valor artístico de las piezas, la exposición también recupera una historia de continuidad familiar. Un mural que permaneció incompleto durante diecisiete años vuelve a presentarse íntegro gracias a la colaboración entre un padre y un hijo, unidos por la misma tradición artística y espiritual.*Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp. AO