Domingo, 25 de Octubre 2020

Unos días de la vida de Emilio Renzi

Recordamos la obra de Ricardo Piglia, en la que revela a un personaje volcado en su pasión literaria

Por: Jorge Pérez

Ricardo Piglia. El autor realizó una importante curaduría de vivencias. ESPECIAL

Ricardo Piglia. El autor realizó una importante curaduría de vivencias. ESPECIAL

“Siempre quise ser solo el hombre que escribe”, se lee en “Los diarios de Emilio Renzi”, la trilogía con la que cerró su obra Ricardo Piglia (1941-2017). Publicados primero entre 2015 y 2017 en el catálogo de Anagrama, la triada vio en 2019 su primera edición en un solo volumen en DeBolsillo, con más de 1,200 páginas que develan la vida de alguien que vivió para escribir.

La vocación literaria de Ricardo empezó con una mudanza obligatoria, cuando en 1957 tuvo que abandonar su natal Adrogué: el adolescente huyó con su familia por el clima político y la filiación de su padre. Hasta ese año se remonta la primera entrega de los diarios, titulada “Los años de formación” (que abarcan hasta 1967). Como género hermano de la “novela de formación”, las páginas que ocupan este periodo son un “diario de formación”, con un guiño al diario de otro escritor: Tolstói, cuyas anotaciones están presentes a lo largo de toda la trilogía.

Desde el arranque de la primera parte se advierte el doble tono con el que Piglia decidió sentarse a escribir cotidianamente: por un lado una curaduría de las vivencias diarias, inevitables, pero por el otro lado con el énfasis en la labor literaria (desde la lectura hasta los proyectos). Al igual que Salvador Elizondo, el diario parece ser un espacio de experimentación desde donde se perfila la escritura de ficción (a Elizondo solo lo menciona una vez, y por una traducción: hay otros autores mexicanos que frecuentaba en sus lecturas según evidencias sus entradas del diario, como Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Vicente Leñero, Fernando del Paso y José Agustín).

En “Los años felices”, la segunda parte que abarca de 1968 a 1975, leemos sobre el día a día, algo que se vuelve una ventana para conocer el ambiente literario en la Argentina de los años sesenta. Luego de la formación literaria y cinéfila (y en historia en la universidad), Piglia termina de entrar a la adultez al empezar a trabajar en proyectos editoriales (libros y revistas). En el diario nos enteramos también de los detalles y sus lecturas para editar la famosa Serie Negra, enfocada en el género policiaco. Entre el ir y venir por las calles de La Plata (primero) y Buenos Aires (después) el escritor detalla los pagos, las deudas y los trabajos con los que sobrevivía el mes: “Así se gana la vida, desperdigándose, un escritor en la Argentina”, escribió.

Poco a poco, la vida pública se va adentrando en la escritura en los cuadernos, con el peso de la persecución política y las sombra del golpe de Estado, cuyas consecuencias terminan por narrarse en la tercera parte, titulada “Un día en la vida” (“Los años de la peste” es el subtítulo con el que Piglia califica una de las etapas dictatoriales en Argentina). La preocupación por las desapariciones forzadas (sistemáticas y arbitrarias por parte de los militares), los amigos exiliados y la crisis social marca el periodo de 1976 a 1982, lo último que fecha el diario. A cambio, Piglia pone en la balanza su testimonio de escritura de “Respiración artificial” (publicada en 1980), su primera novela a la que siguieron “La ciudad ausente”, “Plata quemada”, “Blanco nocturno” y “El camino de Ida”. Poco antes Ricardo relata los procesos de las colecciones de cuentos “Jaulario” y “Nombre falso”, publicados en Cuba y en México respectivamente.

Una reflexión que ronda la pluma del diarista en diferentes etapas es la de la propia labor de escritura, no la de ficción, sino la misma actividad de sentarse a escribir “estas páginas”. La acumulación de cuadernos con sus notas provocó en el autor la necesidad de volver a lo escrito con cierta frecuencia, a veces releyendo, otras transcribiendo. Según lo manifiesta, desde una temprana época estaba en la cabeza la idea de publicar los diarios. A diferencia de las publicaciones póstumas, este diario tuvo el visto bueno del autor para compartirse con sus lectores (como los diarios de los hermanos Goncourt). Se infiere desde el título: Emilio Renzi es Ricardo (su segundo nombre y su segundo apellido), un personaje que habitó sus ficciones como alter ego y protagonista de relatos y novelas. Este juego de dobles, muy borgeano, se sintetiza en una de frase escrita en el diario: “Hay que vivir en tercera persona”.

La posteridad de los diarios

“Nunca sospeché que mi papá llevaba un diario”, platicó el historiador Jean Meyer cuando presentó “El libro de mi padre: o una suite europea”, basado en el archivo paterno. A diferencia de otros diaristas que esconden o queman sus cuadernos, Ricardo no solo quiso compartir su escritura en los diarios a través del espejo literario de Emilio Renzi, pues también aceptó filmar un documental donde exploró su escritura y su pasado.

Dirigido por Andrés di Tella y con el título de “327 cuadernos”, la cinta echa una mirada al acto de escribir y recordar. “327 cuadernos” se estrenó en 2015, cuando se publicó la primera parte de los diarios. Esta no fue la primera colaboración de Di Tella y Piglia, pues veinte años atrás Andrés dirigió “Macedonio Fernández”, un filme donde Ricardo conduce al espectador por la vida y obra del influyente escritor argentino.

Tapatío

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