Entretenimiento

Jalisco, tierra de “Los vivos”

EL INFORMADOR visitó el rodaje de la nueva película de Carlos Armella en San José de Gracia, donde los paisajes jaliscienses enmarcan una historia sobrenatural sobre la pérdida y el horror humano

Andrés es un periodista que busca a su exesposa, desaparecida en circunstancias misteriosas. Es un hombre que lo ha perdido casi todo: años atrás, su esposa y su hija murieron en un accidente; después se quedó sin trabajo y ahora ha perdido el rastro de su exesposa, su último vínculo significativo. Sus pesquisas lo llevan a La Piedad, una localidad rural que retrata el México profundo y descarnado, presente en todo el país.

La investigación toma un rumbo inesperado cuando descubre que, en aquel territorio sin ley, crece una planta conocida como la mugrosa, capaz de devolver la vida a los muertos, con consecuencias aterradoras.

Esta es la premisa de “Los vivos”, el próximo largometraje del director mexicano Carlos Armella, producido por B Positivo y Bruja Azul, que actualmente se filma en locaciones de Jalisco. Aunque incorpora elementos sobrenaturales, la película trasciende las convenciones del género: el verdadero horror no reside en los muertos, sino en quienes permanecen con vida y en lo que son capaces de hacer con aquellos que ya partieron.

EL INFORMADOR asistió a una jornada de rodaje en San José de Gracia, donde presenció los extenuantes procesos de filmación, así como el trabajo colectivo que hace posible una película, desde la orden de “¡Acción!” hasta las comidas compartidas por el equipo.

La luz del día era precisa. La locación, una antigua casa de adobe rodeada de árboles, tenía un tejado de barro entre cuyos resquicios crecían nopales. A lo lejos se levantaban los cerros que circundan la laguna seca de Sayula. Era el campo jalisciense, con sus extensos pastizales, sembradíos abandonados y construcciones que se oxidaban bajo el sol.

En la ficción, aquella casa pertenece a un brujo. El equipo de producción había transformado su interior, apenas iluminado, con velas, hierbas, animales disecados y cenizas de antiguos rituales. Sin embargo, el recinto parecía emanar por sí mismo una atmósfera sobrenatural. “Es como si hubiera sido construido para la película”, observó Carlos Armella.

Carlos Armella. El director mexicano posa durante el rodaje de “Los vivos”, su próximo largometraje. CORTESÍA/Joaquín Urrutia

El director, un hombre meditabundo, lleva un sombrero de palma que le cubre parcialmente el rostro. Atento a los monitores, vigila los encuadres y cada detalle de la escena para que todo transcurra según lo previsto en el guion.

A su alrededor trabaja un pequeño ejército de especialistas: técnicos que ajustan la iluminación y los colores, vestuaristas que impregnan las prendas de lodo y sangre, paramédicos atentos a cualquier eventualidad e incluso expertos que parecen comprender el lenguaje de los caballos.

Es un microuniverso de actividad incesante que enmudece al escuchar la orden de “¡Acción!”. Los integrantes del equipo se comunican por radio mediante un lenguaje propio y parecen anticiparse a los movimientos de sus compañeros. Cada uno conoce su tarea y está preparado para resolver los imprevistos de un oficio donde casi nada puede dejarse al azar.

“Aunque la cinta tenga elementos fantásticos, no quiero que adquiera un tono de terror sobrenatural. Es sobre la vida, más que sobre la muerte”, explica Armella durante una pausa entre tomas.

“Esta necesidad de mantenerse vivo, de salir vivo de las situaciones, es lo que me atrae. La vida puede ser mucho más aterradora. A veces nos creamos estos monstruos, muertos vivientes o cosas así, y los vivos son peores. Siempre el monstruo es el humano. Los más inhumanos son los humanos, los vivos, o como los queramos llamar. Esa es una cosa que a mí me encanta de ese cine”.

Luis Alberti. El actor interpreta a Andrés, un periodista que emprende una búsqueda desesperada de su exesposa, desaparecida en circunstancias misteriosas. CORTESÍA/Joaquín Urrutia

A unos metros, mientras el equipo ultima los preparativos de una nueva toma, Luis Alberti se dispone a entrar en personaje. Sacude el cuerpo, respira profundamente y busca el estado emocional que exige el guion. En una mano temblorosa sostiene un machete.

La orden de “¡Acción!” corta el aire. Alberti se convierte en Andrés: un hombre aterrorizado que corre con el machete en alto mientras lanza un grito desesperado.

La escena transcurre en un campo abrasado por el sol. Algo arde a lo lejos. La naturaleza permanece indiferente hasta que el silencio se rompe con el ruido de un motor entre los mezquites. Algo se acerca.

“En realidad yo pienso que esta es una historia de amor”, comenta Alberti. “Andrés es un personaje que está ahí cerrando todo un ciclo con su exesposa, reivindicándose. En el fondo, no pierde la esperanza de recuperar lo perdido. Creo que esa podría ser una de las premisas de la película: nunca perdemos la esperanza de encontrar lo que perdimos. Y esta historia plantea una forma surrealista de hacerlo, de explorar hasta dónde seríamos capaces de llegar con tal de recuperar aquello que queremos”.

No es la primera vez que Alberti y Armella trabajan juntos. El director ya lo había dirigido en “El diablo en el camino”, una película ambientada en el México posrevolucionario que narra la travesía de un carpintero por tierras marcadas por el Diablo, en busca de un lugar donde sepultar a su hijo pequeño.

“Todo esto forma parte de un mismo universo de Carlos”, señala Alberti. “Él reflexiona sobre la muerte, la reivindicación y estos caminos iniciáticos, como el viaje del héroe, en los que resurges de tus propios escombros. El personaje de Andrés también es un poco eso”.

Una antigua casa de adobe en San José de Gracia se transforma en el escenario de una historia marcada por el misterio y lo sobrenatural. EL INFORMADOR/F. Salcedo
Atmósfera desolada. La historia se desarrolla entre campos secos, mezquites y construcciones deterioradas. EL INFORMADOR/F. Salcedo

Un escenario para el cine

Una de las novedades de esta producción es su realización en Jalisco. Se trata de la primera película que B Positivo filma en el Estado, atraída por el desarrollo de la industria cinematográfica local.

El equipo de “Los vivos” ha recorrido la laguna seca de Sayula, San José de Gracia, la presa Valencia y diversos espacios de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Arturo Acosta, gerente de locaciones y originario de Jalisco, fue el encargado de encontrar los escenarios adecuados para materializar el universo concebido en el guion. Su propósito no era únicamente mostrar el Estado, sino encontrar lugares que aportaran autenticidad a la historia.

“En una primera pasada mostré una parte de Jalisco que era más linda, por decirlo así, pero después de la plática con el director me di cuenta de que buscaba algo más real. De verdad quería encontrar ese México que existe, que todos vemos, pero que casi siempre se pinta muy lindo en las películas. Carlos quería locaciones crudas, lugares reales”, explica Acosta.

La filmación se desarrolla a lo largo de cuatro semanas. Aunque B Positivo tiene su sede en Ciudad de México, la mayor parte del equipo que participa en “Los vivos” está conformada por talento jalisciense.

“Ha sido una experiencia muy bonita. Hemos encontrado locaciones muy adecuadas, que nos funcionan. Todo ha fluido muy bien. Creo que, de hecho, es la vez que más fácilmente ha fluido, más que en filmaciones que hemos tenido en Guanajuato o en Ciudad de México. En ese sentido estamos muy contentos”, comenta Armella.

“Por otro lado, contamos con una gran mayoría de crew nuevo. Al ser gente de acá, no me había tocado trabajar con ellos, pero afortunadamente ha habido muy buena comunicación. Se nota que ya hay una industria acá y el trabajo es a nivel profesional”.

No obstante, el clima ha representado uno de los principales desafíos para quienes llegaron de otras entidades.

“Nomás que sí ha sido complicado por el clima. Hace mucho calor”, añade el director entre risas. “Creo que quienes venimos de fuera estamos sufriéndolo un poco”.

Para Luis Alberti, esta también es su primera experiencia cinematográfica en Jalisco, una entidad que considera cada vez más atractiva para la producción audiovisual.

“Yo no había venido a grabar a Jalisco. Está habiendo mucho movimiento de cine, desde el Festival del Cine, que tiene muchos años, hasta los apoyos que están dando. Creo que ahora es uno de los lugares más propicios del país para filmar. Además, es perfecto para la historia de la película”.

Elsa Reyes y Marion d’Ornano. Productoras con amplia trayectoria en la industria cinematográfica. CORTESÍA/Joaquín Urrutia

El trabajo detrás de la producción

Nada de lo que ocurre frente a las cámaras sería posible sin la labor de las productoras Elsa Reyes y Marion d’Ornano. La primera cuenta con más de dos décadas de experiencia en la industria cinematográfica; la segunda, con más de diez años. Juntas han conformado un equipo capaz de sostener las exigencias de un proyecto como “Los vivos”.

Su trabajo consiste en convertir las ideas del guion en situaciones concretas, incluso cuando parecen difíciles de realizar: conseguir una pista de aterrizaje, una avioneta, una presa o los recursos necesarios para filmar una persecución y representar los efectos de una planta capaz de devolver la vida a los muertos.

Ambas habían colaborado anteriormente con Carlos Armella, por lo que conocen su método de trabajo y su capacidad para adaptar las exigencias creativas a las posibilidades reales de una producción. Sin embargo, consideran que esta película representa un desafío distinto a los que habían enfrentado.

“El guion. Me parece que está padrísimo. Es muy fuerte. Esta película es muy distinta, el guion de Carlos es tan extraño, tiene un universo tan peculiar, que sentí que era un reto que valía la pena tomar”, comenta Elsa Reyes.

“En esta película se ha conseguido prácticamente todo lo que hemos querido. Trabajar con Carlos me parece muy padre. Es un director muy razonable, con los pies en la tierra, que conoce los límites. Él sabe qué se puede y qué no se puede hacer”.

La decisión de filmar en Jalisco surgió de la necesidad de encontrar un entorno distinto al de Ciudad de México. Aunque originalmente la historia estaba situada en otra entidad, las posibilidades que ofrecía el estado terminaron por convencer al equipo.

“Originalmente es una película que se tenía que hacer fuera de la Ciudad de México. El guion estaba escrito para otro estado. Así nació la idea de venir a Jalisco”, explica Marion d’Ornano.

“Poco a poco empezamos a explorar si era realista. Empezamos a entrevistar gente de cada departamento y fue un proceso más o menos largo, ayudados también por gente que conocemos acá. Poco a poco fuimos conformando el equipo. La naturaleza, las locaciones y la gente con la que hemos colaborado, todo ha sido muy satisfactorio hasta el momento”, concluye.

Sigue navegando