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Primer triunfo contra el algoritmo

Una vez, harto de la pantalla y las notificaciones, encajuelé mi celular. Fue un periodo de mucho estrés. Insomne por la fatiga y la falta de concentración, lo metí en la cajuela del carro en lo que pensaba lo que iba a hacer con él. Duró allí apenas unas horas.  

Todavía algunas noches, al volver a casa, batallo para alejar el móvil antes de dormir. A veces logro aferrarme a un buen libro y otras me dejo arrastrar por el scroll infinito hasta conciliar el sueño y la culpa al mismo tiempo. Lo odio, pero lo necesito.

Por eso me alegró tanto el histórico acuerdo de Meta (propietaria de Facebook e Instagram), que la obliga a pagar una indemnización de casi 18 mil mdd por generar adicción y daños a la salud mental de menores en 47 estados de la Unión Americana.  

Esta resolución le evitó un pago de unos 200 mil mdd a la compañía de Mark Zuckerberg, pero más allá de los montos, dos puntos son importantes.

Primero, establece un precedente que podría impulsar un cambio cultural y una nueva forma de relacionarnos con la tecnología del algoritmo y las redes sociales.

Hay quienes lo comparan con las medidas para sancionar y regular a las tabacaleras tras demostrar que el cigarrillo es adictivo y cancerígeno, algo que las compañías negaron hasta el final, igual que Mark Zuckerberg al negar el diseño adictivo de Facebook e Instagram.

Y segundo, Meta está obligada ahora a hacer cambios inmediatos para proteger a los menores en Estados Unidos.

Los más referidos en notas y análisis son limitar el uso a dos horas diarias; bloquear el acceso nocturno de 00:00 a 6:00; silenciar notificaciones de noche y en horario escolar (8:00 a 15:00 horas); y eliminar filtros de belleza y ocultar recuentos de “Me gusta”.  

Revisé la demanda original. Contiene un apartado que se denomina “Contenido agregado sensible”. Me pareció clave porque obliga a Meta a eliminar de las pantallas de los menores cualquier contenido que promueva: “logros de peso y condición física personal, los físicos hipermusculares, la promoción o representación de procedimientos estéticos no invasivos para maximizar el atractivo físico, la representación de ciertas partes del cuerpo comúnmente asociadas con la idealización corporal”.

El scroll infinito y el diseño adictivo de las redes sociales a partir del algoritmo se relacionan con trastornos de ansiedad, depresión, dismorfia corporal, la pérdida de concentración y cansancio crónico que afecta a menores.

El acuerdo golpea directamente en el corazón del modelo de negocio de las redes basado en la interacción para la publicidad, por eso esta es apenas una batalla de una guerra que tendrá más capítulos. Pero es un primer triunfo para proteger a los más vulnerables. Y una advertencia para que, como adultos, repensemos nuestra propia relación con la tecnología al comprender a cabalidad los riesgos de una adicción al juego en una máquina tragamonedas, un cigarrillo o Instagram.

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