Muere Robert Mueller, el fiscal que desafió a Trump
Permaneció al frente del FBI durante 12 años; el combate al terrorismo y la investigación al republicano marcaron su trayectoria
Robert S. Mueller III, el director del FBI que transformó la principal agencia de seguridad pública del país en una fuerza de lucha contra el terrorismo tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y que más tarde se convirtió en fiscal especial a cargo de investigar los vínculos entre Rusia y la campaña presidencial de Donald Trump, falleció a los 81 años.
“Con profunda tristeza, compartimos la noticia de que Bob falleció” el viernes por la noche, declaró su familia en un comunicado emitido el sábado. “Su familia pide que se respete su privacidad”.
En el FBI, Mueller se dispuso casi de inmediato a reformar la misión de la agencia para satisfacer las necesidades del siglo XXI, comenzando su mandato de 12 años apenas una semana antes de los atentados del 11 de septiembre y sirviendo bajo presidentes de ambos partidos políticos. Fue nominado por el presidente republicano George W. Bush.
Ese acontecimiento cambió instantáneamente la máxima prioridad de la agencia, de resolver delitos internos a prevenir el terrorismo, un giro que impuso un estándar casi imposiblemente difícil para Mueller y el resto del Gobierno federal: prevenir 99 de cada 100 complots terroristas no es suficiente.
Más tarde, fue fiscal especial en la investigación del Departamento de Justicia sobre si la campaña de Trump coordinó ilegalmente con Rusia para influir en el resultado de la contienda presidencial de 2016.
El segundo director con más tiempo en la historia del FBI, solo por detrás de J. Edgar Hoover, Mueller ocupó el cargo hasta 2013 después de aceptar la petición del presidente demócrata Barack Obama de permanecer incluso después de que venciera su mandato de 10 años.
Tras varios años en la práctica privada, Mueller fue solicitado por el fiscal general adjunto Rod Rosenstein para regresar al servicio público como fiscal especial en la investigación Trump-Rusia.
El semblante severo y carácter taciturno de Mueller se correspondía con la seriedad de la misión, mientras su equipo pasó casi dos años llevando a cabo en silencio una de las investigaciones más trascendentales, aunque divisivas, en la historia del Departamento de Justicia. No ofreció conferencias de prensa ni hizo apariciones públicas durante la pesquisa, permaneciendo en silencio pese a los ataques de Trump y sus partidarios y creando un aura de misterio en torno a su trabajo.
En total, Mueller presentó cargos penales contra seis de los asociados del presidente, incluido su jefe de campaña y su primer asesor de seguridad nacional.
Su informe de 448 páginas, publicado en abril de 2019, identificó contactos sustanciales entre la campaña de Trump y Rusia, pero no alegó una conspiración criminal. Expuso detalles perjudiciales sobre los esfuerzos de Trump por tomar el control de la investigación, e incluso cerrarla, aunque se negó a decidir si Trump había violado la ley, en parte debido a una política del departamento que prohíbe acusar a un presidente en funciones.
Pero quizá en la parte más memorable del informe, Mueller señaló de manera tajante: “Si tuviéramos confianza, tras una investigación exhaustiva de los hechos, de que el presidente claramente no cometió obstrucción a la justicia, lo diríamos. Con base en los hechos y las normas legales aplicables, no podemos llegar a ese juicio”.
La conclusión nebulosa no asestó el golpe de gracia al Gobierno que algunos opositores de Trump habían esperado, ni desencadenó un impulso sostenido para que los demócratas en la Cámara de Representantes sometieran al presidente a un juicio político, aunque más tarde fue juzgado y luego absuelto por acusaciones separadas relacionadas con Ucrania.
Tras la evolución de la agencia
La etapa de Mueller como director del FBI estuvo definida por los atentados del 11 de septiembre y sus consecuencias, momento en el que a la dependencia se le otorgaron amplios nuevos poderes de vigilancia y seguridad nacional.
La intención de ello fue enfrentar a una Al Qaeda en ascenso e interrumpir complots y sacar a terroristas de las calles antes de que pudieran actuar.
Fue un nuevo modelo de vigilancia para un FBI que durante mucho tiempo había estado acostumbrado a investigar delitos pasados.
Cuando se convirtió en director del FBI, “había esperado centrarme en áreas que me eran familiares como fiscal: casos de drogas, casos de delitos de cuello blanco y delitos violentos”, dijo Mueller a un grupo de abogados en octubre de 2012.
En cambio, “tuvimos que centrarnos en un cambio estratégico a largo plazo. Tuvimos que mejorar nuestras capacidades de inteligencia y modernizar nuestra tecnología. Tuvimos que apoyarnos en alianzas sólidas y forjar nuevas amistades, tanto aquí en casa como en el extranjero”.
En respuesta, el FBI trasladó dos mil de los cinco mil agentes totales en los programas criminales de la agencia a seguridad nacional.
En retrospectiva, la transformación fue un éxito, aunque en ese momento, hubo problemas, y Mueller lo dijo.
En un discurso cerca del final de su mandato, Mueller recordó “aquellos días en que estábamos bajo ataque de los medios y recibiendo golpes del Congreso; cuando el secretario de justicia no estaba nada contento conmigo”.
Del Ejército a la burocracia
Nacido en Nueva York en 1944, Robert Mueller obtuvo una licenciatura en la Universidad de Princeton y una maestría en relaciones internacionales en la Universidad de Nueva York.
Luego se unió a los Marines, sirviendo durante tres años como oficial durante la guerra de Vietnam. Dirigió un pelotón de fusileros y recibió una Estrella de Bronce, un Corazón Púrpura y dos Medallas de Encomio de la Marina.
Tras su servicio militar, Mueller obtuvo un título de derecho en la Universidad de Virginia.Mueller se convirtió en fiscal federal y disfrutaba el trabajo de llevar casos penales.
Ascendió rápidamente en las fiscalías federales en San Francisco y Boston de 1976 a 1988. Más tarde, como jefe de la división criminal del Departamento de Justicia en Washington, supervisó una serie de procesos de alto perfil que sumaron victorias contra objetivos tan variados como el dictador panameño Manuel Noriega y el mafioso John Gotti.
En un cambio a mitad de carrera que sorprendió a sus colegas, Mueller dejó un empleo en un prestigioso bufete de Boston para unirse a la división de homicidios de la fiscalía federal en la capital del país.
Mueller estaba impulsado por una pasión profesional por el trabajo minucioso de construir casos penales. Incluso como jefe del FBI, se metía en los detalles de las investigaciones, algunas de ellas importantes pero otras no tanto, a veces sorprendiendo a agentes que de pronto se encontraban al teléfono con el director.
Dos ataques terroristas ocurrieron hacia el final del período de Mueller: el Maratón de Boston y el de Fort Hood en Texas. Ambos pesaron mucho sobre él, reconoció en una entrevista dos semanas antes de su partida.
“Me alegro que haya muerto”: Donald Trump
El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó que se alegra de la muerte de Robert Mueller, el exdirector del FBI que lideró la investigación sobre una supuesta intromisión del Gobierno ruso en su campaña electoral de 2016.
“Robert Mueller acaba de fallecer. Bien, me alegro de que haya muerto. ¡Ya no podrá hacer daño a gente inocente!”, escribió en su red Truth Social.
En mayo de 2017, fue nombrado fiscal especial por el Departamento de Justicia para investigar a Trump por las supuestas interacciones con una trama rusa para ayudar al republicano a ganar las presidenciales en las que se había impuesto seis meses antes.
Su investigación determinó que Rusia llevó a cabo una amplia campaña de injerencia en 2016, incluida desinformación en redes sociales, hackeo y filtración de correos de políticos demócratas, pero no estableció ninguna conspiración con la campaña de Trump.