Sofía Crimen: “No quiero repetir la obra de hace 25 años”
Mientras su obra alcanza nuevos récords en subastas internacionales, la escultora tapatía asegura que el verdadero desafío no es el éxito, sino siempre renovarse
Las esculturas de Sofía Crimen comenzaron este año a recorrer un nuevo circuito. Tres de sus piezas alcanzaron resultados por encima de las estimaciones en subastas celebradas en México y Nueva York, mientras una exposición en Madrid se perfila como el siguiente paso dentro de una carrera que suma ya un cuarto de siglo. El reconocimiento llega acompañado por una mayor proyección internacional, aunque la artista tapatía evita interpretar este momento como un punto de llegada.
Para ella, el cambio ocurre en otra parte: en la necesidad de seguir transformando su trabajo. “Sí cambian las responsabilidades. Ahora tengo la responsabilidad de un equipo con el que estoy profundamente comprometida. También cambia la búsqueda. Yo siempre estoy buscando evolucionar. No solamente en la manera de trabajar como equipo, sino también en el diálogo de la obra y en el concepto”, explica la artista, en entrevista con EL INFORMADOR.
“No quiero quedarme haciendo la misma obra que hacía hace 25 años. Quiero explorar nuevos materiales, nuevas formas y nuevos conceptos. No quiero instalarme en la comodidad ni repetir una fórmula sólo porque ya sé hacerla”.
Esa voluntad de cambio aparece en un momento de expansión para su carrera. Tres esculturas suyas superaron sus estimaciones iniciales durante subastas organizadas por Morton y Christie’s, un comportamiento que refleja el creciente interés internacional por su trabajo. La siguiente escala será Madrid, donde presentará una exposición individual ante un público que conoce desde otras referencias la tradición escultórica.
“Es un terreno completamente nuevo para mí. Estoy muy contenta y también muy curiosa. Será interesante descubrir cómo reciben el trabajo desde otra cultura, con otra historia del arte y con referentes muy distintos a los nuestros. Vamos a ver cómo dialoga la obra con ese contexto”, opina.
Aunque sus esculturas viajan cada vez con mayor frecuencia fuera del país, Guadalajara continúa apareciendo dentro de su universo creativo. Nacida en la Colonia Santa Teresita, Crimen considera que la ciudad permanece presente tanto en su memoria como en proyectos recientes. “He realizado piezas dedicadas a Guadalajara. Por ejemplo, hice un homenaje al ‘Hombre en llamas’ de Orozco y otras obras relacionadas con la ciudad. No me olvido de dónde vivo. Quiero muchísimo a Guadalajara y siento que todavía tengo muchas cosas que aportar”.
“También creo que esta nueva etapa implica una responsabilidad distinta. Ya no se trata solamente de hacer esculturas que hablen de mis historias personales, sino de comenzar a dialogar con temas que miran hacia afuera”, comparte.
Cada pieza, una nueva vida
El reconocimiento del mercado tampoco ha modificado su relación con las piezas una vez que abandonan el estudio. A diferencia de otros artistas que conservan parte de su producción, Crimen disfruta el momento en que cada escultura encuentra un nuevo destino. “Me gusta desprenderme de ellas. Cuando termino una pieza quiero que salga del taller. A veces incluso necesito dejar de verla durante un tiempo. No me gusta guardar las obras ni atesorarlas. Prefiero que empiecen otra vida”.
Sólo unas cuantas excepciones permanecen bajo su resguardo. “Tal vez dos o tres. Son piezas muy extrañas. Probablemente no serían las favoritas del público, pero por alguna razón conecté profundamente con ellas”, agrega.
Las recientes subastas tampoco representan para ella una cuestión económica en primer término. Lo que más la conmueve es descubrir que alguien encontró en una escultura un significado suficiente para disputarla hasta el final. “Saber que una persona se sintió tan conmovida o tan representada por una escultura que estuvo dispuesta a seguir pujando por ella hasta ese nivel me sorprende muchísimo. Claro que también me hace sentir muy apreciada. Al final, más que el precio, lo que veo es el valor que otra persona encontró en la obra. Los números solo son números. Importa la obra y de dónde surge su esencia y las ondas que crea en el agua”.
Entre las imágenes que han acompañado su trayectoria destacan los niños que aparecen de manera recurrente en sus esculturas. Ninguno posee un rostro completamente definido. Detrás de esa decisión formal existe una experiencia íntima. La quietud también ocupa un lugar constante dentro de su trabajo. Sus personajes casi nunca realizan una acción evidente; permanecen inmóviles, como suspendidos en un momento difícil de precisar.
“Todo comenzó porque tengo una laguna muy grande de mi infancia. Olvidé muchas cosas de esos años. Las primeras piezas nacieron también como una búsqueda personal”, explica. “Con el tiempo entendí que el hecho de no mostrar el rostro volvía las esculturas mucho más misteriosas. El que no tengan una identidad completamente definida las hace más inquietantes. Creo que esa ausencia fortalece la pieza”, opina.
“El silencio y la quietud también comunican. Generalmente mis personajes no están realizando ninguna acción. No están jugando ni corriendo. Simplemente permanecen ahí. Y esa postura corporal ya está diciendo muchísimas cosas. A veces un niño quieto, parado en un rincón, habla mucho más que un personaje realizando alguna actividad”.
Después de 25 años de trabajo, Sofía Crimen mira hacia proyectos de mayor escala y escenarios poco habituales para su producción. No habla de cerrar un ciclo, sino de ampliar el territorio donde sus esculturas puedan dialogar con nuevos públicos.
“Siempre voy a estar agradecida con Guadalajara porque ha recibido muy bien mi trabajo. Pero también siento que llegó el momento de salir. No quiero quedarme únicamente en mi espacio conocido”, dice.
“Me interesa trabajar en esculturas de gran formato. Todo lo que he hecho durante estos años me ha preparado para llegar a ese punto. Siento que estos 25 años marcan el comienzo de una etapa mucho más ambiciosa. Quiero llegar a lugares inesperados y realizar obras que hasta ahora había guardado. Siento que esa nueva historia ya empezó”, finaliza.
Salto a Nueva York
El nuevo capítulo en la carrera de Sofía Crimen no solo pasa por las subastas internacionales o por su próxima exposición en Madrid. También se escribe desde Nueva York, ciudad donde recientemente firmó un acuerdo de representación con Van Der Plas Gallery, una de las galerías con mayor tradición dentro de la escena contemporánea del East Village.
El convenio contempla la representación de la escultora durante un periodo determinado, lo que permitirá que la galería promueva, comercialice y exhiba su obra, además de organizar exposiciones individuales y ampliar su presencia dentro del circuito artístico internacional.
Para Crimen, el acuerdo significa mucho más que una oportunidad comercial: representa la posibilidad de dialogar con nuevos públicos y situar su trabajo en uno de los mercados de arte más competitivos del mundo.
Van Der Plas Gallery ha construido una sólida reputación por impulsar artistas vinculados al arte urbano, contemporáneo y a las corrientes que marcaron la identidad cultural del Nueva York de finales del siglo XX. Entre los nombres más destacados que forman parte de su historia figura Al Díaz, cocreador del proyecto SAMO junto a Jean-Michel Basquiat antes de que este iniciara su carrera en solitario, además de Kevin Wendall (FA-Q), conocido como el “Van Gogh del East Village”, y el artista Juan Carlos Pinto, reconocido por sus collages elaborados con tarjetas del metro de Nueva York.
La incorporación de Sofía Crimen al catálogo de la galería la coloca en un entorno donde convergen algunas de las voces más representativas del arte contemporáneo neoyorquino y abre una nueva etapa para proyectar su trabajo más allá de México.