Luna Morena: crear con las manos en la era de la IA
A 25 años de su fundación, la compañía tapatía reivindica la imaginación, el trabajo artesanal y el encuentro presencial frente al avance de las tecnologías digitales
Un cuarto de siglo dando vida a historias a través de los títeres merece más que una celebración. La compañía Luna Morena festejará sus 25 años de trayectoria el próximo 30 de octubre en el Laboratorio de Arte Variedades (Larva), con una fiesta sonora a cargo de la agrupación musical Ampersan. El evento dará inicio a un año de actividades especiales, entre ellas una exposición y un nuevo estreno escénico.
En entrevista con EL INFORMADOR, Miguel Ángel Gutiérrez, director de la compañía y del Festival Internacional de Títeres de Guadalajara, Festín de los Muñecos, habló sobre los cambios que atraviesa el proyecto.
El director compartió que el aniversario representa un momento para revisar el camino recorrido y definir los siguientes pasos. Después de un cuarto de siglo, la compañía busca mantener su trabajo artesanal y explorar nuevas formas de relacionarse con públicos que han crecido en un entorno marcado por las tecnologías digitales.
“Es este momento una especie de cierre de ciclos e inicio de otros ciclos a nivel general en mi vida y en mi profesión, porque se han estado dando situaciones que nos llevan justamente a replantearnos los fundamentos, la misión, los objetivos de nuestro proyecto”, explicó.
Considera que esa revisión es un punto de inflexión sobre el lugar de las artes escénicas en la sociedad contemporánea.
“Creo que como sociedad, sistema, mundo, universo, nos estamos dando cuenta de que hay que replantearnos muchas cosas desde lo ontológico: ¿dónde estamos?, ¿quiénes somos?, ¿a dónde vamos? Creo que esa misma reflexión se da en la compañía”.
Revalorar el teatro de títeres
Cuando Luna Morena levantó el telón por primera vez, los títeres tenían una misión más allá de entretener a los niños: conquistar nuevos públicos y demostrar que podían contar historias complejas, conmover y explorar territorios escénicos alejados de los estereotipos infantiles y televisivos.
Gutiérrez recordó que, aunque Guadalajara ya contaba con agrupaciones dedicadas a esta disciplina, la difusión era limitada. Antes de fundar Luna Morena, tuvo su primer acercamiento profesional con la compañía La Cucaracha y después participó en el colectivo que dio origen a Tlakuache Títeres.
Luna Morena nació del deseo de construir un espacio propio para la creación escénica, pero también de abrirle camino a un arte que durante mucho tiempo permaneció asociado al entretenimiento infantil.
Desde sus inicios, la compañía apostó por explorar las posibilidades expresivas de los títeres, experimentar con distintas técnicas y lenguajes, y acercar al público a una tradición capaz de contar historias diversas.
Más que montar espectáculos, buscaba ampliar la mirada de los espectadores y demostrar que, detrás de cada muñeco, existe un universo creativo que puede conmover, cuestionar y dialogar con la realidad.
“Cuando nosotros comenzamos, uno de los principales retos y objetivos de la compañía era revalorar el teatro de títeres. Ahora le llamamos teatro de títeres y formas animadas. Este término incluye muchas técnicas específicas, como los títeres, el teatro de sombras, el teatro de objetos y el teatro de máscaras”, señaló.
En ese proceso surgió el Festín de los Muñecos, festival que comenzó hace 21 años y que permitió reunir propuestas de diferentes lugares para acercar al público a otras maneras de trabajar con objetos y figuras animadas.
Miguel Ángel considera que el encuentro contribuyó a modificar la percepción de esta disciplina y a formar públicos interesados en sus distintas expresiones.
“Pensábamos: ¿cómo podemos facilitar la tarea de que la gente conozca este arte en su máxima expresión? Y se nos ocurrió el Festín de los Muñecos. Creo que el festival fue una manera de mostrarle a la gente de Guadalajara y de México todas las diversas capacidades expresivas del teatro de títeres”.
El encuentro también abrió la posibilidad de conocer propuestas internacionales, explorar otras técnicas y abordar temáticas distintas. A juicio de Gutiérrez, ese intercambio ayudó a ampliar el panorama de la disciplina y a generar nuevas referencias entre los espectadores.
“Antes, al decir títeres, lo primero que venía a la cabeza eran las referencias comerciales de la televisión. Y ahora aparecen muchas imágenes distintas. Internet también aportó toda esa comunicación internacional y ayudó a que la gente se diera cuenta de que hay cosas magníficas dentro del mundo de los títeres”.
Una mirada hacia las nuevas generaciones
La relación con artistas y festivales de otros países también permitió que Luna Morena ampliara su presencia fuera de México. El Festín de los Muñecos forma parte de la Comisión de Festivales Internacionales de la Unión Internacional de la Marioneta (UNIMA), organismo que reúne a profesionales de esta disciplina.
A través de ese espacio, Gutiérrez estableció vínculos con creadores de distintas regiones, en particular de Quebec, Canadá, con quienes desarrolló relaciones profesionales y proyectos de colaboración.
Ahora, mientras prepara una transición generacional dentro de la compañía, el director observa que las nuevas tecnologías plantean tanto dificultades como oportunidades para el teatro de títeres.
Considera que el trabajo manual, la experimentación y el contacto directo pueden ofrecer una alternativa ante el consumo constante de contenidos digitales. Por ello, en los proyectos que desarrolla con jóvenes ha establecido límites al uso de herramientas como la inteligencia artificial (IA).
“Creo que tenemos un nicho de oportunidad. Somos aferrados a la inteligencia artesanal, no artificial. En algún momento puede ser un arma de doble filo: nos puede alejar definitivamente de las nuevas generaciones o nos puede acercar desde otro lugar, porque este tipo de arte orgánico se está convirtiendo en un refugio frente a lo que está pasando con las nuevas tecnologías”.
El trabajo con jóvenes le ha permitido reconocer el interés por recuperar procedimientos analógicos y explorar materiales desde la experiencia directa. En esos procesos, procura que la tecnología no sustituya la búsqueda creativa.
“Una de las premisas es: aquí no entra la inteligencia artificial, solo que la utilicemos como herramienta, que no nos distraiga en lo creativo y que no se imponga ni se convierta en el dictador de nuestro trabajo. Estamos trabajando con un montón de cosas artesanales y con principios básicos de nuestro oficio, como se hacía hace cientos y miles de años”.
Para él, la posibilidad de detenerse, observar y compartir una experiencia fuera de las pantallas constituye una de las razones para continuar con esta práctica escénica.
“Estoy convencido de que en algún punto la sociedad va a hartarse de todo este desmadre del scroll infinito y va a necesitar un tiempo para respirar, sentarse, contemplar la realidad. Ya estamos metidos en el mundo virtual y no nos damos cuenta de lo que tenemos aquí”.
En esa reflexión encuentra motivos para sostener el proyecto: “¿Cuál es ahorita el sentido de seguir haciendo este arte ancestral? Encuentro más que nunca fundamentos para seguir. Ahora más que nunca tenemos una responsabilidad y una opción de proponer en estos huecos que tenemos como sociedad”.
Cuestionan los apoyos gubernamentales
Miguel Ángel señaló que el trabajo artístico independiente enfrenta condiciones cada vez más precarias debido a la falta de apoyos y a los obstáculos administrativos que deben superar los creadores para acceder a recursos públicos.
El director afirmó que, pese a que la compañía ha recibido apoyos durante su trayectoria, principalmente federales, lleva tres años sin obtener una beca. Esta situación ha complicado la continuidad de sus proyectos y ha puesto en evidencia las dificultades para sostener una agrupación dedicada a las artes escénicas.
“Creo que estamos en el peor momento histórico de apoyo a la cultura que a mí me ha tocado vivir. Nunca había sido tan denigrante la forma como trabajan los gobiernos y tan precaria la forma como trabajamos nosotros”, expresó.
Gutiérrez también cuestionó los requisitos para comprobar el uso de los recursos públicos. Como ejemplo, recordó que durante la organización del Festival Internacional de Títeres de Guadalajara, Festín de los Muñecos, enfrentó dificultades con un apoyo destinado a festivales, debido a que no contemplaba una partida para difusión y promoción.
“En lugar de facilitarte el trabajo, te ponen todos los obstáculos del mundo. Te ganas la rifa del tigre para alimentarlo. Tienes todo en contra”, señaló.
El director consideró que los cambios de administración también afectan la continuidad de los proyectos culturales, pues cada edición del festival implica volver a presentar la propuesta ante funcionarios que, en ocasiones, desconocen la trayectoria de las agrupaciones.
Aunque reconoció que ha encontrado personas comprometidas con la gestión cultural, sostuvo que el respaldo institucional ha sido insuficiente.
“Es una falta de respeto que estemos retrocediendo tantos años en cosas que ya habíamos ganado como gremios, como comunidad”, afirmó.
Ante este panorama, Gutiérrez llamó a los artistas a organizarse y exigir condiciones dignas para desarrollar su trabajo, al considerar que la cultura no puede sostenerse únicamente mediante esfuerzos individuales ni bajo la lógica de una industria comercial.
Luna Morena celebrará su 25 aniversario el 30 de octubre, a las 20:00 horas, en el Laboratorio de Arte Variedades (LARVA), con la participación del proyecto musical Ampersan.