Tradwifes, ¿pura fantasía?
Mujeres vestidas impecables, sonrientes, algunas hasta con delantal y tacones; que muestran cómo cocinan complejos platillos desde cero, se dedican al cuidado de sus hijos y mantienen sus casas impolutas, perfectas; sin mostrar cansancio o expresar queja alguna. Es el fenómeno de las llamadas “Tradwife” (abreviatura de “traditional wife” o “esposa tradicional”), una tendencia digital que promueve y romantiza la sobrecarga de trabajo doméstico, la dependencia económica y la subordinación voluntaria al marido o pareja, como un modelo de vida totalmente idealizado.
¿Cuál es el centro del debate? Primero, no se trata de cuestionar ni criticar a las mujeres que se dedican al hogar, ya sea porque así lo decidieron o por sus propias circunstancias. Sin embargo, el estilo de vida que promueve el movimiento tradwife -de forma engañosa- es totalmente idealizado; romantiza dedicarse al espacio doméstico omitiendo una realidad fundamental: la sobrecarga de cuidados y condiciones de desigualdad que desde hace siglos traen a cuestas las mujeres.
Es una narrativa idílica del trabajo en el hogar. ¿Acaso la limpieza de la casa, la crianza y los cuidados no son actividades que ya realizan diariamente millones de mexicanas, sin remuneración ni protección o independencia económica, o siquiera condiciones que les permitan elegir su proyecto de vida?
En segundo lugar, mientras las “tradwife” idealizan la dependencia económica de sus parejas, como una vida plena, tranquila y feliz, muchas de ellas son mujeres de clase media alta y alta, cuyos contenidos les están generando ingresos; hay quienes cuentan con patrocinios y tienen equipos de producción y marketing. O sea, más que amas de casa tradicionales, son empresarias promoviendo un estilo de vida.
¿Cuántas mujeres con empleos remunerados enfrentan a diario el desgaste de llegar a casa y sumar y asumir gran parte de las tareas domésticas? La distribución desigual de los cuidados ha ido perpetuando las dobles o triples jornadas laborales.
Y tercero: el fenómeno “tradwife” ha comenzado a llevarse al extremo. En Estados Unidos (y recientemente también en México) se han atrevido a plantear retirar el derecho al voto de las mujeres e instaurar un “voto por hogar”; es decir, un escenario en el que el jefe de familia como representante político de todos los integrantes y el único que ejerza ese derecho. Desde donde se vea, se trata de un retroceso inverosímil.
La realidad aspiracional detrás del movimiento “tradwife” es más compleja de lo que muestran sus publicaciones y contenidos de redes sociales. Es una visión que legitima el machismo y la explotación de las mujeres más vulnerables.
Como todo en internet, hay que verlo con ojos críticos y desconfiados. Probablemente dedicarse al hogar podría ser un proyecto de vida ideal para miles de mujeres si existiera un reconocimiento real y económico del costo que tiene el trabajo doméstico.