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La frontera digital entre México y EU: Así funciona la tecnología que vigila a los migrantes

EU ha incorporado un sistema que determina en automático el nivel de peligrosidad de una persona y con base a la información recopilada, podría negar el acceso

La frontera entre México y EU ya no se limita a muros, agentes, cámaras y puntos de revisión. Cada vez más, el control migratorio incorpora herramientas digitales capaces de recopilar y analizar información personal, desde datos biométricos hasta registros utilizados para determinar el nivel de riesgo de una persona.

Este proceso ha dado lugar a lo que el investigador Juan Carlos Barrón Pastor, director del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), denomina una “frontera digital”, en la que la tecnología adquiere un papel cada vez mayor en la supervisión de las personas migrantes.

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Durante el Segundo Seminario Permanente Internacional Interdisciplinario sobre Emergencia Social Comunitaria, el académico advirtió que la expansión de la inteligencia artificial (IA), el reconocimiento facial, la biometría y la geolocalización plantea preguntas sobre la privacidad y la protección de los derechos humanos.

¿Qué es la biometría y cómo se utiliza?

La biometría es una tecnología que permite identificar o verificar a una persona mediante características físicas o biológicas que pueden ser particularmente difíciles de compartir con alguien más. Entre los ejemplos más conocidos están las huellas dactilares, los rasgos del rostro y otros identificadores corporales.

En un contexto migratorio, estos datos pueden incorporarse a registros digitales y relacionarse con información biográfica o con el historial de un caso. La finalidad es que las autoridades puedan identificar a una persona y administrar de manera más eficiente los procedimientos migratorios.

Las compañías tecnológicas utilizan los datos compartidos en redes conforme a sus propios fines y sostuvo que las comunidades migrantes y otros grupos. CANVA

La diferencia frente a un documento tradicional es que los datos biométricos están vinculados directamente con el cuerpo de una persona. Una contraseña puede cambiarse si es robada, pero una huella digital o los rasgos faciales no pueden sustituirse de la misma manera.

Por ello, el uso de estos sistemas plantea una pregunta fundamental: ¿Qué ocurre con toda esa información después de ser recopilada y quién puede acceder a ella?

Del dato personal al "perfil de riesgo"

Uno de los puntos que genera mayor debate es el uso de herramientas algorítmicas para evaluar a las personas migrantes. Un algoritmo es, en términos sencillos, un conjunto de instrucciones que utiliza una computadora para procesar información y producir un resultado.

estos sistemas pueden reproducir sesgos y asumir de entrada que una persona migrante representa un riesgo. CANVA

En los sistemas de gestión migratoria, estos mecanismos pueden utilizar distintos datos para ayudar a clasificar casos o establecer niveles de riesgo. La idea no significa necesariamente que una computadora tome por sí sola todas las decisiones, pero sí que sus evaluaciones pueden formar parte del proceso mediante el cual las autoridades gestionan determinados casos.

El problema señalado por Barrón Pastor es que un algoritmo no es automáticamente objetivo sólo porque utilice números o computadoras. Si los datos con los que fue diseñado contienen errores, prejuicios o criterios que afectan de manera desigual a determinados grupos, el resultado también puede reproducir esos problemas.

Por ejemplo, si un sistema considera determinadas características como señales de riesgo, una persona podría recibir una clasificación desfavorable sin comprender exactamente qué información provocó esa evaluación. Esto vuelve especialmente importante saber qué datos se utilizan, cómo se procesan y qué mecanismos existen para cuestionar una decisión automatizada.

El académico cuestionó precisamente la idea de que la tecnología pueda determinar de manera neutral qué tan peligrosa es una persona migrante, especialmente cuando el sistema parte de una clasificación previa de riesgo.

El historial digital de una persona migrante

La preocupación no se limita a los datos obtenidos directamente durante un procedimiento migratorio. Barrón Pastor también señaló el papel que pueden tener las huellas digitales que dejan las personas en internet y en las redes sociodigitales.

Una fotografía publicada en redes, una ubicación, información de contacto o determinadas interacciones digitales pueden formar parte de la enorme cantidad de información que existe sobre una persona en internet. Cuando diferentes conjuntos de datos pueden relacionarse entre sí, se construye un perfil digital mucho más amplio que el que aparece en un documento de identidad.

El investigador puso como ejemplo los procesos relacionados con la aplicación CBP One, en los que se incorporan datos personales y biométricos, y señaló la preocupación por la manera en que este tipo de información puede integrarse en un historial digital.

Esto significa que para una persona migrante la frontera puede comenzar mucho antes de llegar físicamente a un punto de revisión. Sus datos pueden convertirse en parte de un sistema de información que las autoridades utilizan para gestionar su caso y determinar qué procedimientos corresponden.

¿Qué implica esto para los migrantes?

Para una persona que busca ingresar, solicitar asilo o regularizar su situación en EU, el uso de estas tecnologías puede significar que una mayor cantidad de información personal quede registrada y vinculada a su expediente migratorio.

La digitalización también puede facilitar algunos procesos. Los sistemas electrónicos permiten organizar grandes cantidades de información, identificar personas con mayor rapidez y administrar miles de expedientes que serían difíciles de manejar exclusivamente mediante documentos físicos.

Sin embargo, una mayor cantidad de datos también implica mayores responsabilidades para quienes los recopilan y administran. Un error en una base de datos, una identificación equivocada o una evaluación automatizada cuestionable puede tener consecuencias importantes cuando la información se utiliza dentro de un procedimiento migratorio.

Además, los migrantes pueden encontrarse en una situación especialmente vulnerable porque no siempre tienen claro qué información se está recopilando, durante cuánto tiempo será almacenada, con qué otras bases de datos puede relacionarse o cómo pueden impugnar una decisión basada en esos datos.

La propia documentación de ICE muestra que sus sistemas de gestión de casos pueden incorporar información biográfica y biométrica y utilizar registros para dar seguimiento a procesos migratorios, detenciones y procedimientos administrativos.

Una frontera que también existe en los datos

Para Barrón Pastor, este escenario demuestra que la frontera contemporánea debe entenderse también como un espacio digital. La vigilancia ya no depende exclusivamente de que un agente observe físicamente a una persona: también puede apoyarse en cámaras, bases de datos, sistemas de identificación y herramientas capaces de analizar grandes cantidades de información.

El investigador considera que esta transformación avanza más rápido que las normas diseñadas para proteger los derechos de las personas frente a estas tecnologías. Por ello, plantea la necesidad de fortalecer protocolos de seguridad digital que incorporen la privacidad y los derechos humanos como elementos centrales.

El debate también alcanza a las empresas tecnológicas y a las plataformas digitales. Barrón Pastor señaló que las compañías pueden utilizar los datos compartidos por sus usuarios de acuerdo con sus propios objetivos, mientras que esa información también puede contribuir a alimentar sistemas algorítmicos.

La preocupación, por tanto, no consiste únicamente en que exista vigilancia en la frontera física. También se relaciona con la cantidad de información que puede acumularse sobre una persona y con la capacidad de diferentes sistemas para convertir esos datos en perfiles, clasificaciones o predicciones.

¿Cómo afecta este escenario a los migrantes mexicanos?

La discusión resulta especialmente relevante para México debido a la posición del país dentro de las rutas migratorias hacia EU. Investigaciones recientes de la UNAM han señalado que México se ha convertido en un territorio central dentro de los mecanismos regionales de contención migratoria.

Barrón Pastor plantea que, frente a este escenario, no basta con aceptar la tecnología como una herramienta neutral o inevitable. También es necesario desarrollar conocimientos que permitan comprender cómo funcionan estos sistemas y establecer mecanismos para cuestionar sus resultados cuando puedan afectar derechos.

La llamada frontera digital representa así una nueva etapa del control migratorio: una en la que los datos personales, la biometría y los algoritmos pueden ser tan importantes como los muros, las cámaras o los agentes que vigilan físicamente los límites territoriales.

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El desafío, de acuerdo con el académico, consiste en encontrar un equilibrio entre las posibilidades que ofrecen estas herramientas y la protección de la dignidad de quienes están sujetos a ellas. La tecnología puede facilitar la gestión de millones de datos, pero la decisión sobre el destino de una persona no deja de tener consecuencias humanas.

En última instancia, la discusión no gira únicamente en torno a si EU puede utilizar inteligencia artificial o biometría para administrar sus procesos migratorios, sino sobre qué límites deben existir cuando esos sistemas procesan información de personas vulnerables y pueden influir en decisiones que afectan su libertad, seguridad o permanencia en un país.

Con información de EFE

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