Martes, 07 de Abril 2020

Memoria de un viaje por Europa 

Por primera vez llega la traducción al español del diario de viajes de Mary Shelley, en “Andanzas por Alemania e Italia”

Por: El Informador

Memoria de un viaje por Europa 

Memoria de un viaje por Europa 

Un texto desconocido en español de una autora clásica de la literatura universal llega a la mesa de las novedades: “Andanzas por Alemania e Italia” (1842-1843), de Mary W. Shelley. La célebre escritora británica registró en una serie de cartas su viaje por el continente, un testimonio de la época y su visión de mundo que ahora está disponible por primera vez para los lectores en español gracias a la traducción de Alejandro González Ormerod y la edición de Minerva Editorial para su colección “Ínsula” (con prólogo de la poeta y traductora Tanya Huntington). Los editores Santiago Hernández Zarauz y Alberto G. Grillasca platicaron sobre este proyecto editorial que transporta al lector de la mano de Shelley a otro siglo: 

—¿Cómo comenzó este proyecto para traducir y editar estos textos de Mary W. Shelley?
—Las “Andanzas” de Mary Shelley por Alemania e Italia son el segundo volumen de la colección “Ínsula”. Partiendo de la premisa de que la traducción también es creación, inauguramos un espacio que reflexiona el ensayo y la narrativa, a través de la pluma de autores clásicos. Sin embargo se trata de selecciones de sus cuadernos de viaje; en su lectura aparece una atmósfera de intimidad y una voz distinta a la que estos grandes exponentes de la literatura imprimían en sus textos más famosos.

—¿Qué se buscó resaltar en la selección?
—La selección está pensada con los pasajes más visuales del diario, sin embargo también se realizó un trabajo de curaduría editorial que se sumerge en la postura política de la autora.

—El formato epistolar es común en la época (incluso en otros libros de Shelley). En su opinión, ¿qué tan fresca consideran la lectura de este libro? ¿Qué nos dice hoy en día?
—Es verdad que las cartas van dirigidas a la hermana de Shelley, sin embargo es interesante pensar en cómo sus palabras se han resignificado con el paso de los años. No solo la configuración geográfica de Europa es distinta (en las cartas de Shelley se lee un ambiente beligerante generalizado por todo el continente), sino que también la manera en la que relata sus recorridos dista mucho de cómo se podría realizar ese viaje hoy en día. Las cartas son una cómoda manera de leer este libro en trayectos cortos de nuestro día a día.

—El trabajo de edición incluye una serie de viñetas, ¿cómo fue su inclusión?
—La colección “Ínsula” está acompañada de una gráfica original elaborada por el artista Alberto García Grillasca, editor de arte de la Minerva. Cuando realizamos las traducciones, trabajamos muy cerca con los traductores y prologuistas de nuestros libros. Eso nos permite encontrar las pausas y las imágenes más claras que piden una ilustración en su lectura. Eso sin mencionar el mapa que acompaña al lector en el recorrido; no solo es una manera de situarlo espacio-tiempo en una cartografía, sino que también reviste al libro de un afiche que le da cuerpo a la pieza.

—El acto de viajar ha cambiado mucho desde la época de Mary hasta nuestros días. El libro es un testimonio de cierta variante de esa práctica, ¿qué es lo que más llama la atención de esas diferencias con la actualidad?
—Cuando presentamos la colección, el escritor Camilo Rodríguez hacía una lectura entre cómo hoy en día viajamos para compartir nuestra experiencia con los demás. Como si tomar una selfie o subir una fotografía a nuestras redes fuese ese acto que terminara de consagrar la experiencia del viaje mismo. En los diarios de viaje que editamos se siente una experiencia distinta; aunque los diarios fueron escritos (incluso dictados, en el caso de Montaigne) para relatar y compartir un viaje, es verdad que se trata de experiencias mucho más íntimas. Parece que con la globalización recalcitrante, la experiencia de viaje se ha homogenizado bastante. ¿En verdad podemos decir que viajamos cuando viajamos? “Ínsula” es una manera interesante de sumergirnos en esa pregunta.

—Como ejercicio de imaginación: ¿cómo creen que viajaría la escritora en nuestros días?
—¡Que linda pregunta! Las “Andanzas…” no dejan de evidenciar que Shelley viaja con la cautela y el estado de alerta que una mujer de su clase debía de mantener al viajar por Europa. Incluso siendo chaperona de un grupo en el que estaba su hijo y sus amigos, Shelley escribe desde su lugar como mujer. Hoy en día podríamos imaginar a una Shelley reflexiva. Atenta a todos los movimientos políticos y sociales que atraviesa el mundo y al contexto de su país. Podríamos observarla desde la ventana de un tren que viaja —con caballos de fuerza que superan por mucho los equinos de su carroza— para conectar a su isla con Europa. Aunque podría mantener un estado de nostalgia también nos gusta pensar que se siente feliz por saber que su diario de viaje, no solo está en la mesa de novedades sino que se traduce, con el impecable trabajo de Alejandro González Ormerod, por primera vez al español.

Tapatío

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