Lunes, 25 de Enero 2021

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“Cuentos” de Wolfe, redescubrir un clásico estadounidense

Páginas de Espuma hace una interesante recopilación en español de la obra de este autor; la traductora Amelia Pérez de Villar comparte cómo fue el trabajo
 

Por: Jorge Pérez

PROYECTO. Amelia Pérez de Villar hizo un proceso de traducción “como si no hubiera leído nada de él antes”, con los escritos del autor estadounidense. ESPECIAL

PROYECTO. Amelia Pérez de Villar hizo un proceso de traducción “como si no hubiera leído nada de él antes”, con los escritos del autor estadounidense. ESPECIAL

La editorial Páginas de Espuma publicó el volumen “Cuentos”, de Thomas Wolfe, a finales del año pasado. El libro recoge la narrativa breve del celebrado escritor estadounidense, un clásico de comienzos del siglo XX. Nacido en 1900 (y fallecido en 1938), el autor dejó varias novelas, teatro, pero sobre todo una nutrida bibliografía con más de medio centenar de cuentos que ocupan más de 900 páginas en esta primera edición de sus cuentos completos en español. Páginas de Espuma, editorial especializada en el género breve, suma a Thomas Wolfe a su serie de libros que recopilan la totalidad de los cuentos de escritores clásicos (Pessoa, Edith Wharton, Kate Chopin, Chejov y Poe).

En su introducción a “Cuentos”, la traductora Amelia Pérez de Villar comentó su acercamiento al trabajo de traducción, en el que trabajó como si no hubiese leído nada de él antes. Con ese punto de vista, la traductora y escritora nos compartió un balance de la obra de Wolfe a partir de sus cuentos a partir de esa mirada:

-Cuando llevaba preparado el borrador (lo que yo llamo “rough version” o traducción preliminar) de tres relatos, con un sinfín de llamadas, dudas, interrogantes y anotaciones, vi que ese era el modo de traducir todo el libro, que no iba a poder revisar cuento por cuento y dejar cada uno terminado del todo. Esa es la dinámica que aplico siempre, pero tratándose de una obra que abarca toda la vida activa del autor, pensé que esta vez podría ir ultimando los relatos como si fueran piezas aisladas del resto. Me equivocaba. Hay algunos así, pero en general los relatos están conectados, tienen un hilo conductor interno que no siempre es temático ni estilístico pero lo es todo a la vez… No era posible abordarlos como textos independientes, sino como piezas de una máquina total.

-Me parece que hay un cuento que resalta mucho esa sensación de “ver la vida pasar”, el titulado “Tan lejos, tan cerca”, que sintetiza cierto sentimiento de desazón que tienen muchos personajes de Wolfe. ¿Lo también cree así? ¿Qué otros cuentos consideraría que son ejemplares en cuanto al estilo y temáticas más características del autor?

-Es difícil elegir un relato que sintetice a Wolfe. Hacían falta todos, así, como los ofrecemos ahora. Casi ninguno trata sólo un tema. En todos ellos se repiten al menos dos, y cuando encontramos, avanzando unas páginas, un cuento que nos resulta parecido a otro, enseguida toma una ruta secundaria y acaba recordándonos a otro que no tiene nada que ver. Aparte de la comodidad de tenerle ahí a mano en un solo volumen, creo que este sea una de las grandes aportaciones de esta edición. “Tan lejos, tan cerca” no sólo sintetiza el sentimiento de desazón que usted menciona, que también: es el cuento total, y por ello uno de mis favoritos. Creo que debería emplearse en todos los talleres de relato para explicar a los estudiantes cómo se construye un cuento. Son tres páginas perfectas, donde se narra todo un mundo y toda una vida.

-Hay varios cuentos que remiten a la experiencia en el extranjero. Creo que en ellos se aprecia más el valor del cuento también como testimonio de la época y el lugar, ¿cómo cree que sus viajes por Europa influyeron su estilo de narrar?

-Yo creo que sus viajes a Europa redondearon su punto de vista como ser humano y como literato. La literatura de Wolfe se nutre de la observación de sus congéneres: las relaciones humanas, la comunidad o la individualidad, la sociedad y cómo se comporta, cómo se vive en el campo frente a la ciudad, el progreso y lo que destruye, además de lo que construye... Europa talló otra faceta de ese diamante que era Wolfe por derecho propio. Aparte de que para él era una especie de Tierra Prometida, como lo fue para Henry James, porque consideraba Europa como origen del humanismo de Occidente, de la historia, la literatura, la filosofía. Esa mirada se trasluce en sus escritos.

-También los cuentos ambientados en Estados Unidos muestran parte de la sociedad y cómo era en los años 20 y 30. Con el paso del tiempo, y además del valor literario, ¿cree que se empiece a leer a Wolfe como un autor de época?

-Yo recomiendo leerlo como un clásico, porque creo que lo es: un clásico moderno. Es un autor de época, sin duda. Un cronista del lugar y el tiempo que vivió, pero pasando sus vivencias por el filtro de la literatura.

-Es constante también la referencia a la creación artística (“Para que parezca profesional” o la fábula “La fama y el poeta”, entre otros), en ocasiones como una vocación frustrada, ¿qué tanto de las preocupaciones del autor cree que haya en estos retratos de creadores? Como escritora y traductora, ¿hubo afinidades al encontrarse con estos personajes?

-Como traductora (que a fin de cuentas es una forma de ser lectora) los disfruté enormemente, porque son irónicos, refinados y llenos de humor crítico. Y es posible que razón no le falte, voy a dejarlo ahí. Otros autores a los que he traducido, como Edith Wharton en “Escribir ficción” y R. L. Stevenson en el volumen “Escribir”, que también publicó Páginas de Espuma, aluden a lo fácil que es para un escritor dejarse llevar por el ego y “creerse algo” cuando en realidad pasamos toda la vida aprendiendo. Más que a vocación frustrada creo que se refiere a cómo la crítica y la opinión pública muchas veces encumbran a personajes que no lo merecen tanto por logros “extraliterarios” y se olvidan de otros, sencillamente porque no juzgan su literatura, como debería ser, sino otros factores.

Por desgracia, a su pregunta de si me he sentido afín a estos personajes como escritora e incluso como traductora tengo que responder afirmativamente. La desgracia es mayor -y más cierta-cuando no soy, ni de lejos, la única.

-Hay cuentos donde se insinúa la oposición entre arte y vida (pienso en “Oktoberfest”, cuando el narrador se pregunta qué saben de libros o pinturas los asistentes al festival, entre otros), ¿fue una dicotomía de peso para Wolfe?

-Es la eterna dicotomía del creador, desde que existe la figura del artista. Hubo épocas de oro (¿o debería decir de oropel?) en que escritores o poetas recibían el sufragio de un mecenas o de la corte, naturalmente -de ahí lo de “oropel”- aviniéndose a satisfacer los gustos de quien pagase. El artista siempre ha sido rico de familia, esclavo de quien paga, o directamente pobre. Wolfe no fue menos.

-Llama la atención cómo Wolfe es un clásico estadounidense cuyos contemporáneos han tenido mejor fortuna en la cantidad de traducciones al español. ¿Qué se pueden explicar estos fenómenos? ¿Cuál fue la mayor dificultad al traducir a Wolfe?

-Yo creo que la inexistencia de más traducciones se debe a la dificultad en parte, a la supuesta centralización, o localización, de los temas que trata. En un mundo globalizado como el actual este segundo factor queda descartado, y la única forma de ofrecer al lector una nueva mirada del autor era esta: sacar al mercado un volumen integral que nos permita ver al autor en su totalidad. Eso es complejo, caro, e implica que todo lo que va en el volumen no será del agrado de todos. Habrá quien diga que no le gustan los relatos que tratan de tal o del estilo cual, pero este libro permite hacerse una idea perfecta de lo que fue el autor en su tiempo y la influencia que representó en escritores más “amables”, que nos llegan a los lectores de fuera y de hoy con más afinidad.

-Por último, me gustaría si pudiera contarnos un poco de su otra faceta en la escritura, como autora, ¿cómo fue ha sido el camino de escribir y traducir, qué tanto los textos propios han abrevado de la experiencia de la traducción de otros autores?

-Pues siempre creí que una cosa me llevaría a la otra, y pocas veces, creo, he sabido aprovechar una ruta para afianzar la otra. Pero con el paso del tiempo ha terminado por suceder: la traductora ha impuesto a la escritora una disciplina férrea a la hora de sentarse al ordenador, revisar, corregir, pulir los textos, organizar estructuras, lo que me ha permitido escribir hasta el momento dos novelas y dos ensayos, todos ellos publicados, aparte de muchos artículos, que de otro modo no hubieran llegado a materializarse. La escritora ha intentado imponer a la traductora alguna locura que otra, pero la traductora no siempre se ha dejado. Ha sido más lista y ha aprovechado sólo lo bueno, soltándose la melena cuando se enfrenta a trabajos como éste para utilizar todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance, sacar partido de nuestras lecturas, nuestra cultura en general, o bien otros idiomas que conocemos para entrar, en la medida de lo posible, en la cabeza del autor.

OBRA. Un trabajo que aglutina 900 páginas en esta primera edición de “Cuentos”. ESPECIAL

JL

Tapatío

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