Domingo, 26 de Julio 2026

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Evangelio de hoy: El tesoro escondido

El discípulo de Cristo no es uno que se ha privado de algo esencial; es uno que ha encontrado mucho más

Por: Dinámica pastoral UNIVA

Se nos dice que hay que renunciar a todo para seguir a Jesús: hay que valorarlo por encima de todas las posesiones y puestos de importancia. WIKIPEDIA/

Se nos dice que hay que renunciar a todo para seguir a Jesús: hay que valorarlo por encima de todas las posesiones y puestos de importancia. WIKIPEDIA/"El tesoro escondido", de Rembrandt van Rijn

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA

1 Reyes 3, 5. 7-12

En aquellos días, el Señor se le apareció al rey Salomón en sueños y le dijo: "Salomón, pídeme lo que quieras, que yo te lo daré".

Salomón le respondió: "Señor, tú trataste con misericordia a tu siervo David, mi padre, porque se portó contigo con lealtad, con justicia y rectitud de corazón. Más aún, también ahora lo sigues tratando con misericordia, porque has hecho que un hijo suyo lo suceda en el trono. Sí; tú quisiste, Señor y Dios mío, que yo, tu siervo, sucediera en el trono a mi padre, David. Pero yo no soy más que un muchacho y no sé cómo actuar. Soy tu siervo y me encuentro perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que es imposible contarlo. Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal. Pues sin ella, ¿quién será capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan grande?"

Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido sabiduría y le dijo: "Por haberme pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar, yo te concedo lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti. Te voy a conceder, además, lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar contigo".

SEGUNDA LECTURA

Romanos 8, 28-30

Hermanos: Ya sabemos que todo contribuye para bien de los que aman a Dios, de aquellos que han sido llamados por él según su designio salvador.

En efecto, a quienes conoce de antemano, los predestina para que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo, a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A quienes predestina, los llama; a quienes llama, los justifica; y a quienes justifica, los glorifica.

EVANGELIO

Mateo 13, 44-52

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.

El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.

También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.

¿Han entendido todo esto?'' Ellos le contestaron: "Sí". Entonces él les dijo: "Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas".

Una propuesta sorprendente

Imaginemos un vendedor de autos que nos dice: “usted no se preocupe. Maneje el auto, disfrútelo unas semanas y, cuando se sienta bien con el auto, viene y lo compra”. Podemos pensar lo mismo de un vendedor de ropa que diga: “pruébesela, mire si le queda bien. Vaya a un evento social y disfrute su prenda. Cuando se sienta bien, regresa y la paga”. Estas situaciones son de sentido común: ningún vendedor hará eso jamás. Sin embargo, la parábola de Jesús de este domingo muestra, justamente, cuán distinta es la lógica del Reino de Dios.

Jesús nos propone dos personajes. El primero, alguien que se encuentra un tesoro en un campo que no es suyo. El segundo, un comerciante de perlas. El primero encuentra un tesoro y el segundo una perla de gran valor. Ambos venden todo lo que tienen para adquirir el terreno o la perla, algo que supera en valor todas sus posesiones. Se nos dice que hay que renunciar a todo para seguir a Jesús: hay que valorarlo por encima de todas las posesiones, de todos los puestos de importancia, de la situación social, de los honores y la fama. Hay que ponerlo por encima de todo, vender todo lo que se tiene, aunque no tengamos gran cosa.

En lo que casi nadie se fija es en el primer momento. Tanto el suertudo que encuentra el tesoro como el comerciante de perlas, tienen primero una experiencia del tesoro que quieren adquirir. Saben de primera mano que vale la pena venderlo todo para adquirir el campo del tesoro o la perla. No van detrás de una idea, van detrás de algo que les ha dejado una experiencia, algo muy concreto en su vida.

Los cristianos hemos olvidado esta primera parte. Podemos disertar sobre el Reino de Dios, podemos decir por qué tendríamos que optar por él. ¿Pero cuándo nos hemos lanzado a disfrutarlo, a hacer la experiencia? Porque si no, ¿cómo sabremos cuál es su valor? Primero hay que probar. Ya después cada uno venderá todo lo que tiene.

Rubén Corona, SJ - ITESO

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