Viernes, 07 de Octubre 2022

Caminar por el mundo

El británico Karl Bushby ha recorrido alrededor de 30 países durante 20 años; en entrevista comparte sus experiencias en Sudamérica y al cruzar el Estrecho de Bering, así como las problemáticas vividas en Rusia e Irán

Por: Jorge Pérez

En el ejército Karl fue paracaidista por 10 años y cuenta todas sus aventuras. EL INFORMADOR / E. Barrera

En el ejército Karl fue paracaidista por 10 años y cuenta todas sus aventuras. EL INFORMADOR / E. Barrera

El británico Karl Bushby pasó por Guadalajara durante una pausa en su viaje por el mundo, debido a las problemáticas para conseguir la visa de Irán y continuar su trayecto. Karl decidió recorrer a pie el planeta, de un extremo a otro, una aventura que duró muchos años gestándose: “Se podría escribir un libro solo de eso. Depende de qué tan atrás me quiera remontar: puedo ver elementos de esta aventura en mi infancia, con la fascinación por el exterior, la aventura, la pasión por el horizonte. Luego me uní al ejército, viajé mucho, tuve la oportunidad de ver muchos lugares. Eso amplificó el deseo de viajar más”.

En el ejército Karl fue paracaidista por 10 años: “Hay que hacer todo a pie, es muy físico: todo se trata de la distancia, aguantar, ser autosuficiente. Todos esos elementos finalmente forman parte de este viaje. Busqué otros retos y quise hacer largos viajes a pie, expediciones. No encontraba algo en particular que me hiciera dejar mi carrera, hasta que mi padre me dio una carta de cumpleaños. Él estuvo en las Fuerzas Especiales, y recordaba que algunos hablaban de la posibilidad de caminar de Londres a Nueva York a través de algo llamado el Puente de Bering. Obviamente se referían al Estrecho de Bering, pues el puente ya no existe. Teóricamente está la posibilidad de caminar a través del hielo de Siberia a Alaska. Fue cuando me planté caminar el mundo entero, solo a pie. Cuando comenté la idea todo mundo me dijo que era ridículo, imposible de hacer: eso solo refuerza el deseo de comprobarlo”.

Hasta ahora, Karl ha recorrido casi 30 países en 20 años, periplo que comenzó en Sudamérica. “Los primeros días fueron emocionantes, pero también intimidantes al tener miles de kilómetros con lo desconocido y 500 dólares en el bolsillo, sin patrocinadores u otro sustento. Empecé en la Patagonia, muy frío, vientos extremos, muy desolado. La carreta donde cargaba mis pertenencias no funcionaba bien. Ese fue el día a día. Una vez que salí de la Patagonia me faltaba dinero, era más la situación de supervivencia: eso cambió mi ruta. El plan original era ir al Norte de Mendoza y cruzar a Santiago de Chile, pero crucé las montañas antes, porque había que sobrevivir”.

Los retos de cruzar fronteras

Cruzar las fronteras ha sido otro tema en este viaje, por la cuestión política: “Ha sido lo más difícil. Latinoamérica es fácil con un pasaporte británico. Hubo algunas fronteras que pasé sin visa, no tenía el presupuesto para renovarlas. En Panamá crucé por la selva, no hay puntos de control en la Región del Darién. En Asia sí se complica mucho más: allí hay que lidiar con Rusia, China y otros países donde no hay tanta libertad”.

La primera gran pausa fue en Alaska, “en el Ártico, nos restringe a movernos solo en el invierno. Después crucé el Estrecho de Bering y vinieron los problemas políticos. Esperé un año para regresar el invierno siguiente, luego vino la crisis financiera en 2008. Solo se me permitió estar en Rusia por un lapso de tres meses cada vez. Luego con la crisis no pude regresar porque perdí a los patrocinadores, dos años y medio después volví, pero tras meses en Rusia me prohibieron la visa”.

Ahora las pausas contrastan con el principio, que fue más sencillo, puesto que “todo América fue una caminata continua de seis años de Sur a Norte; el trayecto de Siberia y el Estrecho de Bering, mucho más pequeño en el mapa, tomó 11 años. Muy difícil: política, finanzas, un ambiente hostil. El resto de Asia han sido seis años, desde Rusia hasta la frontera con Irán”.

Sobre las pertenencias que lleva en su carreta

Karl comentó que esto varía según el lugar. “Está lo básico, algo de ropa, calzado, cosas para acampar. Lo demás depende mucho del lugar: comida, agua. En algunas partes no se necesita mucho porque siempre hay un pueblo. Como en la costa de México, a diario se encuentra una población y no hay que preocuparse por cargar agua y comida: pero en medio de Mongolia hay que llevar mucha reserva. Yo puedo cargar hasta 90 kilos de equipo, cuando se necesita”.

Aunque el viaje es solitario, siempre hay un poco de contacto con la gente: “Siempre se ve a alguien. Incluso en el Ártico, donde se ve menos. Pero hasta en Mongolia, seguimos caminos y hay cierto flujo, aunque el tráfico sea muy pequeño. En cuanto a infraestructura o lugares para comprar suministros, ese es otro tema. La Región del Darién, la jungla entre Colombia y Panamá, fue tal vez el lapso más grande sin ver a gente. El punto era evitar cualquier contacto, por el conflicto de la guerrilla. Pasé varias semanas en la selva”. Esa región ha sido una de las partes donde se ha sentido inseguro “definitivamente. Rusia es uno de los lugares más inseguros. Tuve muchos problemas con su Servicio Federal de Seguridad, un tanto aterrador”.

“Es un viaje de años y años”

Karl detalló la rutina habitual cuando está en el camino, la cual se conforma de “caminar por una o dos semanas, llegar a un pueblo y pasar unos días allí, a veces una semana completa: descansar, bañarse, comer bien. Y luego seguir, no al siguiente pueblo sino otro lapso de caminata: pueden ser 200 o 400 kilómetros, después otra pausa y de nuevo caminar más. La idea es mantener un ritmo constante: es un viaje de años y años”.

Ya que se ciñe a la caminata y al contacto básico para obtener alimento y cobijo, los idiomas no han sido una barrera: “El día a día, en la calle, en los pueblos y ciudades no es difícil. No se necesita tanta interacción. Es fácil aprender algunas cuantas palabras. Y siempre hay alguien que habla inglés, es sorprendente: incluso en los lugares más alejados de Mongolia: si hay una escuela, hay probabilidad de que haya un maestro de inglés”.

En Guadalajara, al igual que había hecho en Melaque, Karl dio un par de charlas sobre su aventura -invitado por La Perla Bookstore (Calle Pedro Moreno 1530) -, que también relata en el libro “Giant Steps” (escrito a partir de sus diarios): “En Sudamérica me sentaba para escribir un pequeño párrafo al día, para describir lo que hice. En el momento me pareció un tanto molesto y no me interesó tanto, pero mi padre me presionó para seguir escribiendo los diarios, ‘un día puede ser útil’. Y así fue: en Estados Unidos, rumbo al Ártico, me di cuenta de que sería muy caro. El continente lo hice con nada, estaba en bancarrota a los pocos meses. Frente al reto del Estrecho de Bering y el Ártico llegó el libro. Me dieron un adelanto que pagó Alaska, el Estrecho de Bering y buena parte de Siberia”.  

“Irán es el último país: si lo paso llegaré a casa”

De la pausa en la que se encuentra, Karl comentó: “Llegamos a la frontera con Irán el 15 de septiembre pasado. En cuanto llegué hubo problemas. Mientras me acercaba a Irán las tensiones fueron elevándose. Irán atacó la refinería saudita esos días, la gente empezó a hablar de guerra, no era un buen panorama. Tengo pasaporte británico, es uno de los peores para Irán (junto al canadiense y al estadounidense). Por este conflicto se desplegaron barcos británicos, eso no es nada bueno. Mi primer intento para obtener la visa fue negado, buscamos a las autoridades y nada, a gente que nos pudiera ayudar (hablamos con 30 organizaciones, todas nos dijeron que no había oportunidad). Después encontramos a alguien que podría ayudarnos, luego desapareció. Más tarde mataron a Soleimani. Es muy difícil, pero está la opción de obtener la visa. Tarde o temprano tendré que decidir: rodear Irán, yendo al Norte hacia Rusia. No sé si pueda, no quisiera regresar: temo más por los rusos que por los iraníes, y ni siquiera sé si me dejarán entrar. Estoy en dilema, donde todo es sobre política. Literalmente es el último punto controversial, Irán es el último país: si lo paso llegaré a casa”.

Tapatío

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