Lunes, 17 de Febrero 2020

La magia del arte Wixárika

La pasada exposición "Grandes maestros del arte Wixárika", en el Museo Cabañas, atrajo a más de 60 mil visitantes

Por: Guillermo de la Peña

Es quizás la primera vez que en un recinto de la categoría del Cabañas se reconoce y celebra la autoría individual de los artistas indígenas.TWITTER / @museocabanas

Es quizás la primera vez que en un recinto de la categoría del Cabañas se reconoce y celebra la autoría individual de los artistas indígenas.TWITTER / @museocabanas

El domingo pasado, 12 de enero de 2019, fue el último día de la exposición Grandes maestros del arte Wixárika, en el Museo Cabañas, que atrajo más de 60 mil visitantes, entre junio y diciembre. El día anterior se había presentado el catálogo. Estoy convencido de que esta exposición es un acontecimiento trascendental para Guadalajara y para el Estado de Jalisco, pues nos revive la apreciación y el cariño por la cultura y la creatividad del mundo indígena del Centro-Occidente de México.

Un mundo que es parte integrante y valiosa de nuestra identidad como mexicanos. Y es oportuno recordar que el Acervo Negrín -el tesoro artístico expuesto- es probablemente la colección más completa y significativa de la obra creativa contemporánea de los wixaritari. Incluye esculturas de madera y piedra, tejidos y bordados, Ojos de Dios (tsikirite), jícaras, flechas votivas, grabaciones de música, poemas, fotografías y -a mi juicio lo más notable- 150 tablas decoradas con estambre (nierikate), realizadas por seis miembros de la generación que renovó este tipo de obras, a partir de la década de 1970: José Benítez Sánchez, Tiburcio Carrillo Sandoval, Guadalupe González Ríos, Lucía Lemus de la Cruz, Juan Ríos Martínez y Pablo Taizán de la Cruz.

Como resaltó la Secretaría de Cultura de Jalisco en la presentación del catálogo, es quizás la primera vez que en un recinto de la categoría del Cabañas se reconoce y celebra la autoría individual de los artistas indígenas. La exposición es un homenaje a ellos, pero también a los iniciadores y promotores de esta colección, Juan Negrín Fetter (q.e.p.d.) e Yvonne da Silva, y a toda la familia Negrín da Silva, por la gran hazaña de guardar, conservar y documentar cuidadosamente la colección. En particular, hay que dar las gracias a Diana Negrín da Silva, por su eficaz y devota labor de curaduría de la exposición y coordinación del catálogo.

Al pensar en las piezas que integran el acervo, me viene a la mente un ensayo de Octavio Paz que lleva por título “el uso y la contemplación”. En este ensayo, el poeta nos habla de la estética de la artesanía en relación a la estética de la obra de arte.

Las artesanías son obras replicables, repetibles, que siempre tienen un sentido, una función, un uso. Eso no les disminuye el valor estético, si están bien hechas. Su belleza florece en la factura, en la habilidad técnica con que están producidas, pero “es inseparable de su función”. En contraste, suele pensarse que la obra de arte es única, irrepetible, porque expresa la visión personal y única del artista. Su sentido está en ella misma. No tiene propiamente una función; su hermosura reside en la experiencia espiritual de quien la contempla.

Sin embargo -continúo glosando a Paz- la distinción entre arte y artesanía no es tan clara como pareciera. En los talleres de los grandes pintores y escultores europeos, desde el medioevo hasta la época moderna, muchas obras se replicaban, a veces por los aprendices. Y desde que existe la posibilidad de reproducir electrónicamente el arte -esto no lo dice Paz; lo escribió Walter Benjamin hace casi 100 años- ya no vale decir que es irrepetible. La música existe en su ejecución, siempre repetible. Por otro lado, sabemos que el arte europeo nació con funciones específicas; es decir, con un sentido religioso y didáctico. Y eso perdura en nuestra época. Por mencionar un ejemplo, ¿quién puede dudar del sentido didáctico y narrativo, incluso político, de la obra de los muralistas mexicanos? En realidad, lo que vuelve irrepetible y única a una obra de arte es la experiencia de quien la contempla o escucha o lee, que a su vez es inseparable del horizonte cultural donde se sitúa.

Ahora bien: en las obras del arte Wixárika encontramos un sentido que puede llevarnos a una experiencia única. Voy a referirme sobre todo a las magníficas tablas de estambre, que nos narran los mitos de origen del pueblo Wixárika y nos llevan a conocer su espiritualidad. Los delicados trazos y vivos colores nos descubren las características y las aventuras de las deidades ancestrales que viven en la naturaleza, se identifican con ella y a través de los ritos se comunican con los seres humanos. Además, tales narrativas expresan la visión personal de los artistas que las crearon, y a la vez nos permiten penetrar en su horizonte cultural.

Gracias a la hospitalidad del Museo Cabañas, a su directora y a su equipo, hemos gozado esta maravillosa exposición que nos revela el espléndido patrimonio cultural de los wixaritari, honra y prez del patrimonio cultural mexicano. La exposición llega a su fin, pero seguirá presente en otros espacios de las ciudades de nuestro país. Y nos queda el catálogo, bellamente diseñado por Arabela González Huezo.

El Acervo Negrín merece continuar siendo cuidado y conservado. También merece tener un lugar permanente en México. Ojalá esto sea posible.

*Investigador de CIESAS Occidente.

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