Campo, pieza clave en plan hídrico de Jalisco
El gobierno estatal y el Consejo Consultivo buscan optimizar el uso del agua mediante nuevas tecnologías y sistemas de riego
La tecnificación del campo, la modernización de los sistemas de riego y la reconversión de prácticas agrícolas ineficientes forman parte de la estrategia hídrica que Jalisco plantea para los próximos 20 años, con el objetivo de reducir el consumo de agua sin comprometer la producción de alimentos ni la competitividad del sector agroalimentario.
La propuesta forma parte del Sistema Institucional de Gestión Estratégica del Agua de Jalisco (SIG-2046), presentado durante el Diálogo por el Agua, encabezado por el Gobierno estatal y el Consejo Consultivo del Agua. Contempla cinco líneas de acción para mejorar el abasto, fortalecer la infraestructura y garantizar la sostenibilidad del recurso.
Además de la eficiencia agrícola, contempla la optimización de las redes de distribución y las fuentes de abastecimiento urbano del Área Metropolitana de Guadalajara, la restauración de cuencas, el desarrollo de infraestructura hídrica en el interior del Estado y el fortalecimiento de la gestión comunitaria del agua en zonas rurales.
La atención al campo destaca por su consumo. Según el diagnóstico, el sector agrícola utiliza cuatro mil 953 hectómetros cúbicos de agua al año, equivalentes al 63% de los usos consuntivos estatales (líquido que se extrae y no se devuelve a la fuente de origen en condiciones utilizables) y registra una eficiencia de apenas 37 por ciento.
Esta presión sobre el recurso coincide con la disponibilidad negativa o el déficit que hay en 35 de los 59 acuíferos de Jalisco, una situación que amenaza la estabilidad hídrica de regiones como Los Altos, Ciénega y Sur.
El documento propone modernizar el riego, aplicar tecnologías de precisión, mejorar las prácticas productivas y buscar fuentes alternativas de agua. La meta para 2030 es recuperar 260 hectómetros cúbicos anuales para consumo humano y restauración ambiental, sin ampliar la superficie de riego. Cada hectómetro cúbico equivale a mil millones de litros.
La estrategia busca equilibrar la seguridad alimentaria e hídrica. Jalisco, principal productor agroalimentario del país, genera 17% de los alimentos consumidos en México. El reto es producir más con menos agua.
Rodrigo Navarro Guerrero, presidente del Consejo Consultivo del Agua, sostuvo que la Entidad necesita distribuir eficientemente el recurso entre los sectores agrícola, industrial y urbano, con prioridad en el abastecimiento a la población.
Acentuó que deben establecerse incentivos para que los agricultores tecnifiquen sus sistemas y reduzcan la extracción de agua de los mantos freáticos.
Francisco Mayorga Castañeda, exsecretario federal de Agricultura, advirtió que el agua es limitada y asignar más a un sector puede afectar a otros y a los ecosistemas. Por ello, consideró necesario alcanzar acuerdos con los concesionarios de agua para riego y abrevadero de ganado.
Juan Guillermo Márquez Gutiérrez, coordinador del Observatorio Ciudadano para la Gestión Integral del Agua, señaló que la tecnificación y la reconversión de cultivos deben acompañarse de financiamiento, capacitación y mecanismos viables para los productores.
Advirtió que las medidas deben diseñarse con la participación de quienes trabajan en el campo, pues su experiencia es fundamental para que las propuestas institucionales puedan aplicarse y generar resultados.
Cultivos que más agua consumen
Grandes consumidores
- Caña de azúcar, maíz forrajero, pastos, praderas y alfalfa.
Representan 60% del consumo agrícola de agua y tienen una productividad económica relativamente baja por metro cúbico utilizado.
Intensivos de alto valor
- Berries, aguacate y hortalizas.
Generan mayor valor económico por volumen de agua utilizado, por lo que se propone fortalecer la medición, el riego de precisión y controlar la expansión de sus superficies.
Consumo intermedio
- Cítricos, agave irrigado, mango, papaya, trigo y sorgo.
Se plantea evaluar las necesidades hídricas por región y acuífero, modernizar el riego o cambiar cultivos cuando su rentabilidad no justifique el consumo.
Jalisco pretende ahorrar agua según el valor y tipo de cultivo
La tecnificación del campo en Jalisco no puede aplicarse de manera uniforme. La cantidad de agua que requiere cada cultivo, su rentabilidad y su importancia para la economía estatal deben determinar las medidas para reducir el consumo y aliviar la presión sobre los acuíferos.
Así lo plantea el Sistema Institucional de Gestión Estratégica del Agua de Jalisco (SIG-2046), que propone clasificar la producción agrícola según la superficie cultivada y el valor económico generado, con el propósito de establecer prioridades y aplicar soluciones diferenciadas.
El primer grupo, denominado “Grandes consumidores estructurales”, incluye caña de azúcar, maíz forrajero, pastos, praderas y alfalfa. En conjunto, estos cultivos concentran aproximadamente 60% del consumo agrícola de agua y tienen una productividad económica relativamente baja por metro cúbico utilizado.
Aunque sostienen cadenas pecuarias y lecheras, el documento los identifica como prioritarios para la tecnificación masiva. Entre las medidas propuestas están nivelar terrenos con láser, rehabilitar compuertas, instalar tuberías de baja presión e incorporar sistemas de aspersión y pivotes centrales. En los casos viables, plantea utilizar riego por goteo, sensores de humedad y medición volumétrica.
El segundo grupo comprende cultivos intensivos de alto valor, como berries, aguacate y hortalizas. Debido a su elevada productividad económica aparente, la propuesta no contempla reducir indiscriminadamente su producción, sino reforzar la medición, la tecnificación de precisión y el control de la expansión agrícola para proteger los acuíferos.
Un tercer grupo incluye cítricos, agave irrigado, mango, papaya, trigo y sorgo. Para estos productos, el documento propone evaluar las necesidades hídricas por región y acuífero, así como considerar la reconversión productiva o la modernización del riego cuando la rentabilidad no justifique el volumen de agua utilizado.
Francisco Mayorga Castañeda, expresidente del Consejo Consultivo del Agua y exsecretario federal de Agricultura, explicó que la aspersión y el riego por goteo pueden reducir el consumo frente a los métodos tradicionales, aunque requieren inversiones importantes. “El agua corre, como dicen los rancheros, por su pie… se va solita, siguiendo la pendiente del terreno. Entonces, si eso se cambia por otro tipo de riego, por ejemplo, riego por aspersión, se ahorra muchísima agua”.
Advirtió que la modernización también debe considerar las características de cada cultivo. En el caso de las berries, por ejemplo, la calidad del agua es especialmente relevante por tratarse de productos que suelen consumirse frescos.
Juan Guillermo Márquez Gutiérrez, coordinador del Observatorio Ciudadano para la Gestión Integral del Agua, cuestionó que las berries y el aguacate tengan prioridad dentro de la estrategia y sostuvo que debe prestarse especial atención a los productos de la canasta básica. También advirtió que la reconversión agrícola debe considerar los ingresos de los productores y las condiciones de las cadenas de suministro.
Indicó que es necesario medir la humedad y aplicar el riego oportunamente para evitar desperdicios.
Por su parte, Rodrigo Navarro Guerrero, presidente del Consejo Consultivo del Agua, consideró que los ahorros del sector agrícola deben contribuir a garantizar el abastecimiento urbano y fortalecer las reservas hídricas.
Una alternativa, planteó Mayorga Castañeda, sería negociar intercambios de agua entre agricultores de la zona de Atequiza y el sistema urbano: entregar agua limpia de pozos para consumo humano y recibir agua tratada de la planta de El Ahogado para actividades productivas compatibles con su calidad. El exfuncionario subrayó que estos acuerdos requieren diálogo, transparencia e incentivos, pues no pueden imponerse mediante decretos ni desconocer los derechos de los concesionarios.
La estrategia también contempla aprovechar agua tratada en determinadas actividades agrícolas, siempre que cumpla las condiciones sanitarias necesarias. El objetivo es reducir la presión sobre ríos y acuíferos sin debilitar la producción ni la economía regional.
GUÍA
¿Quién financiaría la tecnificación?
De acuerdo con el documento estatal, la modernización del campo requeriría un esquema de financiamiento compartido.
Federación y Gobierno estatal
La propuesta establece una aportación federal de 40% y una estatal de 25% dentro del esquema general de inversión hídrica. Los recursos públicos se destinarían principalmente a grandes obras, tecnificación, resiliencia e infraestructura estratégica.
Productores y usuarios
Aportarían 10% para la tecnificación parcelaria y las inversiones vinculadas con los beneficios directos de cada proyecto. También asumirían la operación y el mantenimiento de los sistemas.
Banca de desarrollo e instituciones financieras
Entidades como los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) y la banca comercial participarían mediante instrumentos de financiamiento para facilitar inversiones en tecnología, infraestructura parcelaria y medidas de eficiencia hídrica.
Organizaciones y cadenas productivas
Se buscarían convenios con módulos y asociaciones de riego, agroindustrias y cadenas pecuarias para coordinar proyectos, distribuir costos y facilitar la modernización en unidades y distritos de riego. Entre los sectores considerados están los productores de caña de azúcar, maíz forrajero, alfalfa y pastos.
El objetivo es distribuir los costos de la tecnificación entre los sectores involucrados y facilitar la adopción de tecnologías que permitan reducir el consumo de agua en las actividades agropecuarias.
El Estado enfrenta diferencias entre las concesiones y el consumo agrícola
Jalisco enfrenta un desbalance entre la disponibilidad de agua, los volúmenes concesionados y el consumo efectivo, particularmente en el sector agrícola. El diagnóstico del Sistema Institucional de Gestión Estratégica del Agua de Jalisco (SIG-2046) advierte que estas diferencias dificultan conocer la presión real sobre las fuentes y establecer medidas para garantizar el abastecimiento a largo plazo.
De acuerdo con cifras de la Conagua reportadas por el Instituto de Información Estadística y Geográfica (IIEG), la recarga anual estimada de los acuíferos de Jalisco es de dos mil 352.6 hectómetros cúbicos, frente a un volumen concesionado de dos mil 619.2 hectómetros cúbicos (cada hectómetro equivale a mil millones de litros). La diferencia negativa asciende a 266.6 hectómetros cúbicos anuales.
La presión también se refleja en acuíferos con disponibilidad negativa. Cajititlán, Los Altos de Jalisco y Atemajac son las regiones más afectadas. Para atender estas condiciones, el diagnóstico plantea reforzar el control urbano, el saneamiento, el reúso, la protección de zonas de recarga y la supervisión de pozos, además de reducir las fugas en las redes de distribución.
Una de las principales discrepancias corresponde al consumo agrícola. Mientras el Registro Público de Derechos de Agua (REPDA) contabiliza cerca de dos mil 44 hectómetros cúbicos anuales concesionados para esta actividad, el aprovechamiento estimado en el diagnóstico alcanza cuatro mil 953 hectómetros cúbicos, al considerar fuentes superficiales y subterráneas.
La diferencia evidencia que los títulos de concesión, por sí solos, no necesariamente reflejan el volumen utilizado en la práctica.
Francisco Mayorga Castañeda advirtió que es necesario actualizar las mediciones de las reservas subterráneas para conocer mejor su comportamiento y determinar cuánto recurso puede aprovecharse.
“Hace mucho que no hacemos mediciones de los acuíferos, de las aguas que están subterráneas”, señaló. También alertó que la presencia de agua en el subsuelo no garantiza que sea apta para consumo, pues las perforaciones profundas pueden encontrar contaminantes como arsénico, fluoruros y nitratos.
Rodrigo Navarro Guerrero, presidente del Consejo Consultivo del Agua, consideró indispensable medir los pozos y generar incentivos para reducir la extracción agrícola.
Y el experto Juan Guillermo Márquez Gutiérrez señaló que gran parte del riego agrícola depende del agua subterránea, por lo que pidió establecer acciones concretas de eficiencia y destacó la importancia de conservar y recuperar los bosques por su función en la infiltración y recarga de los acuíferos. A su juicio, la protección de la vegetación debe incorporarse a la estrategia para atender la disponibilidad hídrica de Jalisco.
DATOS CLAVE
Los volúmenes autorizados rebasan la recarga
Los acuíferos, en números rojos
- Recarga natural: 2,352.6 hectómetros cúbicos al año entran a los acuíferos.
- Permisos otorgados: 2,619.2 hectómetros cúbicos al año están autorizados por Conagua.
- Déficit estatal: Se extraen 266.6 hectómetros cúbicos más de lo que se repone anualmente.
Zonas críticas:
- Hay tres acuíferos en estado severo de sobreexplotación:
- Cajititlán: Déficit de 16.95 hectómetros cúbicos al año.
- Los Altos de Jalisco: Déficit de 14.1 hectómetros cúbicos al año.
- Atemajac: Déficit de 12.68 hectómetros cúbicos al año.