Jalisco

El Centro de Guadalajara se llena de exigencias por agua limpia

La manifestación se planeó que fuese pacífica, pero la presencia de infiltrados cambió el objetivo

La segunda puerta principal de Palacio cayó; al fondo, los policías antimotines se atrincheraron, pero no respondían a ninguna agresión. EL INFORMADOR / J. ACOSTA
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La Plaza de Armas, en el Centro de Guadalajara, lucía como un campo de batalla. Residuos de barrenos, explosivos y bombas molotov contaban la historia. Los negocios bajaron su cortinilla, los transeúntes se detenían para ver lo que pasaba y la fachada de Palacio de Gobierno quedó cubierta de pintas, grafitis, cáscaras de huevo y jugo de tomate. Dos de las tres puertas principales pagaron el precio del hartazgo social: fueron prendidas en llamas hasta que el fuego las convirtió en cenizas. La exigencia resonaba por todos lados: agua limpia para la Zona Metropolitana de Guadalajara. 

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La manifestación comenzó pasadas las 11:00 horas en el Parque Revolución, conocido como Parque Rojo. Familias, colectivos y ciudadanos se unieron por segundo domingo consecutivo ante el agua contaminada que reciben en sus viviendas. Sin embargo, esperaron hasta dos horas antes de comenzar la marcha hacia el primer cuadro de la ciudad: denunciaron que personas encapuchadas incitaban a la violencia y, para no ser mezcladas con ellas, optaron por aguantar.

A estas personas se les acusa de saquear negocios, romper cristales y lanzar petardos en contra de los manifestantes. Ante la presión ciudadana, se retiraron del contingente.

El grueso de la movilización llegó al Palacio de Gobierno cerca de las 14:00 horas. “Fuera Lemus”, “Queremos agua limpia”, “Ya volvimos a salir”, consignaban mientras se abrían paso por Paseo Alcalde. Érick Sandoval, vecino de la colonia Miravalle, decidió salir “porque la situación ya es insoportable. Primero agua sucia y ahora menos agua. Ya no podemos quedarnos callados mientras ellos (el Gobierno del Estado) sigue haciendo lo que quiere, como quiere y cuando quiere”. 

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Sofía Gutiérrez, vecina de la colonia Obrera, expresó que “el hartazgo ya llegó al límite. Ya no podemos aguantar más y ya no sólo somos jóvenes. También somos familias, niños, activistas, asociaciones civiles [...]. Venimos a demostrar que somos toda una ciudad que no aguanta más”. 

El humo de los barrenos se mezclaba con las consignas. Por momentos, explosivos se escuchaban a lo lejos y hacían retumbar el piso. Algunos manifestantes tumbaron las vallas metálicas del edificio del Estado y se lanzaron sobre los barrotes, los ventanales y las puertas. El contingente comenzaba a dispersarse, pero algunos, en su mayoría jóvenes, seguían lanzando piedras y consignas. 

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La puerta del Congreso del Estado también fue incendiada, en respuesta a la ausencia de diputados de Movimiento Ciudadano para la discusión del proyecto CMRO que propone el Gobernador Lemus para el acueducto sustituto Chapala - Guadalajara. El Sol caía sobre el primer cuadro de Guadalajara; las llamas iluminaban los rostros cubiertos de los encapuchados. 

Los disturbios se endurecían conforme pasaban las horas. Unos rompían el adoquín del piso para convertirlo en proyectil, otros subían los barrotes para quitar las cámaras de Palacio y del C5 , en un poste pegado a la Catedral Metropolitana. Unos cuantos, los pocos, agredían a reporteros y camarógrafos. “Ellos (las personas encapuchadas) no nos representan. Esto no es de nosotros, no lo hicimos nosotros. Nuestra exigencia es legítima por el agua limpia. Ellos crean la violencia”, compartió una manifestante, quien prefirió no dar su nombre. 

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La segunda puerta principal de Palacio cayó. Al fondo, los policías antimotines se atrincheraron, pero no respondían a ninguna agresión. Los manifestantes resguardaban el umbral y lanzaban objetos al interior. Mientras tanto, sobre la Plaza de Armas, un grito unísono resonaba: “Lemus, da la cara”. 

EE

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