Domingo, 09 de Agosto 2026

Evangelio de hoy: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

Cristo no nos salva de la fatiga de la navegación, sino que nos impulsa a partir, nos invita a afrontar las dificultades

Por: Dinámica pastoral UNIVA

Cristo hoy repite a cada uno de nosotros: “¡Animo, soy yo, no temas!”. WIKIPEDIA/

Cristo hoy repite a cada uno de nosotros: “¡Animo, soy yo, no temas!”. WIKIPEDIA/"Cristo en el Mar de Galilea", de Jacopo Tintoretto

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA

1 Reyes 19, 9a. 11-13a

Al llegar al monte de Dios, el Horeb, el profeta Elías entró en una cueva y permaneció allí. El Señor le dijo: “Sal de la cueva y quédate en el monte para ver al Señor, porque el Señor va a pasar”.

Así lo hizo Elías y, al acercarse el Señor, vino primero un viento huracanado, que partía las montañas y resquebrajaba las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Se produjo después un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Luego vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego se escuchó el murmullo de una brisa suave. Al oírlo, Elías se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva.

SEGUNDA LECTURA

Romanos 9, 1-5

Hermanos: Les hablo con toda verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me atestigua, con la luz del Espíritu Santo, que tengo una infinita tristeza, y un dolor incesante tortura mi corazón.

Hasta aceptaría verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos, los de mi raza y de mi sangre, los israelitas, a quienes pertenecen la adopción filial, la gloria, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Ellos son descendientes de los patriarcas; y de su raza, según la carne, nació Cristo, el cual está por encima de todo y es Dios bendito por los siglos de los siglos. Amén.

EVANGELIO

Mateo 14, 22-33

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

Entretanto, la barca iba ya muy lejos de la costa, y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron, y decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.

Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.

Cuando Dios no cabe en nuestras imágenes

En la primera lectura de este domingo el profeta Elías llegó al Horeb convencido de saber cómo debía manifestarse Dios. Esperó encontrarlo en el viento que quebraba las rocas, en el terremoto o en el fuego. Pero Dios no estaba allí. Finalmente lo reconoció en la voz de un silencio tenue. Para escuchar aquella voz, Elías tuvo que soltar sus certezas.

A las personas religiosas puede sucedernos lo mismo. Imaginamos que Dios está donde nuestras ideas suenan más fuertes, las normas parecen más claras y las comunidades se parecen a nosotros. Cuando encontramos a alguien cuya vida no cabe en nuestros esquemas, preguntamos si pertenece, en vez de preguntarnos qué puede estar diciéndonos Dios por medio de esa persona.

Del 30 de julio al 2 de agosto, católicos LGBTQ+ de distintos lugares del país se reunieron en Torreón en el IV Encuentro Nacional de la Red Católica Arcoíris México. Bajo el lema “Hermandad y servicio”, oraron, celebraron la Eucaristía, compartieron sus experiencias y realizaron acciones de acompañamiento.

No eran personas situadas fuera de la Iglesia solicitando permiso para entrar. Eran católicos bautizados reuniéndose como Iglesia. Su oración y su servicio no les conceden dignidad ni hacen que merezcan ser aceptados. Esa dignidad les pertenece desde siempre porque han sido creados a imagen de Dios. El bautismo los hace miembros del cuerpo eclesial. La importancia del encuentro no consiste en demostrar que los católicos LGBTQ+ pueden ser buenos cristianos. Su importancia eclesial consiste en hacer visibles dones, heridas, búsquedas y experiencias de Dios que la Iglesia necesita escuchar.

El encuentro de Torreón deja ante la Iglesia una pregunta sencilla y exigente: ¿sabremos reconocer a Dios cuando se acerca por caminos distintos de los que esperábamos?

Elías salió de la cueva después de reconocer a Dios de una manera inesperada. Quizá nosotros también debamos salir: no para “acoger” a los católicos LGBTQ+ como visitantes, sino para reconocerlos como hermanos y hermanas.

Una Iglesia que obliga a cualquiera de sus miembros a permanecer en los márgenes todavía no refleja plenamente el corazón de Dios.

Luis A. Macías, SJ - ITESO

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