“Verdaderamente decepcionado”
Nos cuentan que el gobernador Pablo Lemus regresó de la Ciudad de México para compartir que el Gobierno federal apoyará con recursos para obras hídricas en la metrópoli. Todo bien. Pero aprovechó y dijo estar “verdaderamente decepcionado” porque Tlaquepaque y Tonalá no quieren reconocer los adeudos de administraciones anteriores con el SIAPA, que según el organismo ascienden a los 260 millones y 90 millones de pesos, respectivamente.
En pocas palabras: cada quien quiere pagar su propia fiesta y dejarle la cuenta al que estaba antes.
La crítica es porque el Gobierno estatal, Guadalajara, Zapopan, Tlajomulco y hasta la UdeG se están comprometiendo a pagar sus deudas, pero en los municipios alfareros la cuenta parece traer más vueltas que una fuga.
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En Tlaquepaque, mientras tanto, la discusión con el SIAPA parece partida de ping-pong: uno reclama la deuda; el otro devuelve recibos y, de paso, pide revisar quién le debe a quién.
Ayer la alcaldesa Laura Imelda Pérez Segura sostuvo que el municipio ya cumplió con el pago y que incluso depositó 7.6 millones de pesos ante el Tribunal de Justicia Administrativa, luego de que el organismo no entregara los desgloses necesarios. Además, cuestionó cuentas que no corresponden al municipio, el cobro de intereses sobre intereses y también pide aplicar la prescripción.
¿Qué tal?
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Nos dicen que María Padilla, directora de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes en Jalisco, recibirá este jueves a Miguel Torruco, subsecretario federal de Prevención de las Violencias, quien visitará el Estado para dar el banderazo a la construcción de centros comunitarios en Tonalá, Tlaquepaque y Zapopan.
La inversión será superior a los 30 millones de pesos, provenientes del Gobierno federal, como parte del programa México Imparable de la Secretaría de Seguridad.
Los nuevos espacios buscan atender a niñas, niños y jóvenes con servicios de salud mental, además de ofrecer actividades deportivas y culturales; es decir, la apuesta será que los chamacos tengan dónde hacer deporte, aprender y convivir, antes de que la calle termine convirtiéndose en su centro comunitario.
Ahora falta que las obras se construyan y, sobre todo, que cumplan con el propósito de prevenir las violencias.