Voto familiar, ataque a la autonomía
Quería evitar este tema porque me parecía que era magnificar la voz de un movimiento retro y mega conservador que ha surgido en Estados Unidos y que cuestiona el avance y alcance de los feminismos en la construcción de la autonomía de las mujeres y los derechos humanos. Al final pensé que evitar no es la vía correcta, y que cuestionar y debatir es lo único que impide el avance de los movimientos ultra conservadores en el mundo entero.
En meses pasados, se llevó a cabo la Cumbre Mundial del Liderazgo Femenino en Estados Unidos, desde donde la ultraderechista Erika Kirk propuso eliminar el voto femenino y suplirlo por un “voto de hogar” como una elección del hombre jefe de familia a la cual, todas las personas integrantes deben ceñirse. Erika Kirk, lidera la organización conservadora “Turning Point USA” fundada por el fallecido Charlie Kirk. Su propuesta está centrada en reactivar el llamado modelo de la familia tradicional y con ello, contrarrestar las libertades y derechos conquistados.
El problema no es regresar al llamado modelo de la familia tradicional, lo que sea que esto signifique para las personas, sino que esta propuesta se centra en una serie de cuestionamientos que se hacen en torno a la conquista de los derechos humanos de las personas de la diversidad sexual, el derecho a la educación sexual integral, así como las políticas públicas para reducir y castigar las violencias contra las mujeres. Esta propuesta es parte de una agenda de un movimiento político ultra conservador que pretende reinstalar las relaciones de jerarquía entre hombres y mujeres y contrarrestar las conquistas de la autonomía de las mujeres. Cuando se cuestiona la autonomía, no es un asunto menor, porque esto implica la capacidad de las mujeres de tomar decisiones libres e informadas sobre su dinero y sus cuerpos, sin que éstas dependan de la autorización de alguien, en específico de un hombre.
Esta propuesta se hace viral y fuerte porque se articula a través de los llamados influencers en todo el mundo que se atreven a decir, “todo el movimiento feminista fue una operación de propaganda de la CIA para obligar a las mujeres a pagar impuestos” (Savanna Stone) o que les dice a las mujeres “ten más hijos de los que puedas permitirte porque tu vida no te pertenece a ti, sino a Cristo” (Erika Kirk). Desde la sociología, a esto se le llama la teoría del contragolpe o backlash planteado por Susan Faludi y que señala que, ante el avance de los derechos, estos se deben cuestionar basados en la idea de que “antes vivíamos mejor”.
Además, este movimiento político, se acompaña de una tendencia en redes llamada las “Tradwives” o esposas tradicionales que se dedican solo al hogar y no, no hay nada malo en dedicarse al hogar, el problema es que esta idea está basada en principios religiosos que colocan a la sumisión como un deber divino y que se han ido construyendo como un movimiento estético y político complejo. Es decir, existe un movimiento político internacional que señala que la mayor conquista de las mujeres en la modernidad es renunciar a sus derechos y a su autonomía como un símbolo de libertad, haciéndolo de manera voluntaria.
En México, el panista Javier Albarrán secundó la propuesta del voto familiar porque según él, esto coloca en el centro las necesidades de las familias como la salud, la educación o el empleo. Necesidades, no derechos, un discurso político que tendríamos que cambiar para cambiar el sentido de la ciudadanía. Un discurso que, además, pretende volver a descargar en los hogares lo que al Estado le corresponde construir.
Resulta importante señalar cuando los derechos se ganan y se construyen desde las conquistas ciudadanas, es difícil imaginar un retroceso, no obstante, cuestionarlos desde modelos ideológicos, políticos y estéticos es muy peligroso porque su avance puede ser silencioso y abrumador, sobre todo en medio de corrientes que, además, han retomado el viejo debate sobre quiénes deberían votar en una democracia enfocándose en la meritocracia y no en su propia universalidad. En adelante, hay que seguir muy de cerca los avances de este tipo de movimientos sin banalizarlos porque nada que cuestione la autonomía y los derechos, debe observarse o analizarse a la ligera.