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Yankees despierta… ¿le alcanza para ganar el Este y llegar hasta el final?

Durante buena parte de la temporada Yankees pareció condenado a vivir pendiente de Aaron Judge. Su lesión alteró el equilibrio de la ofensiva y obligó al equipo a sobrevivir durante casi tres meses sin el hombre alrededor del cual estaba construida buena parte de su capacidad de intimidación. Lo consiguió. Y eso, ahora que Judge ha regresado, puede terminar siendo una de las mejores noticias para Nueva York, porque mientras esperaba a su monstruo aprendió que tenía que encontrar carreras, outs y victorias en otros lugares. Judge volvió y Yankees no sólo seguía vivo: estaba instalado firmemente en zona de postemporada y todavía con margen para pelear el Este. Ahora el equipo empieza a jugar mejor, Anthony Volpe ha regresado con autoridad, Cody Bellinger produce, Ben Rice aporta poder, otros jóvenes empiezan a asumir responsabilidades y Nueva York parece haber encontrado su mejor momento justo cuando septiembre empieza a oler a octubre.

La pregunta, entonces, ya no es si Yankees puede alcanzar la postemporada. Todo indica que sí. La pregunta es desde dónde llegará y, sobre todo, hasta dónde puede avanzar una vez adentro. Tampa Bay conserva ventaja en el Este, pero Nueva York todavía está suficientemente cerca como para seguir pensando en la división y no solamente en asegurar un comodín. Ésa es una diferencia importante. Yankees no está peleando desesperadamente por la última silla; está persiguiendo un título divisional mientras construye un colchón que le permite pensar seriamente en octubre. Si consigue alcanzar a Tampa, llegará fortalecido por una remontada y probablemente con una posición más cómoda en el cuadro. Si no lo consigue y entra por Wild Card, eso tampoco lo convierte en participante de segunda categoría. Un Yankees con Judge saludable, una ofensiva produciendo alrededor suyo y dos o tres abridores en buen momento puede ser mucho más peligroso que varios campeones divisionales.

Ahí está quizá lo más interesante del momento actual. Judge regresa y descubre que, afortunadamente, no tiene que rescatar solo a nadie. Bellinger aporta experiencia y poder; Rice ha demostrado capacidad para producir jonrones con regularidad; Volpe vuelve a aparecer en un momento oportuno; otros nombres empiezan a sumar y la ofensiva ya no parece sentada esperando que Aaron resuelva cada noche. Eso cambia por completo la estructura de una alineación. Judge sigue siendo el monstruo, el bateador que modifica la manera en que un rival trabaja todo el lineup, pero cuando detrás y delante suyo aparecen hombres capaces de hacer daño, deja de ser una dependencia y se convierte en multiplicador. El pitcher rival ya no puede pensar únicamente en evitar que Judge lo destruya; tiene que resolver también todo lo que ocurre antes y después de él.

Ese punto será todavía más importante en octubre. En temporada regular una superestrella puede cargar a un equipo durante semanas. En una serie corta no siempre funciona así. El rival puede lanzarle alrededor, puede enfrentarlo únicamente en situaciones favorables o sencillamente puede dominarlo durante tres partidos. Ahí es donde aparecen los demás. El verdadero peligro de Yankees no sería que Judge llegue pegando jonrones todos los días, sino que el contrario descubra que dominarlo ya no basta. Si Volpe, Bellinger, Rice y compañía continúan produciendo, Nueva York adquiere una profundidad ofensiva mucho más difícil de neutralizar. Y si Judge recupera paulatinamente su timing, su poder y su condición de amenaza permanente, entonces la alineación cambia de categoría.

Pero el verdadero techo de Yankees probablemente estará en la lomita. Carlos Rodón necesita llegar saludable y profundo, Max Fried debe recuperar consistencia y Cam Schlittler ha mostrado herramientas para convertirse en una pieza importante. Si Nueva York consigue formar una rotación corta con dos o tres abridores capaces de controlar juegos de postemporada y el bullpen sostiene ventajas, entonces sí hay argumentos reales para pensar más allá de la primera ronda. Octubre no exige necesariamente cinco grandes abridores; exige dos o tres que puedan dominar, un relevo confiable y la capacidad para ganar partidos 3-2 cuando el bateo no responde. Yankees puede tener eso, pero todavía debe demostrarlo. Ahí está una de las diferencias entre ser simplemente un equipo de playoff y convertirse en aspirante real al banderín.

Por eso tampoco conviene confundir el buen momento con una coronación anticipada. Tampa Bay ha sido más consistente durante el año, Boston sigue siendo un adversario peligroso y Houston conserva esa experiencia que lo convierte siempre en rival incómodo si consigue entrar. La Americana no tiene un dueño absoluto. Eso, precisamente, aumenta las posibilidades de Yankees. No necesita ser perfecto; necesita llegar sano, con ritmo y jugando su mejor béisbol cuando la temporada de 162 partidos deje de importar y todo se reduzca a ganar tres o cuatro antes que el contrario.

¿Le alcanza para ganar el Este? Sí, todavía. La distancia no es imposible y septiembre puede modificar mucho en apenas una semana. Pero no necesita alcanzar a Tampa Bay para convertirse en aspirante serio. Ésa es quizá la conclusión más importante. Si consigue la división, llegará con impulso, probablemente con mejor posición y quizá evitando una ronda incómoda. Si no la consigue y entra por Wild Card, seguirá siendo uno de esos equipos que nadie querrá recibir. El formato actual ya ha demostrado demasiadas veces que entrar como comodín no equivale a llegar disminuido. Una vez que comienza octubre, todos vuelven a cero.

Y ahí aparece nuevamente Judge. Nueva York no necesita exigirle que vuelva siendo Superman desde el primer turno. Puede permitirle recuperar timing, administrarlo y llevarlo paulatinamente a su mejor versión mientras otros producen. Si eso ocurre y el pitcheo acompaña, el techo de este equipo es considerablemente más alto de lo que parecía hace algunas semanas. Puede ganar una serie de comodines si termina ahí, puede disputar seriamente una Serie Divisional y tiene argumentos suficientes para pelear el campeonato de la Liga Americana. Incluso la Serie Mundial deja de parecer una exageración.

Nada está garantizado. Tampa sigue arriba, Boston acecha, Houston puede meterse y volverse molesto, Judge apenas está retomando ritmo y la salud de la rotación será determinante. Pero Yankees ya hizo quizá la parte más difícil: sobrevivió sin su monstruo. Ahora lo recuperó cuando los demás empiezan a producir, y eso puede transformar por completo lo que parecía simplemente una buena temporada en algo mucho más serio.

Si además alcanza a Tampa Bay, llegará a octubre como campeón divisional y encendido. Si no lo alcanza, puede entrar como Wild Card. Y quizá eso sea lo menos importante.

Porque si este Yankees llega sano y jugando así, el problema para los demás no será por qué puerta entró a la postemporada, sino cómo sacarlo de ella.

@salvadorcosio1
Bambinazos61@gmail.com

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