Tecalitlán, perpetuidad delincuencial
Por ser cuna de los mejores grupos de mariachis del país y por ser mencionado en la canción “Cocula” del célebre Manuel Esperón y Ernesto Cortázar, que hizo casi un himno el “charro cantor” Jorge Negrete, el municipio de Tecalitlán, Jalisco, es conocido dentro y fuera de México.
Pues bien, esa fama nacional e internacional no ha servido para que sus gobiernos combatan debidamente a la delincuencia y lo conviertan en un destino turístico potente, sino que por años se ha perpetuado ahí el crimen organizado que se ha reflejado en múltiples episodios de infiltración delincuencial en sus autoridades y cuerpos policiales.
El caso más reciente se dio la semana pasada que fue noticia nacional el hallazgo de una finca que funcionaba como un narcohospital, en el que rescataron a ocho personas que estaban convaleciendo de alguna herida y que dijeron haber sido reclutados para cometer actos delictivos o enfrentarse a bandas rivales.
En este hospital clandestino fueron detenidas seis personas que ayer quedaron encarceladas al ser vinculadas a proceso acusadas de desaparición y trata de personas agravada.
La Fiscalía de Jalisco investiga si los médicos que atendían a los lesionados eran forzados a dar el servicio o formaban parte del mismo grupo delincuencial.
Lo preocupante es que este narcohospital no funcionaba a las orillas del pueblo o en alguna zona despoblada. Estaba y operaba en plena cabecera municipal a unas cuadras de la Presidencia Municipal, lo que habla de que los policías volteaban a otra parte cuando llegaban ahí los lesionados, o de plano están coludidos.
La corrupción y sometimiento de la policía de Tecalitlán al crimen organizado fue también noticia mundial en enero del 2018, cuando el comisario y casi todo su cuerpo policial fueron acusados de entregar a un grupo delincuencial que operaba en esa zona a tres empresarios italianos.
La desaparición de esos tres ciudadanos napolitanos Raffaele Russo, Antonio Russo y Vincenzo Cimmino, de los que aún se desconoce su paradero, desencadenó una fuerte crisis diplomática entre el Gobierno de México y el gobierno de Italia, y una intensa presión internacional al Estado Mexicano, cuando trascendió que habían sido los policías de Tecalitlán los que los habían detenido y entregado al Cártel Nueva Generación. La indignación llegó al futbol de la Serie A, cuando en el estadio del club de futbol de Nápoles, ciudad natal de las víctimas, se desplegaron pancartas y mantas en las tribunas exigiendo la liberación y el regreso con vida de sus tres coterráneos. Así como a organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y al Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU.
El caso de este hospital clandestino en Tecalitlán deja en evidencia nuevamente que la depuración policial está lejos de contrarrestar los altos índices de infiltración delincuencial en las corporaciones federales, estatales y municipales, pese a los miles de millones de pesos que se han invertido en las pruebas de control y confianza desde hace casi dos décadas que iniciaron en el sexenio del panista Felipe Calderón.
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