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¿Cisma en la Iglesia Católica? La SSPX se dispone a nombrar cardenales sin permiso del papa

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X sigue adelante con su intención de nuevas ordenaciones episcopales programadas para el 1 de julio,  a pesar de las advertencias de excomunión de la Santa Sede

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) atraviesa un nuevo punto de tensión en su prolongado proceso de relación con la Santa Sede al proseguir con su intención de consagrar a cuatro nuevos obispos el 1 de julio de 2026 en su seminario de Écône, Suiza, sin contar con el mandato pontificio requerido para este tipo de ordenaciones.

La eventual realización de estas consagraciones reabriría un debate que acompaña a la FSSPX desde las ordenaciones episcopales de 1988, efectuadas por el arzobispo Marcel Lefebvre sin autorización de Roma. La decisión anunciada plantea interrogantes sobre el futuro de sus vínculos con la Santa Sede y sobre las implicaciones canónicas de una medida que el Vaticano históricamente ha considerado incompatible con la disciplina eclesial vigente.

El anuncio oficial, realizado a finales de mayo por el superior general de la fraternidad, el sacerdote Davide Pagliarani, confirmó que la congregación seguirá adelante con las ordenaciones a pesar de las advertencias previas del Vaticano. La medida ha generado una profunda preocupación en la Iglesia, que ve en este acto una repetición de las tensiones que han marcado las últimas décadas. 

La situación coloca a la Iglesia Católica ante una de sus crisis internas más delicadas, obligando a las altas esferas del Vaticano a pronunciarse de manera urgente para intentar frenar la ruptura.

Para comprender la magnitud de este conflicto, es necesario remontarse a los orígenes de la fraternidad. La FSSPX fue fundada en 1970 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre como una respuesta de rechazo a las reformas impulsadas por el Concilio Vaticano II. Los miembros de esta congregación, a menudo denominados lefebvrianos, se oponen firmemente a los preceptos modernos sobre la libertad religiosa, el ecumenismo y los cambios en la liturgia, manteniendo como pilar fundamental la celebración exclusiva de la misa en latín según el rito tridentino anterior a las reformas conciliares.

Desde su creación, la fraternidad se ha posicionado como un bastión del tradicionalismo, atrayendo a fieles que consideran que las aperturas de la Iglesia han diluido la doctrina original. Esta postura ha provocado fricciones constantes con la Santa Sede, ya que la FSSPX sostiene que las directrices de la década de 1960 introdujeron ambigüedades teológicas. Su rechazo a asimilar los documentos del concilio ha sido el núcleo de una disputa que, lejos de resolverse con el paso del tiempo, parece alcanzar ahora un nuevo punto crítico con la inminente ordenación de prelados.

El papa León XIV advierte a la FSSPX sobre el riesgo de un cisma ante su inminente decisión de consagrar prelados sin mandato pontificio, reavivando tensiones históricas. EFE/R. Antimiani

Ante la inminencia de las ordenaciones, el papa León XIV ha intervenido directamente enviando una carta a Pagliarani. En la misiva, el pontífice exhorta a la congregación a dar marcha atrás y evitar desgarrar la unidad eclesial, ofreciendo una vía de diálogo. El papa reconoce el celo apostólico, el compromiso con la formación sacerdotal y el apego a la tradición de la fraternidad, pero subraya que proceder sin autorización constituye un pecado de extrema gravedad. Por su parte, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, encabezado por el cardenal Víctor Manuel Fernández, ya había advertido por escrito en mayo que estas acciones suponen una ofensa severa.

La FSSPX justifica su proceder amparándose en lo que el derecho canónico denomina un estado de necesidad. Este concepto hace referencia a una situación excepcional en la que, ante un peligro inminente para la salvación de las almas o una crisis profunda en la transmisión de la fe, se considera lícito actuar al margen de la legalidad ordinaria para garantizar la supervivencia de los sacramentos. La fraternidad argumenta que la crisis actual de la Iglesia les obliga a asegurar la continuidad de su sacerdocio y su estructura, considerando la medida como un servicio indispensable para sus fieles alrededor del mundo.

El escenario actual es un eco directo de los acontecimientos de 1988, cuando Marcel Lefebvre consagró a cuatro obispos sin el beneplácito de Roma, lo que resultó en la excomunión de Juan Pablo II al fundador y a los prelados ordenados. Años más tarde, en un intento por sanar la herida, Benedicto XVI levantó dichas excomuniones en 2009, buscando tender puentes con el grupo tradicionalista. Posteriormente, el papa Francisco también realizó gestos de acercamiento, otorgando validez a ciertos sacramentos administrados por los sacerdotes de la fraternidad, como la confesión y el matrimonio, aunque sin lograr una regularización canónica plena.

De concretarse los nombramientos, las consecuencias para la relación entre Roma y la FSSPX serían drásticas, implicando una nueva excomunión para los involucrados y agregando el riesgo de una ruptura. Este desenlace se sumaría a otros episodios históricos de discrepancia, como las controversias por las declaraciones de algunos de sus miembros sobre hechos históricos en el pasado o la constante negativa de la fraternidad a firmar los preámbulos doctrinales propuestos por el Vaticano para su regularización.

¿Quiénes son los futuros cardenales de la FSSPX?

De acuerdo con la información divulgada por la propia fraternidad, los sacerdotes seleccionados para recibir la consagración son:

  • Pascal Schreiber: de nacionalidad suiza.
  • Michael Goldade: de nacionalidad estadounidense.
  • Michel Poinsinet de Sivry: de nacionalidad francesa.
  • Marc Hanappier: de nacionalidad francesa.

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