Lunes, 30 de Marzo 2020

Una isla como espejo del mundo

Con su más reciente libro “El archipiélago del perro”, el escritor centra su historia en una geografía imaginaria

Por: Jorge Pérez

Expone. El escritor deja plasmado en su obra la realidad política y social actual. EL INFORMADOR / G. Gallo

Expone. El escritor deja plasmado en su obra la realidad política y social actual. EL INFORMADOR / G. Gallo

El escritor francés Philippe Claudel publicó en 2019 su novela “El archipiélago del perro”, dentro del sello editorial Salamandra. Con la trama ubicada en una isla, la pequeña sociedad que relata el autor presenta el conflicto de esconder un supuesto crimen en pos de mejorar la economía local. Sobre el origen de esta historia, Claudel platicó:

-Fue por el mundo contemporáneo, el mundo de hoy y notablemente los fenómenos migratorios que hemos conocido desde hace unos años. Ya había escrito en otro libro sobre personajes migrantes: aunque más que migrantes son refugiados. Lo que me interesa es demostrar la indiferencia de mis conciudadanos. Hay quienes prefieren no mirar a esas personas que sufren. Yo quise escribir un libro realista, tomé algo de distancia para hacerlo como una fábula, en una geografía imaginaria. Puede ser cualquier lugar, es una isla aislada, no hay muros, pero es parecido.

-¿No ponerle nombres a los personajes fue para buscar que sea más como una fábula?

-Sí, ya lo había hecho en otros libros, “Almas grises” o “El informe de Brodeck”. No les doy un nombre a los personajes pero existen por su función. Lo que me interesa es también tener arquetipos, las grandes figuras. No es para que el lector vea que un personaje existe con su nombre: no, no es así, tiene una función como madre, como médico. Tienen un lugar político, en la ciencia, en la religión. Eso es lo que me atrae.

-Es también una alegoría: en la novela el profesor representa la razón, aunque por su historia es algo pesimista.

-Aquí el profesor es un idealista, es alguien que persuade que la vida puede ser como en los libros. Las ideas del bien, de caridad, de razón, todo eso puede triunfar. Pero en efecto el mundo busca demostrar lo contrario: la bestialidad, la corrupción, los crímenes. Quiero señalar eso. En muchos países está. Veamos a Trump, hay varios países que ahora son dirigidos por los más estúpidos. Tienen una inteligencia a corto plazo, egoísta. Aunque no soy pesimista, si lo fuera hubiera escrito el libro y no lo publicaría. Soy optimista, quiero pasar el mensaje.

-En el libro el profesor es un migrante, aunque del mismo país, pero es un foráneo en la isla.

-Sí. Yo nací y vivo en una región al Este de Francia, con un gran flujo de migración. Desde el comienzo del siglo XX tuvimos a muchos italianos, polacos, fueron a trabajar a las minas de carbón, a la industria. Esas mismas personas, los descendientes, ahora rechazan a los migrantes: sus padres, aunque sus abuelos lo fueron. Siempre somos migrantes, y muchas veces olvidamos que lo fuimos. Adoptamos actitudes de rechazo o de indiferencia.

-El profesor busca defender la verdad, aunque contravenga los planes económicos.

-La verdad sola no es nada. Hay un filósofo francés que me ha influenciado mucho, Pascal. Él veía a los errores comunes como verdades mal repartidas: dicho de otra manera, es preferible que todo el mundo esté equivocado en lugar de tener solo a una persona que esté en lo correcto. Es el caso en la novela: el profesor tiene una actitud humana, pero no importa nada. Los otros están de acuerdo en estar en su contra.

-Es una novela de oposiciones, con ciertas ideas que dialogan.

-Cada uno tiene sus razones, para la madre su ideal es que la comunidad siga unida, con tal de que siga el proyecto económico. No importa esconder las muertes. Todos están convencidos de tener la razón, así hay ejemplos terribles en la historia. En el siglo XX los nazis creían tener la razón, pero es algo increíble. Por otro lado, es el viejo modelo: la imagen del viejo mundo, de Europa y América, representa un modelo de vida y un sistema económico dominante y que funciona bien para ellos, por eso quieren conservarlo aunque el resto del mundo quiera cambiarlo. Es estar encerrado en sí mismo, como en una isla. Como el Brexit. Son metáforas y alegorías que están presentes.

-Durante la narración remite a una novela rusa, de la cual no menciona nombre o autor, ¿existe? ¿Qué autores leyó al escribir esta novela?

-La novela rusa no existe, la creé para la novela, es ficticia. La resumí allí, si alguien quiere escribir puede hacerlo. Durante la escritura leí la poesía de Leopardi, lo cito al comienzo, y también a Dante, sobre todo: fue por la mitología. Creo que es una novela muy influenciada por los textos fundacionales, las mitologías de la Iliada y la Odisea, los mitos romanos y griegos. Indirectamente es un libro que habla del nuestra crisis climática y ecológica, el mar y el envenenamiento, el hombre confrontado por los elementos que lo perturban y que replantean nuestro lugar en la vida.

-Mencionas que no eres pesimista, aunque hay un momento en donde resulta que la pesadilla es la realidad.

-Es una manera de decir que nos podemos despertar. Lo importante es de no dejar que la pesadilla se convierta en esa realidad a la que despertamos. Por ejemplo, en Francia el fenómeno migratorio que hemos tenido en años recientes podría ser apenas el comienzo de un gran movimiento humano en todo el mundo, en este siglo. Necesitamos despertar. No es solo por las razones políticas con los regímenes sirios, iraquíes o libios: será cada vez más por razones climáticas, por catástrofes, la desertificación. En este siglo continuará ese movimiento, y si ahora son unas decenas de miles de personas, ¿qué haremos cuando sean millones?

Reconoce a los autores latinos

A propósito de su visita a Guadalajara, Philippe Claudel habló de la influencia que han tenido escritores en español: “A mí me ha influenciado mucho la literatura latinoamericana. El autor más conocido para mi generación fue Carlos Fuentes, mexicano. Pero todos los latinoamericanos: los colombianos, chilenos, uruguayos, chilenos, etcétera. Todos me han aportado una forma de libertad en la escritura, en contraste con la literatura francesa que es muy cartesiana, regida por la razón. La literatura latinoamericana es muy fantástica, muy maravillosa y barroca, hay fábula, surrealismo. Todo eso me ha ayudado a construir mi literatura”.

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