Miércoles, 25 de Mayo 2022

Ángel Santos, un guardián de la tradición

El artesano zacatecano se ha encargado de echar raíces en Tonalá, su tierra adoptiva, para comprometerse como un gran exponente del uso del barro bruñido

Por: Norma Gutiérrez

Ángel Santos cuenta con reconocimiento internacional gracias al respeto y cuidado de las tradiciones artesanales de nuestro país. ESPECIAL

Ángel Santos cuenta con reconocimiento internacional gracias al respeto y cuidado de las tradiciones artesanales de nuestro país. ESPECIAL

Para comprender parte de la esencia que ha caracterizado a Ángel Santos como artesano, hay que partir desde sus orígenes, de cuando llegó a Tonalá siendo un niño proveniente de Río Grande, Zacatecas, y de cómo en su intento por adaptarse a su nuevo entorno, decidió adentrarse a una de las insignias culturales del municipio tonalteca: el barro.

Ángel recuerda sus primeros pasos en Tonalá, municipio que desde 1973 lo arropó sin imaginar que en un par de años se convertiría en uno de los guardianes más comprometidos en salvaguardar, difundir y ejercer la tradición del barro bruñido, terreno en el que ha destacado como uno de los máximos exponentes de la cerámica no solo en Jalisco, sino que a nivel global también ha llevado su técnica para demostrar cómo la tradición se abre paso con una visión vanguardista para proteger a las raíces mexicanas.

“Nosotros no hacemos caprichos personales, nosotros en realidad trabajamos con una serie de elementos iconográficos que se han venido consolidando a través de diversas generaciones. Es una tradición, insisto en decir que hay una firma de responsabilidad, esta tradición no le pertenece a Ángel Santos, yo trabajo con una técnica que le pertenece a una comunidad, el barro bruñido, que consideramos que endémico de Tonalá. Yo solo soy un depositario ante esta colectividad y comunidad que me permitió aprender aun proviniendo de una familia migrante”.

Tras presentar uno de sus más recientes proyectos, en el que Ángel Santos creó la vestidura para la licorera de edición limitada de Clase Azul, para la colección anual de lujo Master Artisans (con un costo en el mercado de 121 mil 800 pesos), el artesano memora las diferentes etapas que lo han llevado hasta consolidar proyectos como el mencionado, en donde la artesanía no solo ha coloreado a los hogares y galerías durante décadas, sino que también ahora se expande explorando otros formatos como las botellas que se transforman en lienzos para impregnar con delicadas pinceladas parte de la cosmovisión mexicana, teniendo -en este caso- a una pareja de faisanes como protagonistas de sus trazos sobre esmalte, que también rinden homenaje a los cuatro esenciales de la vida y la cerámica: tierra, fuego, aire y agua.

“Ese grupo de amigos que deguste el tequila, en Europa, en algún otro país o continente, tendrá la invitación -a través del arte de la botella- para conocer más sobre esta comunidad que es Tonalá y su artesanía. Creo es una de las maneras de llevarte hacia la memoria de lo que ha sido la artesanía, esta botella tiene mucho de mágico desde su presentación”, indica Ángel Santos, ganador del Premio Nacional de la Cerámica en 2014.

El comienzo

Al llegar a Tonalá, Ángel Santos hace hincapié en además de iniciarse en la artesanía como una forma de ganarse la vida, también se volcó y apasionó por esta labor en la búsqueda de definir su identidad tras migrar desde Zacatecas.

“Era la necesidad también de sentirse arropado, de sentirse parte de esta pertenencia que no se tiene, como decía la ‘India María’, era estar como ‘ni de aquí, ni de allá’, ese es el sentir del migrante. A los años lo veo más consciente, que sentirse parte de, era involucrarse”, apunta Ángel Santos al recordar cómo en este oficio tuvo la oportunidad de ser aprendiz de la familia artesana Silva Palomino.

“Me permitió ir conociendo el proceso, me enseñó a trabajar la técnica del barro bruñido, y hasta la fecha lo digo, fue mi segunda familia, vivía con ellos en el taller, nos daban desayuno y comida, todo esto me permitió ir a una escuela para concluir la primaria hasta tener la oportunidad de ingresar a Artes Plásticas de la Universidad de Guadalajara”.

Conforme Ángel Santos amplió su círculo de maestros y artesanos, con 17 años de edad emprendió la fundación de su propio taller que conserva y lidera actualmente, reafirmando año con año el rol e importancia que tiene la artesanía y los artesanos.

“La figura del artesano es una de las figuras que vela por su entorno, es uno de los guardianes de las tradiciones, de costumbres, de conocimientos, que también vela por la transmisión de los mismos”, añade Ángel Santos, quien desde 2006 fundó “Herencia Milenaria”, grupo artesanal de Tonalá.

Un proyecto de resistencia

Para Ángel Santos el trasladar a la cerámica a un formato como el de una licorera de edición limitada como la que propone Clase Azul, no solo ha significado la oportunidad de compartir esta experiencia otros artistas de tonaltecas y de Tlaquepaque para seguir difundiendo la tradición a nuevos públicos, pues también representa uno de los ejemplos más claros sobre los desafíos que el gremio artesano enfrenta cuando hay una crisis de por medio, de cómo, en este caso, la pandemia retrasó y puso en pausa algunos proyectos y obligó a los artesanos a reforzar su paciencia y llevar al limite su creatividad para impulsar el trabajo y la resiliencia en equipo.

“Se requiere de esa paciencia, de ese encierro, concentración. Lo vi con las personas de quienes aprendí de niño, la gente podía estar junta en el taller haciendo su labor, pero había lapsos en los que la gente estaba y no estaba, la gente estaba ensimismada, perdida en sí, concentrada en lo que estaba haciendo. Quizá llegas a un momento en el que estás casi en automático, pero es la concentración de todos los sentidos en la aplicación del conocimiento, sí se requiere de esta parte”.

A la par de gestionar, desarrollar y esperar tres años para que su botella de edición limitada en Clase Azul se consolidara finalmente en este cierre de 2021, Ángel Santos aumenta su emoción al recordar que hace cien años, en 1921, el pintor José Gerardo Murillo, mejor conocido como Dr. Atl, hizo público un manifiesto reconociendo, entre sus demandas, la importancia de la artesanía y sus ejecutantes, de cómo esta labor era y seguiría siendo una de las expresiones más claras del amor por México para proteger su identidad cultural.

“En 1921, Dr. Atl, presenta su libro ‘Las artes populares en México’, junto a una exposición en Bellas Artes, en este documento hace saber que la artesanía de México era mucho más una artesanía, que dentro de la artesanía hay series de procesos técnicos y maestros artesanos que se distinguen y generan un producto artístico con conceptos universales del arte y la creatividad, de manifestación cultural. Los elogios que tiene este documento, en particular sobre la cerámica de Tonalá, están presentes, me emociona mucho esta coincidencia”.

Tapatío

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